Esteban, elegido entre los siete para servir a las viudas
Hechos 6:1-7 Leer esta escena aparte →La comunidad de Jerusalén crece, y con ella una queja: los creyentes de lengua griega, los helenistas, murmuran contra los de lengua hebrea porque sus viudas quedan desatendidas en la distribución diaria Hechos 6:1. Los doce reúnen a todos y proponen que la comunidad elija a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, para encargarse de ese servicio, mientras ellos se dedican a la oración y a la palabra Hechos 6:2-4.
El primero de la lista es «Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo», seguido de Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, un prosélito de Antioquía. Los presentan a los apóstoles, que oran y les imponen las manos Hechos 6:5-6. Este Felipe no es el apóstol, sino el que después será llamado «el evangelista» Hechos 21:8. Ver apóstol.
Esteban acusado ante el sanedrín por las sinagogas de la diáspora
Hechos 6:8-15 Leer esta escena aparte →Esteban, «lleno de gracia y de poder», hace grandes prodigios y señales entre el pueblo Hechos 6:8. Unos miembros de la sinagoga llamada de los libertos, con judíos de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, se ponen a discutir con él, «pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba» Hechos 6:9-10.
Entonces sobornan a unos hombres para que digan que lo han oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. Soliviantan al pueblo, a los ancianos y a los escribas, lo arrastran ante el concilio y presentan testigos falsos: este hombre no cesa de hablar contra este lugar santo y contra la ley; le hemos oído decir que Jesús de Nazaret destruirá este lugar y cambiará las costumbres que nos dio Moisés Hechos 6:11-14. Todos los del concilio, al mirarlo, ven su rostro «como el rostro de un ángel» Hechos 6:15. Ver el sanedrín.
El discurso de Esteban ante el sanedrín: de Abraham al templo
Hechos 7:1-53 Leer esta escena aparte →El sumo sacerdote le pregunta si es así. Esteban responde con la historia de Israel. Empieza con Abraham, a quien Dios se apareció en Mesopotamia, antes de que viviera en Harán, y que no recibió en herencia ni un palmo de tierra Hechos 7:1-8. Sigue con José, vendido por envidia por sus hermanos, con quien Dios estaba en Egipto Hechos 7:9-16, y con Moisés, a quien su pueblo no entendió la primera vez —«¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?»— y al que, después del Sinaí, sus padres no quisieron obedecer, volviéndose a los ídolos Hechos 7:23-43. Ver Abraham, José y Moisés.
El argumento llega a donde lo habían acusado. Los padres tuvieron el tabernáculo en el desierto; Salomón construyó la casa, «si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano», como dice el profeta: el cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies Hechos 7:44-50. Y termina con la acusación: «¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros». Sus padres mataron a los que anunciaron la venida del Justo, «de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores» Hechos 7:51-53. Ver el tabernáculo y el templo.
Esteban ve al Hijo del Hombre y muere apedreado
Hechos 7:54—8:2 Leer esta escena aparte →Al oír esto, se enfurecen y crujen los dientes contra él. Esteban, lleno del Espíritu Santo, fija los ojos en el cielo y ve la gloria de Dios y a Jesús a la diestra de Dios: «He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios» Hechos 7:54-56. Ellos dan grandes voces, se tapan los oídos, arremeten contra él, lo echan fuera de la ciudad y lo apedrean. Los testigos dejan sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo Hechos 7:57-58. Ver el Hijo del Hombre.
Mientras lo apedrean, Esteban ora: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». Se pone de rodillas y clama en voz alta: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado». Y habiendo dicho esto, «durmió» Hechos 7:59-60. Saulo consentía en su muerte Hechos 8:1. Unos hombres piadosos lo entierran y hacen gran llanto por él Hechos 8:2. Ver Pablo.
Las palabras de Esteban repiten la oración del salmo, «En tu mano encomiendo mi espíritu», dirigida a Jehová Salmos 31:5, que Jesús había hecho suya en la cruz Lucas 23:46; pero Esteban la dirige a Jesús: «Señor Jesús, recibe mi espíritu». Invocar a Jesús es invocar al único Dios de Israel. Y lo que ve, «la gloria de Dios, y a Jesús», no es un segundo trono junto al de otro: la «diestra» es en la Biblia la expresión del poder y la autoridad de Dios Éxodo 15:6, manifestados en el Hijo, el Dios único hecho visible en carne 1 Timoteo 3:16.
La persecución tras la muerte de Esteban dispersa a la iglesia
Hechos 8:1-4 Leer esta escena aparte →Aquel día se desata una gran persecución contra la iglesia de Jerusalén, y todos menos los apóstoles se dispersan por Judea y Samaria. Saulo asola la iglesia entrando casa por casa Hechos 8:1-3. Pero los que se dispersan van anunciando el evangelio por donde pasan Hechos 8:4. Felipe, el compañero de Esteban entre los siete, baja a Samaria Hechos 8:5, y otros llegan hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, donde por primera vez hablan también a los griegos Hechos 11:19-21. Ver Antioquía y Samaria.
Su papel dentro de la Biblia
Esteban es el primer creyente en Jesús que muere por su fe, y su muerte es un punto de giro en Hechos. Hasta entonces, la iglesia vive en Jerusalén y alrededor del templo; después, se dispersa y el anuncio sale hacia Samaria, la costa y las naciones. Su discurso prepara el terreno para esa salida: Dios no está encerrado en un lugar. Y en la escena de su muerte aparece por primera vez Saulo, el futuro Pablo, que años después lo recordará con pesar: «cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo también estaba presente, y consentía» Hechos 22:20.