Los ingredientes del aceite de la unción
Éxodo 30:22-33 Leer esta escena aparte →Entre las instrucciones del santuario, Éxodo incluye una receta. Especias finas: mirra excelente, quinientos siclos; canela aromática, doscientos cincuenta; cálamo aromático, doscientos cincuenta; casia, quinientos; y un hin de aceite de oliva. Con todo ello se hace «el aceite de la santa unción», mezcla de perfumista Éxodo 30:23-25.
El aceite tenía un destino fijo: ungir el tabernáculo, el arca, la mesa, el candelabro, los dos altares y la fuente, y todos sus utensilios. Lo que se ungía quedaba «santísimo», y todo lo que lo tocara sería santificado. Con él se ungía también a Aarón y a sus hijos Éxodo 30:26-30.
Y tenía una prohibición tajante: no se derramará sobre el cuerpo de ningún hombre común, ni se hará otro con la misma fórmula; el que lo imite o lo ponga sobre un extraño será cortado de su pueblo Éxodo 30:31-33. Era santo por su uso, y su fórmula no se podía copiar.
Moisés unge el tabernáculo y a Aarón con el aceite santo
Levítico 8:10-12 Leer esta escena aparte →En la consagración de los sacerdotes, Moisés toma el aceite de la unción y unge el tabernáculo y todo lo que hay en él; rocía siete veces el altar y unge sus utensilios y la fuente. Después derrama el aceite sobre la cabeza de Aarón y lo unge para santificarlo Levítico 8:10-12. A los hijos de Aarón se les rocía al final con aceite y sangre Levítico 8:30.
La unción de Aarón quedó en la memoria como imagen de abundancia. Un salmo compara la armonía entre hermanos con «el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras» Salmos 133:1-2.
Obra de arte
La unción de los reyes: Saúl, David y Salomón
1 Samuel 16:1-13 Leer esta escena aparte →Con la monarquía, la unción sale del santuario. Samuel toma una redoma de aceite y la derrama sobre la cabeza de Saúl, lo besa y le dice que Jehová lo ha ungido como príncipe 1 Samuel 10:1. Años después, Dios lo envía a Belén con su cuerno lleno de aceite; tras descartar a los hijos mayores de Isaí, unge al menor, David, en medio de sus hermanos, «y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David» 1 Samuel 16:13. La unción y el Espíritu van juntos.
Obra de arte
Desde entonces, el rey es «el ungido de Jehová». David se niega a matar a Saúl cuando lo tiene a su merced en una cueva de En-gadi, precisamente por eso: «Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová» 1 Samuel 24:6.
El vínculo con el santuario se hace explícito en la sucesión de David. Para frustrar la maniobra de Adonías, el sacerdote Sadoc toma «el cuerno del aceite del tabernáculo» y unge a Salomón; tocan la trompeta y el pueblo grita «¡Viva el rey Salomón!» 1 Reyes 1:39. Más tarde, en el reino del norte, un discípulo de Eliseo unge a Jehú en secreto, en una habitación interior, y huye 2 Reyes 9:1-6.
Obra de arte
Qué significan Mesías y Cristo: «el ungido»
Isaías 61:1-3 Leer esta escena aparte →La palabra hebrea para «ungido» es מָשִׁיחַ mashíaj, de mashaj, «ungir». Se aplica al sumo sacerdote ungido Levítico 4:3 y, sobre todo, al rey. La traducción griega es christós. «Mesías» y «Cristo» significan lo mismo: el ungido.
Cuando Israel pierde a sus reyes, la esperanza de un rey futuro de la casa de David toma ese nombre. Isaías pone en boca de un personaje la frase que Jesús leerá en la sinagoga de Nazaret: «El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos» Isaías 61:1. Jesús la aplica a sí mismo: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros» Lucas 4:18-21. Y Pedro resume su vida diciendo que Dios lo ungió «con el Espíritu Santo y con poder» Hechos 10:38: en el Nuevo Testamento la unción de Jesús es del Espíritu, no de aceite. Ver Mesías.
La mujer que ungió a Jesús con perfume en Betania
Marcos 14:3-9 Leer esta escena aparte →Los evangelios cuentan que a Jesús lo ungió con perfume no un sacerdote ni un profeta, sino una mujer. En Betania, en casa de Simón el leproso, una mujer rompe un frasco de alabastro de perfume de nardo puro, de mucho precio, y se lo derrama sobre la cabeza. Algunos se indignan por el derroche: podía haberse vendido por más de trescientos denarios para los pobres. Jesús la defiende: «se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura», y anuncia que lo que ha hecho se contará en todo el mundo en memoria de ella Marcos 14:3-9.
Los evangelios lo cuentan de maneras distintas —quién era la mujer, si ungió la cabeza o los pies, cuándo ocurrió—, y el relato paralelo al final de esta ficha las muestra una junto a otra.
Obra de arte