El desierto de Judea empieza casi a las puertas de Jerusalén. Basta caminar unos kilómetros hacia el este desde la ciudad o desde Belén para que los campos y los olivos den paso a colinas peladas que bajan hacia el mar Muerto. Es una tierra dura, pero cercana: por eso fue a la vez escondite, pastizal y lugar de encuentro con Dios.
Ubicación y contexto geográfico
Los montes de Judá forman una cadena de norte a sur. Las nubes que llegan del Mediterráneo descargan la lluvia en su vertiente occidental; la oriental queda en «sombra de lluvia» y recibe muy poca. El resultado es una franja de unos 20 km de ancho en la que el terreno cae en pocos kilómetros desde unos 800 metros sobre el nivel del mar hasta los 400 por debajo, en la orilla del mar Muerto. Barrancos profundos, como el del torrente de Cedrón, la atraviesan en dirección al este.
No es un desierto de dunas. En invierno, tras las lluvias, crece hierba en las laderas, y los pastores de los pueblos del borde, como Tecoa, llevaban allí sus rebaños. El agua solo se encuentra en unas pocas fuentes, como la de En-gadi, y en cisternas. Las cuevas de la caliza ofrecían refugio a pastores y fugitivos.
La región la cruzaba el camino de Jerusalén a Jericó, que bajaba más de mil metros en unos 25 km por terreno solitario. Es el escenario de la parábola del buen samaritano: «Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones» Lucas 10:30.
Historia bíblica del lugar
Ciudades en el borde del desierto
En el reparto de la tierra, Josué asigna a Judá seis ciudades «en el desierto», hasta la Ciudad de la Sal y En-gadi Josué 15:61-62. En tiempos de los jueces, los descendientes del suegro de Moisés, los ceneos, suben con los de Judá «al desierto de Judá» y se quedan a vivir con ellos Jueces 1:16.
El refugio de David
Cuando Saúl persigue a David, este se esconde en el desierto, moviéndose de un lugar a otro: se queda en lugares fuertes, en un monte del desierto de Zif, y Saúl lo busca «todos los días» 1 Samuel 23:14-15. Lo persigue hasta el desierto de Maón 1 Samuel 23:24-25 y luego hasta En-gadi, donde David, escondido en una cueva, perdona la vida a Saúl 1 Samuel 24:1-2.
Un salmo se atribuye a ese tiempo, «cuando estaba en el desierto de Judá». El paisaje se vuelve oración: el que ora busca a Dios desde el amanecer y tiene sed de él como la tierra «seca y árida donde no hay aguas» Salmos 63:1.
La voz en el desierto
Siglos después, el desierto vuelve a ser el escenario. Juan el Bautista, hijo de un sacerdote del templo, había crecido «en lugares desiertos» Lucas 1:80, y aparece predicando «en el desierto de Judea»: llama al arrepentimiento porque el reino de los cielos está cerca. Mateo lo presenta como la voz anunciada por Isaías, la del que clama en el desierto que se prepare el camino del Señor Mateo 3:1-3 Isaías 40:3.
Dónde aparece el lugar en el texto, agrupado por el papel que cumple en cada tramo del relato. No es la historia de lo que ocurrió allí, sino en qué contextos lo nombra la Biblia.
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Las ciudades del desierto en el reparto de Judá
ConquistaJosué enumera seis ciudades «en el desierto», entre ellas la Ciudad de la Sal y En-gadi, junto al mar Muerto.
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Los ceneos
JuecesLos descendientes del suegro de Moisés suben con Judá «al desierto de Judá», en el Neguev cerca de Arad, y habitan con el pueblo.
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David huye de Saúl
Reino unidoDavid se esconde en los desiertos de Zif, Maón y En-gadi, que forman parte de esta franja; un salmo lo sitúa expresamente «en el desierto de Judá».
1 Samuel 23:14-15 · 1 Samuel 23:24-25 · 1 Samuel 24:1-2 · Salmos 63:1
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Juan el Bautista
Ministerio de JesúsJuan aparece predicando «en el desierto de Judea», la voz que clama en el desierto de Isaías.
Importancia en la historia bíblica
El desierto de Judea es un lugar de prueba y de encuentro. Para David fue el refugio en que aprendió a depender de Dios mientras huía de un rey; para Juan, el lugar desde el que llamó a Israel a empezar de nuevo. En los dos casos, alejarse de la ciudad es acercarse a Dios.
Ezequiel ve un río que sale del templo y baja hacia el oriente, hacia el Arabá y el mar Muerto, cuyas aguas quedan saneadas, y en cuyas orillas, desde En-gadi, habrá pescadores Ezequiel 47:1-10. Ese río tendría que atravesar precisamente este desierto: la tierra más seca de Judá se convierte en imagen de la vida que Dios puede dar.
Evolución histórica
De tierra de pastos y escondites en la época de David pasó, en la época del Segundo Templo, a ser un lugar buscado por quienes querían apartarse de la vida de Jerusalén: grupos como el de Qumrán, profetas como Juan y, después, los monjes cristianos. Su aspecto apenas ha cambiado; lo que cambió fue el sentido que la gente le daba.