La anunciación a María y el nacimiento de Jesús en Belén
Lucas 1:26—2:40 Leer esta escena aparte →Judea vive bajo el rey Herodes, un aliado de Roma, y Galilea es una región de aldeas campesinas. En una de ellas, Nazaret, el ángel Gabriel se presenta a una joven, María, que estaba desposada con José, un hombre de la casa de David Lucas 1:26-27. Le anuncia que concebirá un hijo al que llamará Jesús, que será llamado Hijo del Altísimo y que Dios le dará el trono de David su padre Lucas 1:31-33. María pregunta cómo será eso, si no conoce varón; el ángel responde que el Espíritu Santo vendrá sobre ella, y ella acepta: «hágase conmigo conforme a tu palabra» Lucas 1:34-38.
Mateo cuenta lo mismo desde José. Al saber que María espera un hijo antes de vivir juntos, José, que era justo, decide dejarla en secreto para no exponerla; un ángel le dice en sueños que el niño viene del Espíritu Santo y que le ponga por nombre Jesús, «porque él salvará a su pueblo de sus pecados» Mateo 1:18-21. Mateo añade que así se cumplió lo dicho por Isaías sobre la virgen que daría a luz un hijo llamado Emanuel Mateo 1:22-25.
Un edicto de César Augusto ordena empadronar a todo el imperio, y José sube con María desde Nazaret a Belén, la ciudad de David, porque era de su linaje. Allí nace Jesús, y su madre lo acuesta en un pesebre porque no había lugar para ellos en el mesón Lucas 2:1-7. Los primeros en saberlo son unos pastores que velaban de noche en el campo Lucas 2:8-20. A los ocho días lo circuncidan y, cumplidos los días de la purificación, lo presentan en el templo de Jerusalén, donde el anciano Simeón lo toma en brazos y anuncia que será luz para las naciones y señal de contradicción Lucas 2:21-35.
Los magos de Oriente, la huida a Egipto y la matanza de los inocentes
Mateo 2:1-23 Leer esta escena aparte →Unos magos llegan de Oriente a Jerusalén preguntando dónde ha nacido el rey de los judíos, porque han visto su estrella Mateo 2:1-2. Herodes se turba; los principales sacerdotes y escribas le responden con el profeta Miqueas: en Belén de Judea Mateo 2:3-6. Los magos encuentran al niño con María, se postran y le ofrecen oro, incienso y mirra, y avisados en sueños vuelven a su tierra por otro camino Mateo 2:9-12.
Un ángel avisa a José, y la familia huye de noche a Egipto. Mateo ve en ello la frase de Oseas, «de Egipto llamé a mi hijo» Mateo 2:13-15. Herodes, burlado, manda matar a todos los niños de Belén y sus alrededores de dos años abajo Mateo 2:16-18. Muerto Herodes, la familia vuelve, pero al saber que en Judea reina su hijo Arquelao se instala en Galilea, en Nazaret Mateo 2:19-23.
Jesús a los doce años en el templo de Jerusalén
Lucas 2:41-52 Leer esta escena aparte →De la infancia en Nazaret los evangelios cuentan un solo episodio. Cuando Jesús tiene doce años sube con sus padres a Jerusalén para la Pascua, como cada año, y al volver se queda sin que ellos lo sepan Lucas 2:41-44. Lo encuentran a los tres días en el templo, sentado entre los maestros, escuchándolos y preguntándoles. A la queja de su madre responde: «¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?» Lucas 2:46-49. Vuelve con ellos a Nazaret y les está sujeto, y crece «en sabiduría y en estatura» Lucas 2:51-52.
El bautismo de Jesús por Juan en el Jordán
Marcos 1:1-11 Leer esta escena aparte →Juan el Bautista, hijo del sacerdote Zacarías, aparece en el desierto predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados, y la gente de Judea y Jerusalén acude a hacerse bautizar en el Jordán Marcos 1:4-5. Anuncia a uno más poderoso que él, al que no es digno de desatar la correa del calzado Marcos 1:7-8. Lucas dice que Jesús tenía entonces unos treinta años Lucas 3:23.
