Las naciones, vistas desde Israel
Goy es una palabra común: significa «nación». Dios promete a Abraham hacer de él «una nación grande», un goy Génesis 12:2. Pero en plural, goyim, la palabra se especializa: son las naciones fuera del pacto, con sus dioses y sus costumbres. Israel, en cambio, se llama a sí mismo am, «pueblo», con matiz de parentesco.
Esa distinción tiene dos caras en el Antiguo Testamento, y el lector encuentra las dos.
Separación. Deuteronomio manda a Israel no emparentar con los pueblos de Canaán ni imitar sus cultos, porque es un pueblo santo, apartado Deuteronomio 7:1-6. Las naciones son, a menudo, fuente de idolatría y de amenaza.
Horizonte. Al mismo tiempo, la promesa a Abraham termina con «serán benditas en ti todas las familias de la tierra» Génesis 12:3, y los profetas imaginan a las naciones subiendo a Jerusalén a aprender los caminos de Dios Isaías 2:2-3. El siervo de Jehová no solo restaurará a Israel: será «luz de las naciones» para que la salvación llegue «hasta lo postrero de la tierra» Isaías 49:6. Y el relato guarda figuras de extranjeros incorporados al pueblo, como Rut la moabita o Rahab la cananea.
La gran cuestión de la iglesia primitiva
Los primeros seguidores de Jesús eran judíos, y durante un tiempo predicaron solo a judíos. El paso decisivo lo da Pedro en Cesarea: tras una visión que le enseña a no llamar impuro a ningún hombre, entra en casa del centurión romano Cornelio; mientras habla, el Espíritu Santo cae sobre los oyentes gentiles, y los creyentes judíos que lo acompañan se asombran Hechos 10:44-48.
En Antioquía de Pisidia, ante el rechazo de la sinagoga, Pablo y Bernabé declaran: «nos volvemos a los gentiles», y citan precisamente Isaías 49:6 Hechos 13:46-48. El éxito de esa misión plantea la pregunta: ¿tenían que circuncidarse y guardar la ley de Moisés los creyentes gentiles? La reunión de Jerusalén responde que no, pidiendo solo que se abstuvieran de algunas prácticas que chocaban especialmente con la sensibilidad judía Hechos 15:19-20.
«Al judío primeramente, y también al griego»
Pablo hace de la cuestión el centro de su teología. El evangelio es poder de Dios para salvación «al judío primeramente, y también al griego» Romanos 1:16. A los efesios, que eran gentiles, les recuerda que antes estaban «alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa», y que Cristo derribó «la pared intermedia de separación» Efesios 2:11-14. En Romanos compara a los gentiles con ramas de olivo silvestre injertadas en el olivo de Israel, y advierte que no se jacten contra las ramas naturales Romanos 11:17-18.