Cómo era el velo del tabernáculo
Éxodo 26:31-33 Leer esta escena aparte →El tabernáculo tenía varias cortinas, y el hebreo las distingue. La del patio y la de la entrada de la tienda se llaman masak, «cortina, pantalla» Éxodo 26:36. La del interior tiene un nombre propio: פָּרֹכֶת paróket, que las Biblias en español traducen «velo». Su etimología es incierta; suele relacionarse con una raíz acadia vinculada a «cerrar» o «separar».
Las instrucciones la describen así: un tejido de azul, púrpura, carmesí y lino torcido, con querubines hechos de obra primorosa Éxodo 26:31, colgado con ganchos de oro sobre cuatro columnas de acacia cubiertas de oro, asentadas en basas de plata Éxodo 26:32. Se colgaba debajo de los corchetes que unían las cortinas del techo, y detrás de él se metía el arca: el velo hacía separación entre el lugar santo y el santísimo Éxodo 26:33. Bezaleel lo fabricó según esas instrucciones Éxodo 36:35-36, y Moisés, al montar el tabernáculo, metió el arca y puso el velo para cubrirla Éxodo 40:21.
Obra de arte
El velo cubría el arca cuando Israel se ponía en marcha
Números 4:5-6 Leer esta escena aparte →El velo tenía una segunda función que no se ve en el santuario montado. Cuando el campamento se ponía en marcha, Aarón y sus hijos entraban, descolgaban el velo y cubrían con él el arca; encima ponían una cubierta de pieles y un paño todo de azul Números 4:5-6. Solo después podían acercarse los coatitas a cargarla, sin verla ni tocarla Números 4:15.
El arca nunca quedaba a la vista: en el santuario, el velo la ocultaba de pie; en el camino, envuelta.
El sumo sacerdote tras el velo en el día de la Expiación
Levítico 16:2-15 Leer esta escena aparte →La regla es clara: Aarón no puede entrar en todo tiempo en el santuario, «detrás del velo», delante del propiciatorio, para que no muera Levítico 16:2. Solo entraba en el día de la Expiación. Tomaba brasas del altar y dos puños de incienso, pasaba el velo y ponía el incienso sobre el fuego, para que la nube cubriera el propiciatorio; después rociaba con el dedo la sangre del becerro y del macho cabrío sobre el propiciatorio y delante de él Levítico 16:12-15.
El resto del año, el velo marcaba el límite del servicio sacerdotal. En algunos sacrificios por el pecado, el sacerdote mojaba el dedo en la sangre y la rociaba siete veces delante de Jehová, «hacia el velo del santuario» Levítico 4:6: tan cerca como se podía llegar sin cruzarlo. Y un sacerdote con un defecto físico no podía acercarse al velo ni al altar Levítico 21:23.
El velo en el templo de Salomón y en el de Herodes
2 Crónicas 3:14 Leer esta escena aparte →El templo de Salomón repitió la estructura. Crónicas describe un velo de los mismos colores y con querubines 2 Crónicas 3:14; Reyes, en cambio, describe a la entrada del santísimo unas puertas de madera de olivo talladas y cubiertas de oro 1 Reyes 6:31-32. El templo reconstruido tras el exilio y agrandado por Herodes tuvo también su velo, y es el que mencionan los evangelios.
El velo del templo se rasgó al morir Jesús
Marcos 15:37-38 Leer esta escena aparte →Los tres primeros evangelios incluyen un detalle en el relato de la muerte de Jesús. Marcos lo cuenta con sobriedad: Jesús da una gran voz y expira, y el velo del templo se rasga en dos, de arriba abajo Marcos 15:37-38. Inmediatamente después, el centurión que estaba frente a él dice: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» Marcos 15:39.
Mateo añade que la tierra tembló, las rocas se partieron y se abrieron sepulcros Mateo 27:50-53. Lucas sitúa el rasgado antes de la muerte, junto al oscurecimiento del sol, y después pone en boca de Jesús: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» Lucas 23:44-46.
«De arriba abajo» es un detalle que Marcos y Mateo comparten. Ninguno de los dos lo explica.
Obra de arte
El velo en la carta a los Hebreos
Hebreos 10:19-20 Leer esta escena aparte →La carta a los Hebreos convierte el velo en una de sus imágenes centrales. Describe la tienda del desierto con su primera sala y, «tras el segundo velo», la parte llamada lugar santísimo Hebreos 9:3; recuerda que en ella solo entraba el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, y concluye que mientras la primera parte seguía en pie, el camino al santuario no estaba abierto Hebreos 9:6-8.
La esperanza, dice, es un ancla que «penetra hasta dentro del velo», donde Jesús entró como precursor Hebreos 6:19-20. Y los creyentes tienen libertad para entrar en el lugar santísimo «por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne» Hebreos 10:19-20.