Jesús llega de Nazaret y Juan lo bautiza. Mateo recoge la resistencia de Juan —«yo necesito ser bautizado por ti»— y la respuesta de Jesús: conviene cumplir toda justicia Mateo 3:13-15. Al salir del agua ve abrirse los cielos y al Espíritu descender sobre él como paloma, y se oye una voz: «Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia» Marcos 1:9-11. En el evangelio de Juan, el Bautista lo señala ante sus discípulos: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» Juan 1:29-34.
Las tentaciones de Jesús en el desierto
Mateo 4:1-11 Leer esta escena aparte →Inmediatamente después, el Espíritu lleva a Jesús al desierto, donde ayuna cuarenta días y cuarenta noches Mateo 4:1-2. El tentador le propone tres cosas: convertir las piedras en pan, lanzarse desde el pináculo del templo para que los ángeles lo sostengan y recibir todos los reinos del mundo si lo adora. Jesús responde cada vez con una frase del Deuteronomio: no solo de pan vivirá el hombre; no tentarás al Señor tu Dios; al Señor tu Dios adorarás Mateo 4:3-10 Deuteronomio 8:3. Marcos solo dice que estaba con las fieras y que los ángeles le servían Marcos 1:12-13.
Los primeros discípulos y las bodas de Caná
Juan 1:35—2:11 Leer esta escena aparte →Dos discípulos del Bautista oyen a su maestro llamar a Jesús «Cordero de Dios» y lo siguen. Uno de ellos es Andrés, que busca a su hermano Simón y le dice: «Hemos hallado al Mesías». Jesús mira a Simón y le da un nombre nuevo, Cefas, que quiere decir Pedro, «piedra» Juan 1:35-42. Al día siguiente llama a Felipe, y Felipe a Natanael Juan 1:43-49.
Tres días después hay una boda en Caná de Galilea, y se acaba el vino. María se lo dice a Jesús y avisa a los sirvientes: «Haced todo lo que os dijere». Jesús manda llenar de agua seis tinajas de piedra, de las que se usaban para la purificación de los judíos, y el encargado del banquete prueba un vino mejor que el primero Juan 2:1-10. Juan lo llama el principio de sus señales: así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él Juan 2:11.
Jesús en la sinagoga de Nazaret: «Hoy se ha cumplido esta Escritura»
Lucas 4:14-30 Leer esta escena aparte →De vuelta en Galilea, Jesús enseña en las sinagogas, y en Nazaret, en sábado, le dan el rollo del profeta Isaías. Lee el pasaje del ungido por el Espíritu para anunciar buenas nuevas a los pobres, libertad a los cautivos y vista a los ciegos, enrolla el libro y dice: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros» Lucas 4:16-21.
La admiración inicial —«¿No es este el hijo de José?»— se vuelve furia cuando Jesús recuerda que Elías fue enviado a una viuda de Sarepta y Eliseo curó a Naamán el sirio, dos extranjeros. Lo sacan del pueblo para despeñarlo, y él pasa por en medio de ellos y se va Lucas 4:22-30. Marcos cuenta otra visita a su tierra en la que no puede hacer allí muchos milagros por la incredulidad de sus paisanos, y en la que Jesús dice que no hay profeta sin honra sino en su propia tierra Marcos 6:1-6.
Jesús en Capernaum: los pescadores, la sinagoga y el paralítico
Marcos 1:14—3:19 Leer esta escena aparte →Tras el arresto de Juan, Jesús se instala en Capernaum, junto al mar de Galilea, y empieza a predicar: «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio» Marcos 1:14-15. Mateo ve en ese traslado el cumplimiento de Isaías sobre la Galilea de los gentiles, el pueblo que andaba en tinieblas y vio gran luz Mateo 4:12-16. Junto al lago llama a dos parejas de hermanos pescadores, Simón y Andrés, Santiago y Juan, que dejan las redes y lo siguen Marcos 1:16-20.
En la sinagoga de Capernaum la gente se admira porque enseña «como quien tiene autoridad, y no como los escribas», y expulsa a un espíritu inmundo Marcos 1:21-28. Cura a la suegra de Simón y, al anochecer, le traen a todos los enfermos de la ciudad Marcos 1:29-34. Cuando cuatro hombres bajan a un paralítico por el techo, Jesús le dice primero que sus pecados le son perdonados, y los escribas lo acusan de blasfemar, porque solo Dios perdona pecados; Jesús lo cura «para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados» Marcos 2:1-12.
