Elías llama a Eliseo mientras ara: el manto sobre el labrador
1 Reyes 19:15-21 Leer esta escena aparte →En el Horeb, Dios encarga a Elías ungir a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, como profeta en su lugar 1 Reyes 19:15-16. Elías lo encuentra arando con doce yuntas de bueyes, él con la última, y al pasar le echa su manto encima. Eliseo corre tras él y le pide despedirse de su padre y de su madre; después mata la yunta, cuece la carne con la madera del arado, la reparte entre la gente y se va con Elías para servirle 1 Reyes 19:19-21.
Eliseo recibe el manto de Elías y la doble porción de su espíritu
2 Reyes 2:1-25 Leer esta escena aparte →En el último viaje de Elías, de Gilgal a Bet-el, de Bet-el a Jericó y de Jericó al Jordán, Eliseo se niega tres veces a quedarse atrás: «Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré» 2 Reyes 2:1-6. Al otro lado del río, Elías le pregunta qué quiere antes de ser quitado, y Eliseo pide una doble porción de su espíritu 2 Reyes 2:9-10. Ve el carro de fuego y a su maestro subir en el torbellino, recoge el manto, golpea las aguas del Jordán preguntando «¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?», y el río se abre. Los hijos de los profetas de Jericó lo reconocen: el espíritu de Elías reposa sobre Eliseo 2 Reyes 2:11-15.
Sus dos primeros actos marcan el tono de todo su ministerio. En Jericó, echa sal en el manantial de aguas malas y lo sana 2 Reyes 2:19-22. Camino de Bet-el, unos muchachos se burlan de él gritándole «¡Calvo, sube!»; él los maldice, y dos osas despedazan a cuarenta y dos 2 Reyes 2:23-24.
El aceite de la viuda y el hijo de la sunamita
2 Reyes 4:1-37 Leer esta escena aparte →La viuda de uno de los hijos de los profetas acude a Eliseo porque el acreedor viene a llevarse a sus dos hijos como esclavos. Solo le queda una vasija de aceite. Eliseo le manda pedir prestadas vasijas vacías a los vecinos y llenarlas, y el aceite no se acaba hasta que se llena la última; con él paga la deuda 2 Reyes 4:1-7.
En Sunem, una mujer rica invita al profeta a comer cada vez que pasa, y con su marido le prepara un pequeño cuarto en la azotea. Eliseo le anuncia que tendrá un hijo, aunque su marido es viejo, y lo tiene 2 Reyes 4:8-17. Años después, el niño se queja de la cabeza en el campo y muere en brazos de su madre. La madre lo acuesta en la cama del profeta, monta en un asna y va a buscar a Eliseo al monte Carmelo 2 Reyes 4:18-28. Eliseo sube al cuarto, ora, se tiende sobre el niño, y el niño estornuda siete veces y abre los ojos 2 Reyes 4:32-37. Ver Sunem.
Eliseo da de comer a cien hombres con veinte panes
2 Reyes 4:38-44 Leer esta escena aparte →En Gilgal hay hambre. Uno de los discípulos echa en la olla unas calabazas silvestres venenosas, y Eliseo la sana echando harina 2 Reyes 4:38-41. Un hombre trae al profeta veinte panes de cebada de las primicias, y Eliseo manda darlos a la gente. Su criado protesta: ¿cómo voy a poner esto delante de cien hombres? Comen, y sobra, conforme a la palabra de Jehová 2 Reyes 4:42-44.
Naamán el sirio curado de la lepra en el Jordán
2 Reyes 5:1-27 Leer esta escena aparte →Naamán, general del ejército del rey de Siria, es un hombre valiente y respetado, pero leproso. Una muchacha israelita, capturada en una incursión y criada de su mujer, le habla del profeta de Samaria 2 Reyes 5:1-3. El rey de Siria envía una carta al rey de Israel, que rasga sus vestidos creyendo que busca pretexto para una guerra; Eliseo le pide que le mande al general 2 Reyes 5:5-8.
Eliseo ni siquiera sale a recibirlo: le manda decir que se lave siete veces en el Jordán. Naamán se marcha furioso, porque esperaba un gesto solemne y los ríos de Damasco le parecen mejores, pero sus criados lo convencen; se sumerge siete veces y su carne queda como la de un niño 2 Reyes 5:9-14. Vuelve y confiesa que no hay Dios en toda la tierra sino en Israel, pide dos cargas de tierra para adorar a Jehová en su país y perdón por tener que acompañar a su rey al templo de Rimón 2 Reyes 5:15-19. Eliseo no acepta regalos; su criado Giezi los pide a escondidas y queda leproso 2 Reyes 5:20-27.
Jesús recuerda el episodio en Nazaret: había muchos leprosos en Israel en tiempos de Eliseo, y ninguno fue limpiado sino Naamán el sirio Lucas 4:27. Ver los arameos y el río Jordán.
