Un mensajero que trae buenas noticias
La imagen de fondo es sencilla: un corredor llega a la ciudad con noticias de la batalla. En Isaías, el mensajero sube a un monte alto y grita a las ciudades de Judá: «¡Ved aquí al Dios vuestro!» Isaías 40:9. Y más adelante: «¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz… del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!» Isaías 52:7. La buena noticia es que Dios vuelve a reinar y a liberar a su pueblo del exilio.
Isaías 61 lleva la idea a otro nivel: un ungido por el Espíritu es enviado «a predicar buenas nuevas a los abatidos», a vendar a los quebrantados, a proclamar libertad a los cautivos Isaías 61:1.
Jesús anuncia el evangelio
Los evangelios presentan a Jesús como ese mensajero. En la sinagoga de Nazaret lee precisamente Isaías 61 y dice: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros» Lucas 4:18-21. Marcos resume su predicación con dos palabras clave: «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio» Marcos 1:14-15. El evangelio, en boca de Jesús, es la noticia de que Dios empieza a reinar.
El evangelio sobre Jesús
Después de la Pascua, el contenido de la buena noticia pasa a ser el propio Jesús. Pablo lo resume en una fórmula que dice haber recibido: «que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día» 1 Corintios 15:1-4. Ese evangelio es «poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego» Romanos 1:16. Y no admite versiones alternativas: «si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio… sea anatema» Gálatas 1:6-9.
De noticia a libro
Marcos abre su obra con «Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios» Marcos 1:1. Ahí «evangelio» todavía significa el anuncio, no un libro. Solo en el siglo II se empieza a llamar «evangelios» a los escritos que cuentan la vida de Jesús, y a sus autores, «evangelistas». Los cuatro libros del Nuevo Testamento llevan títulos añadidos más tarde: «Evangelio según Mateo», «según Marcos»…, que expresan la idea de un único evangelio contado por cuatro.