Llama a un recaudador de impuestos, Leví, y come en su casa con publicanos y pecadores, y responde a los escribas y fariseos que no ha venido a llamar a justos, sino a pecadores Marcos 2:13-17. Después sube al monte y elige a doce para que estén con él y para enviarlos a predicar Marcos 3:13-19.
Jesús y la samaritana en el pozo de Jacob
Juan 4:1-42 Leer esta escena aparte →Camino de Judea a Galilea, Jesús atraviesa Samaria y se sienta, cansado, junto al pozo de Jacob, cerca de Sicar, hacia el mediodía. Llega una mujer samaritana a sacar agua y él le pide de beber; ella se extraña, porque los judíos no se tratan con los samaritanos Juan 4:3-9. La conversación pasa del agua del pozo al «agua viva» que salta para vida eterna Juan 4:10-14, y de su vida —ha tenido cinco maridos— a la cuestión que dividía a los dos pueblos: si se debe adorar en el monte Gerizim o en Jerusalén. Jesús responde que llega la hora en que se adorará al Padre «en espíritu y en verdad» Juan 4:16-24.
La mujer dice que sabe que ha de venir el Mesías, y Jesús responde: «Yo soy, el que habla contigo» Juan 4:25-26. Es la primera vez en Juan que se declara Mesías, y lo hace ante una mujer y samaritana. Ella vuelve al pueblo, y muchos samaritanos creen y le piden que se quede con ellos Juan 4:28-42. Ver los samaritanos y Sicar.
Los milagros de Jesús en Galilea: la tempestad, el endemoniado y la hija de Jairo
Marcos 4:35—5:43 Leer esta escena aparte →Marcos agrupa varios milagros seguidos que muestran el alcance de su autoridad. Al cruzar el lago de noche se levanta una tempestad; Jesús duerme en la popa, lo despiertan y él increpa al viento y al mar, y los discípulos se preguntan quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen Marcos 4:35-41. En la orilla oriental, tierra de gentiles, libera a un endemoniado que vivía entre los sepulcros, y los demonios entran en un hato de cerdos que se precipita al mar Marcos 5:1-20.
De vuelta, Jairo, jefe de la sinagoga, le ruega por su hija moribunda. En el camino, una mujer que llevaba doce años con flujo de sangre le toca el manto y queda sana; Jesús le dice «tu fe te ha hecho salva». Al llegar, la niña ha muerto; Jesús la toma de la mano y le dice en arameo «Talita cumi», y la niña se levanta Marcos 5:21-43. Lucas cuenta además cómo resucita al hijo único de una viuda en Naín Lucas 7:11-17.
Cuando Juan el Bautista, desde la cárcel, manda a preguntar si él es el que había de venir, Jesús responde con lo que hace, en palabras de Isaías: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el evangelio Mateo 11:2-6 Isaías 35:5-6.
Las parábolas de Jesús: el sembrador, el buen samaritano y el hijo pródigo
Marcos 4:1-34 Leer esta escena aparte →Jesús enseña sobre todo con parábolas, comparaciones tomadas de la vida diaria del campo y de la casa Marcos 4:33-34. Un sembrador siembra y la semilla cae en el camino, entre piedras, entre espinos y en buena tierra, que da fruto a treinta, a sesenta y a ciento por uno Marcos 4:3-9. El reino es como un grano de mostaza, la más pequeña de las semillas, que crece hasta hacerse la mayor de las hortalizas Marcos 4:30-32.
A un intérprete de la ley que le pregunta quién es su prójimo le responde con la historia de un hombre asaltado en el camino de Jerusalén a Jericó: un sacerdote y un levita pasan de largo, y un samaritano lo cuida Lucas 10:25-37. A los fariseos que murmuran porque recibe a pecadores les cuenta tres parábolas de lo perdido: la oveja, la moneda y el hijo que malgasta la herencia y al que su padre recibe con una fiesta, mientras el hermano mayor se niega a entrar Lucas 15:1-32.