Eliseo en Dotán: el ejército arameo y los carros de fuego
2 Reyes 6:8-23 Leer esta escena aparte →El rey de Siria descubre que cada plan que traza contra Israel lo conoce antes el rey de Israel, porque Eliseo se lo avisa. Sabe que el profeta está en Dotán y envía de noche caballos, carros y un gran ejército a rodear la ciudad 2 Reyes 6:8-14. Al amanecer, el criado de Eliseo ve la tropa y se asusta. Eliseo le responde: «No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos», y ora para que se le abran los ojos: el monte está lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo 2 Reyes 6:15-17.
Eliseo pide que el ejército quede ciego, lo conduce hasta Samaria y, cuando se les abren los ojos, convence al rey de Israel de no matarlos, sino de darles pan y agua y dejarlos volver. Las bandas armadas de Siria no vuelven a entrar en la tierra de Israel 2 Reyes 6:18-23. Ver Dotán.
El asedio de Samaria y los cuatro leprosos
2 Reyes 6:24—7:20 Leer esta escena aparte →Ben-adad sitia Samaria, y el hambre llega a tal extremo que una cabeza de asno se vende a precio de plata y dos madres pactan comerse a sus hijos. El rey rasga sus vestidos y jura matar a Eliseo 2 Reyes 6:24-31. El profeta anuncia que al día siguiente la harina y la cebada se venderán baratas a la puerta de Samaria 2 Reyes 7:1-2.
Esa noche, Dios hace oír en el campamento arameo un estruendo de carros y caballos, y los sirios huyen dejándolo todo. Lo descubren cuatro leprosos que estaban a la entrada de la ciudad y que, perdidos por perdidos, habían decidido pasarse al enemigo. Comen, esconden botín y, al final, se dicen que no hacen bien: «hoy es día de buena nueva», y van a avisar a la ciudad 2 Reyes 7:3-11. El pueblo saquea el campamento, y la palabra del profeta se cumple 2 Reyes 7:16. Ver Samaria.
Eliseo, Hazael y la unción de Jehú
2 Reyes 8:7—9:10 Leer esta escena aparte →Eliseo va a Damasco. Ben-adad, enfermo, le envía a su oficial Hazael con cuarenta camellos de regalos para preguntar si sanará. Eliseo responde con una frase doble: dile que sanará, pero Jehová me ha mostrado que morirá. Después fija la mirada en Hazael hasta avergonzarlo y llora: sabe el mal que hará a Israel, y le anuncia que será rey de Siria. Al día siguiente, Hazael ahoga a Ben-adad con un paño mojado y reina en su lugar 2 Reyes 8:7-15.
Poco después, Eliseo cumple el último de los encargos que Dios había dado a Elías en el Horeb 1 Reyes 19:15-16: envía a uno de los hijos de los profetas a Ramot de Galaad a ungir en secreto a Jehú, jefe del ejército, como rey de Israel, con la orden de acabar con la casa de Acab 2 Reyes 9:1-10. Ver Damasco.
Muerte de Eliseo: las flechas de Joás y los huesos que dan vida
2 Reyes 13:14-21 Leer esta escena aparte →Medio siglo después, Eliseo enferma de muerte. El rey Joás de Israel baja a verlo y llora sobre él con las mismas palabras que Eliseo había gritado a Elías: «¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!» 2 Reyes 13:14. El profeta le manda disparar una flecha por la ventana hacia el oriente —flecha de salvación contra Siria— y golpear la tierra con las flechas. Joás golpea tres veces y se detiene, y Eliseo se enoja: debías haber golpeado cinco o seis veces; ahora solo vencerás a Siria tres veces 2 Reyes 13:15-19.
Eliseo muere y lo sepultan. Tiempo después, cuando las bandas moabitas entraban en la tierra con el año nuevo, unos hombres que están enterrando a un muerto ven llegar una de ellas y arrojan el cadáver en el sepulcro de Eliseo; al tocar los huesos del profeta, el muerto revive y se pone en pie 2 Reyes 13:20-21.
Su papel dentro de la Biblia
Eliseo completa la obra de Elías 2 Reyes 2:15. Elías se enfrentó a Baal y desapareció; Eliseo se queda en medio del pueblo durante medio siglo, entre los reyes Joram, Jehú, Joacaz y Joás, y su ministerio combina los milagros cotidianos —el aceite, el pan, el agua, una herramienta perdida— con la intervención en la política de su tiempo. Con él, la figura del profeta rodeado de discípulos, los «hijos de los profetas», ocupa un lugar central.
Los paralelos entre Elías y Eliseo son deliberados: los dos abren el Jordán, multiplican el alimento de una viuda y devuelven la vida a un niño tendiéndose sobre él 1 Reyes 17:21-22 2 Reyes 4:34. La tradición judía posterior contó que Eliseo hizo el doble de milagros que su maestro, como eco de la doble porción; el texto no los cuenta.
Cómo lo recuerda el resto de la Biblia
La única mención fuera de los libros de los Reyes está en boca de Jesús, en la sinagoga de Nazaret: Eliseo curó a un extranjero, Naamán el sirio, y no a los muchos leprosos de Israel Lucas 4:27. Los milagros de Jesús —la resurrección del hijo de la viuda en Naín, junto a Sunem, la multiplicación de los panes, la curación de leprosos— evocan con frecuencia los de Eliseo Lucas 7:11-15.