La multiplicación de los panes y los peces
Marcos 6:30-52 Leer esta escena aparte →En un lugar desierto cerca del lago, una multitud lo sigue, y Jesús tiene compasión de ellos «porque eran como ovejas que no tenían pastor». Con cinco panes y dos peces da de comer a cinco mil hombres, y recogen doce cestas de sobras Marcos 6:34-44. Es el único milagro que cuentan los cuatro evangelios. Esa misma noche, los discípulos lo ven caminar sobre el mar Marcos 6:45-52.
Juan añade dos cosas. La gente quiere apoderarse de él para hacerlo rey, y Jesús se retira solo al monte Juan 6:14-15. Al día siguiente, en la sinagoga de Capernaum, se presenta como «el pan de vida» bajado del cielo, mejor que el maná del desierto Juan 6:32-35. Muchos discípulos se escandalizan y lo dejan, y Pedro responde por los doce: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» Juan 6:66-69.
La confesión de Pedro en Cesarea de Filipo y la transfiguración
Mateo 16:13—17:9 Leer esta escena aparte →En la región de Cesarea de Filipo, al pie del Hermón, Jesús pregunta a sus discípulos quién dice la gente que es el Hijo del Hombre. Unos dicen que Juan el Bautista; otros, Elías, Jeremías o uno de los profetas. Simón Pedro responde: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente», y Jesús le dice que sobre esta roca edificará su iglesia Mateo 16:13-19. Les manda no decirlo a nadie Mateo 16:20.
Desde entonces empieza a anunciarles que tiene que ir a Jerusalén, padecer, morir y resucitar al tercer día. Pedro lo reprende, y Jesús lo rechaza con dureza: «¡Quítate de delante de mí, Satanás!», porque piensa como los hombres Mateo 16:21-23. Quien quiera seguirlo debe negarse a sí mismo y tomar su cruz Mateo 16:24-25.
Seis días después sube a un monte alto con Pedro, Santiago y Juan, y se transfigura ante ellos: su rostro resplandece como el sol, y aparecen Moisés y Elías hablando con él. Una nube los cubre y una voz repite la del bautismo, añadiendo «a él oíd» Mateo 17:1-8. Lucas precisa de qué hablaban: de la partida que Jesús iba a cumplir en Jerusalén Lucas 9:30-31.
La resurrección de Lázaro en Betania
Juan 11:1-53 Leer esta escena aparte →En Betania, a unos tres kilómetros de Jerusalén, vivían Marta, María y su hermano Lázaro, amigos de Jesús. Lázaro enferma y, cuando Jesús llega, lleva cuatro días en el sepulcro Juan 11:1-17. Marta sale a recibirlo, y Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» Juan 11:20-27. Ante el sepulcro, Jesús llora Juan 11:33-35. Manda quitar la piedra, ora y grita: «¡Lázaro, ven fuera!», y el muerto sale atado con las vendas Juan 11:38-44.
En Juan, esta señal precipita el final. Los principales sacerdotes y los fariseos reúnen el concilio, temiendo que todos crean en él y que los romanos destruyan el lugar santo y la nación, y Caifás, sumo sacerdote aquel año, dice que conviene que un hombre muera por el pueblo. Desde ese día deciden matarlo Juan 11:45-53.
La entrada triunfal en Jerusalén y la expulsión de los mercaderes del templo
Marcos 11:1—12:44 Leer esta escena aparte →Para la Pascua, Jesús sube a Jerusalén pasando por Jericó, donde cura al ciego Bartimeo, que lo llama «Hijo de David» Marcos 10:46-52. Desde el monte de los Olivos manda traer un pollino y entra montado en él, mientras la gente tiende mantos y ramas en el camino y grita «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!» Marcos 11:1-10 Salmos 118:25-26. Mateo y Juan ven cumplida la profecía de Zacarías sobre el rey que llega humilde, montado en un asno Mateo 21:4-5.
Al día siguiente entra en el templo y echa a los que venden y compran, vuelca las mesas de los cambistas y dice que la casa de Dios debía ser casa de oración para todas las naciones, y ellos la han hecho cueva de ladrones Marcos 11:15-17 Isaías 56:7 Jeremías 7:11. Los principales sacerdotes y los escribas buscan desde entonces cómo matarlo Marcos 11:18.
Esos días discute en el templo con todos los grupos. A los fariseos y herodianos que le preguntan si es lícito pagar tributo al César les pide una moneda: «Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios» Marcos 12:13-17. A un escriba que le pregunta por el primer mandamiento le responde con dos textos de la ley: amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo Marcos 12:28-31 Deuteronomio 6:4-5 Levítico 19:18.
La última cena de Jesús con los doce
Marcos 14:12-31 Leer esta escena aparte →El primer día de los panes sin levadura, Jesús envía a dos discípulos a preparar la Pascua en una sala de Jerusalén Marcos 14:12-16. Durante la cena anuncia que uno de los que comen con él lo va a entregar Marcos 14:17-21. Toma pan, lo bendice, lo parte y se lo da: «Tomad, esto es mi cuerpo»; toma la copa y dice: «Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada» Marcos 14:22-24. Lucas y Pablo añaden el mandato «haced esto en memoria de mí» Lucas 22:19-20 1 Corintios 11:23-26.
Juan no cuenta el pan y la copa, sino otro gesto: Jesús se quita el manto y lava los pies a sus discípulos, el trabajo de un esclavo, y les dice que hagan lo mismo unos con otros Juan 13:1-15. Les da un mandamiento nuevo, que se amen como él los ha amado Juan 13:34-35. Camino del monte de los Olivos les anuncia que todos se escandalizarán de él, y a Pedro, que lo negará tres veces antes de que el gallo cante dos veces Marcos 14:26-31.
Getsemaní: la oración de Jesús y su arresto
Marcos 14:32-52 Leer esta escena aparte →En un huerto llamado Getsemaní, al pie del monte de los Olivos, Jesús se aparta con Pedro, Santiago y Juan y les dice que su alma está muy triste, hasta la muerte. Se postra y ora llamando a Dios «Abba, Padre»: que aparte de él esa copa, pero «no lo que yo quiero, sino lo que tú». Tres veces vuelve y los encuentra dormidos Marcos 14:32-41.
Llega Judas con una tropa armada enviada por los principales sacerdotes y lo señala con un beso Marcos 14:43-46. Uno de los presentes hiere con la espada al siervo del sumo sacerdote; Juan dice que fue Pedro y que el siervo se llamaba Malco Juan 18:10-11. Todos los discípulos lo abandonan y huyen Marcos 14:50.
El juicio de Jesús ante el sanedrín y ante Poncio Pilato
Marcos 14:53—15:15 Leer esta escena aparte →Lo llevan de noche ante el sumo sacerdote, donde se reúne el sanedrín. Varios testigos falsos lo acusan sin ponerse de acuerdo Marcos 14:53-59. El sumo sacerdote le pregunta: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?». Jesús responde: «Yo soy», y añade que verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo. El sumo sacerdote rasga sus vestidos, y todos lo condenan por blasfemia Marcos 14:60-64. En el patio, Pedro niega tres veces conocerlo, y llora al oír el gallo Marcos 14:66-72.
Al amanecer lo entregan a Pilato, el gobernador romano, el único que podía ejecutar Juan 18:31. La acusación ante él ya no es religiosa sino política: pretende ser rey. A la pregunta «¿Eres tú el Rey de los judíos?», Jesús responde «Tú lo dices» Marcos 15:1-5, y en Juan añade: «Mi reino no es de este mundo» Juan 18:33-38. Lucas cuenta que Pilato lo envió a Herodes Antipas, que lo despreció y se lo devolvió Lucas 23:6-12. Pilato ofrece soltar a un preso por la fiesta; la multitud, instigada por los sacerdotes, pide a Barrabás, y grita que crucifiquen a Jesús. Pilato lo manda azotar y lo entrega Marcos 15:6-15.
La crucifixión y muerte de Jesús en el Gólgota
Marcos 15:16-47 Leer esta escena aparte →Los soldados lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas y se burlan de él como rey Marcos 15:16-20. Obligan a un hombre de Cirene, Simón, a llevar su cruz, y lo conducen al Gólgota, «lugar de la Calavera», fuera de la ciudad Marcos 15:21-22. Lo crucifican a la hora tercera, entre dos ladrones, con un letrero que dice la causa: «El Rey de los Judíos» Marcos 15:25-27. Los que pasan, los sacerdotes y hasta los crucificados con él se burlan: salvó a otros y a sí mismo no se puede salvar Marcos 15:29-32.
Desde la hora sexta hasta la novena hay tinieblas sobre la tierra. Jesús grita en arameo «Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?», «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?», las primeras palabras del salmo 22, y muere con un gran grito. El velo del templo se rasga de arriba abajo, y el centurión que lo vigila dice: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» Marcos 15:33-39 Salmos 22:1. Unas mujeres miran de lejos, entre ellas María Magdalena Marcos 15:40-41. Juan sitúa al pie de la cruz a su madre y al discípulo amado, y cuenta que un soldado le abrió el costado con una lanza Juan 19:25-27 Juan 19:33-34.
Esa tarde, víspera del sábado, José de Arimatea, un miembro del concilio, pide el cuerpo a Pilato, lo envuelve en una sábana y lo pone en un sepulcro cavado en la roca, que cierra con una piedra Marcos 15:42-46. Juan añade que Nicodemo llevó cien libras de mirra y áloes Juan 19:38-42.
La resurrección de Jesús: el sepulcro vacío y las apariciones
Marcos 16:1-8 Leer esta escena aparte →Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena, María la madre de Jacobo y Salomé van al sepulcro con especias para ungir el cuerpo. Encuentran la piedra removida y, dentro, un joven vestido de blanco que les dice: «Buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí». Ellas huyen temblando y no dicen nada a nadie, porque tenían miedo Marcos 16:1-8.
Jesús resucitó al tercer día y se apareció vivo a sus discípulos 1 Corintios 15:4-5. Se aparece a María Magdalena junto al sepulcro, y ella lo reconoce cuando la llama por su nombre Juan 20:11-18. Dos discípulos que van a Emaús caminan con él sin reconocerlo; él les explica en todas las Escrituras, empezando por Moisés y los profetas, lo que se refería a él, y lo reconocen al partir el pan Lucas 24:13-35. Esa noche se presenta a los discípulos reunidos, les muestra las manos y los pies y come delante de ellos Lucas 24:36-43. Ocho días después, Tomás, que no creía, lo ve y dice: «¡Señor mío, y Dios mío!» Juan 20:24-29. Junto al mar de Tiberias, Jesús pregunta tres veces a Pedro si lo ama Juan 21:15-17.
En un monte de Galilea, Jesús envía a los once a hacer discípulos de todas las naciones, bautizándolos y enseñándoles, y les promete estar con ellos todos los días hasta el fin del mundo Mateo 28:16-20. Unos veinte años después, Pablo transmite a los corintios una lista de testigos que él mismo había recibido: Cefas, los doce, más de quinientos hermanos a la vez, Santiago, todos los apóstoles y, por último, él mismo 1 Corintios 15:3-8. Para Pablo todo depende de ese hecho: si Cristo no resucitó, la fe de los creyentes es vana 1 Corintios 15:14-17.
La ascensión de Jesús en el monte de los Olivos
Hechos 1:1-12 Leer esta escena aparte →Lucas abre el libro de los Hechos donde terminó su evangelio. Durante cuarenta días Jesús se aparece a los apóstoles y les habla del reino de Dios Hechos 1:3. Ellos le preguntan si va a restaurar ahora el reino de Israel, y él responde que no les toca saber los tiempos, pero que recibirán poder cuando venga sobre ellos el Espíritu Santo y serán sus testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra Hechos 1:6-8. Dicho esto, es alzado y una nube lo oculta. Dos varones vestidos de blanco anuncian que vendrá de la misma manera que lo han visto irse Hechos 1:9-11. Los discípulos vuelven a Jerusalén desde el monte de los Olivos Hechos 1:12.
Las profecías del Antiguo Testamento y cómo las lee el Nuevo
El Nuevo Testamento no presenta a Jesús como una novedad sin raíces, sino como el cumplimiento de lo que las Escrituras de Israel esperaban. Lucas pone esa lectura en boca del propio Jesús resucitado: era necesario que se cumpliera todo lo que estaba escrito de él «en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos» Lucas 24:44-47. En Juan dice a sus adversarios que las Escrituras «dan testimonio de mí» Juan 5:39, y Pedro escribe que los profetas indagaron qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos 1 Pedro 1:10-11. La lista de profecías de esta ficha recoge los textos principales; no todos funcionan del mismo modo.
Promesas que ya se leían como mesiánicas. Algunos textos alimentaban la esperanza judía de un rey futuro antes de Jesús: la promesa a David de un descendiente con un trono eterno 2 Samuel 7:12-16, el retoño que saldrá del tronco de Isaí Isaías 11:1-5, el niño cuyo nombre será «Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz» y que se sentará en el trono de David Isaías 9:6-7, el gobernante que saldrá de Belén Miqueas 5:2. Mateo muestra que esa lectura era común: los escribas de Herodes saben sin dudar dónde ha de nacer el Mesías Mateo 2:4-6.
El siervo que sufre. El hallazgo más sorprendente para los primeros cristianos fue un Mesías que moría. Lo encontraron en el cuarto canto del siervo de Isaías: el despreciado, herido por nuestras rebeliones, llevado como cordero al matadero, que carga con el pecado de muchos Isaías 53:3-12, y en los salmos del justo perseguido, sobre todo el 22, cuyo primer verso grita Jesús en la cruz Salmos 22:1 Salmos 22:16-18. Jesús mismo, según Lucas, se aplica Isaías 53 antes del arresto: «y fue contado con los inicuos» Lucas 22:37.
Lecturas tipológicas. Otros textos no eran predicciones en su contexto. «De Egipto llamé a mi hijo» habla en Oseas del éxodo de Israel Oseas 11:1; el llanto de Raquel por sus hijos, en Jeremías, de los deportados a Babilonia Jeremías 31:15. Mateo los aplica a la infancia de Jesús porque ve en ella la historia de Israel recorrida de nuevo Mateo 2:15 Mateo 2:17-18. Es una manera de leer la Escritura habitual en el judaísmo de la época: el patrón de lo que Dios hizo con su pueblo se repite y se cumple en el Mesías.
Quién es Jesús: los títulos del Nuevo Testamento
Los evangelios no responden a la pregunta con una definición sino con títulos, cada uno con su historia en el Antiguo Testamento.
- Cristo, el Mesías. El ungido esperado, rey de la casa de David. Es la confesión de Pedro Marcos 8:29 y la acusación por la que muere Marcos 15:26. Ver Mesías.
- Hijo del Hombre. El título que Jesús usa para sí mismo con más frecuencia, a la vez para hablar de su autoridad, de su sufrimiento y de su venida gloriosa, con el trasfondo de Daniel 7 Marcos 8:31 Marcos 14:62. Ver Hijo del Hombre.
- Hijo de Dios. El título con que Marcos abre su evangelio y el que pronuncia el centurión al pie de la cruz Marcos 1:1 Marcos 15:39.
- Señor. El Kýrios con que la traducción griega del Antiguo Testamento traducía el nombre de Dios, aplicado a Jesús: ante su nombre se doblará toda rodilla Filipenses 2:9-11. Ver Jehová.
- El Verbo. Juan abre su evangelio presentándolo como la Palabra que estaba con Dios y era Dios, por la que todo fue hecho, y que «fue hecho carne, y habitó entre nosotros» Juan 1:1-14.
- «Yo soy». En Juan, Jesús habla de sí mismo con la fórmula «yo soy»: el pan de vida, la luz del mundo, el buen pastor, la resurrección, y en absoluto: «antes que Abraham fuese, yo soy» Juan 8:58, que evoca el nombre revelado a Moisés en la zarza Éxodo 3:14.
Un solo Dios manifestado en Jesús
El punto de partida es el mismo que el de Israel: Dios es uno Deuteronomio 6:4, fuera de él no hay otro Dios ni otro salvador Isaías 43:10-11 Isaías 45:5. El Nuevo Testamento no añade un segundo o un tercer Dios, sino que muestra a ese Dios único hecho visible: «Dios fue manifestado en carne» 1 Timoteo 3:16, «Dios estaba en Cristo» 2 Corintios 5:19, y en él «habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» Colosenses 2:9. Por eso Jesús puede decir a Felipe, que le pide ver al Padre, que quien lo ha visto a él ha visto al Padre Juan 14:8-9, y por eso Isaías llama al niño que había de nacer «Dios Fuerte, Padre Eterno» Isaías 9:6.
«Padre», «Hijo» y «Espíritu Santo» no nombran tres personas, sino al único Dios en su manera de revelarse: el Padre, Dios en su trascendencia, que es Espíritu Juan 4:24; el Hijo, Dios manifestado en una humanidad verdadera, nacida de María; el Espíritu, Dios mismo actuando en los creyentes. Las oraciones de Jesús al Padre, su cansancio o que no supiera el día ni la hora Marcos 13:32 pertenecen a esa humanidad real, no a una distinción de personas dentro de Dios. Y el «nombre» del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en singular, que manda Mateo Mateo 28:19, es el que los apóstoles invocan al bautizar: el de Jesucristo Hechos 2:38. Ver también Pedro y Jehová.
Su papel dentro de la Biblia
Jesús es el centro del Nuevo Testamento: los cuatro evangelios cuentan su vida, Hechos la expansión del anuncio sobre él, las cartas explican su significado y el Apocalipsis anuncia su venida. Su mensaje se resume en una frase: el reino de Dios se ha acercado Marcos 1:15. Pero el Nuevo Testamento lo presenta, sobre todo, como el punto en que culmina la historia de Israel: el descendiente de Abraham en quien serían benditas todas las naciones Gálatas 3:8 Gálatas 3:16, el hijo de David con trono eterno, el profeta como Moisés y el mediador del nuevo pacto anunciado por Jeremías Hebreos 8:6-13. La carta a los Hebreos lo dice al empezar: Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los profetas, y en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo Hebreos 1:1-3.
Cómo lo recuerda el resto del Nuevo Testamento
En la predicación de los apóstoles. En Pentecostés, Pedro resume la historia en pocas frases: Jesús de Nazaret, aprobado por Dios con milagros, entregado y crucificado, resucitado por Dios, a quien «Dios le ha hecho Señor y Cristo» Hechos 2:22-36. Es el núcleo de todos los discursos de Hechos.
En Pablo. Las cartas de Pablo son los textos cristianos más antiguos, anteriores a los evangelios. Casi no cuentan la vida de Jesús, pero conservan lo esencial: la cena de la noche en que fue entregado 1 Corintios 11:23-25, su muerte por nuestros pecados, su sepultura y su resurrección al tercer día «conforme a las Escrituras» 1 Corintios 15:3-4. En Filipenses cita lo que parece un himno anterior: el que, siendo en forma de Dios, se despojó a sí mismo, tomó forma de siervo y se humilló hasta la muerte de cruz Filipenses 2:5-11.
En Hebreos. Jesús es el sumo sacerdote que ofrece un único sacrificio, su propia vida, y entra de una vez para siempre en el santuario Hebreos 9:11-14. Por eso la carta lee el tabernáculo, el velo y el día de la expiación como sombras de lo que en él se cumple. Ver el tabernáculo y el velo.
En el Apocalipsis. Juan lo ve como «uno semejante al Hijo del Hombre», el que vive, que estuvo muerto y tiene las llaves de la muerte Apocalipsis 1:12-18, y como el Cordero inmolado que abre el libro sellado Apocalipsis 5:6-10. La Biblia termina con su promesa y la respuesta de la iglesia: «Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús» Apocalipsis 22:20.
Jesús en la historia: lo que dicen las fuentes externas
Otros con el mismo nombre
Yeshúa era un nombre frecuente en el siglo I, y el Nuevo Testamento conoce a otros. En el griego de Hechos 7:45 y Hebreos 4:8, Iēsoûs designa a Josué, el sucesor de Moisés, y la Reina-Valera lo traduce así: ver Josué. Pablo nombra a un colaborador, «Jesús, llamado Justo» Colosenses 4:11, y en Chipre se enfrenta a un mago llamado Barjesús, «hijo de Jesús» Hechos 13:6.