Miqueas es el profeta del campo en una época de profetas de la ciudad. Venía de Moreset, un pueblo de la Sefela, las colinas bajas que separan la llanura filistea de la serranía de Judá, a unos treinta y cinco kilómetros al suroeste de Jerusalén Miqueas 1:1. El libro no nombra a su padre: lo identifica su pueblo, Miqueas «de Moreset». Vivió en los mismos años que Isaías, pero mientras este hablaba desde la corte, Miqueas denuncia sobre todo a los poderosos que dejaban sin tierra a los pequeños propietarios Miqueas 2:2.
Miqueas anuncia la ruina de Samaria y las ciudades de la Sefela
Miqueas 1:1-16 Leer esta escena aparte →El libro empieza con Dios saliendo de su templo como testigo contra los pueblos, y con una pregunta que señala a las capitales: ¿cuál es la rebelión de Jacob? ¿No es Samaria? ¿Y cuáles los lugares altos de Judá? ¿No es Jerusalén? Miqueas 1:2-5. Samaria será convertida en un montón de ruinas en el campo, y sus piedras rodarán al valle Miqueas 1:6. Miqueas reacciona como un hombre de luto: se lamentará y andará despojado y desnudo Miqueas 1:8.
Después, el golpe se acerca a su tierra. El capítulo recorre una lista de ciudades de la Sefela —Gat, Laquis, Moreset-gat, Aczib, Maresa, Adulam—, jugando en hebreo con el sonido de cada nombre para anunciar su desgracia Miqueas 1:10-15. A Laquis, la gran fortaleza de Judá, la llama «principio de pecado para la hija de Sion» Miqueas 1:13.
Miqueas contra los que roban las tierras de los campesinos
Miqueas 2:1—3:12 Leer esta escena aparte →El centro de la denuncia de Miqueas es la tierra. ¡Ay de los que en sus camas planean la maldad y la ejecutan al amanecer porque tienen el poder! Codician campos y los roban, casas y las toman; oprimen al hombre y a su casa, al hombre y a su heredad Miqueas 2:1-2. La palabra es la misma que designa la parte de la tierra de cada familia, la que según la ley no debía salir de ella.
A los jefes de Jacob les recuerda que su oficio era conocer el derecho, y los describe con una imagen brutal: arrancan la piel a su pueblo y le rompen los huesos como carne para la olla Miqueas 3:1-3. Los profetas de su tiempo no lo ayudan: anuncian paz a quien les da de comer y declaran la guerra a quien no les llena la boca Miqueas 3:5. Si alguien profetizara sobre vino y sidra, ese sería el profeta de este pueblo Miqueas 2:11. Frente a ellos, Miqueas afirma su propia autoridad: está lleno del Espíritu de Jehová, de juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelión Miqueas 3:8.
La consecuencia la anuncia en la frase más famosa del libro. Los jefes juzgan por soborno, los sacerdotes enseñan por precio y los profetas adivinan por dinero, y todavía dicen: ¿no está Jehová entre nosotros? Por eso, por culpa de ellos, Sion será arada como un campo, Jerusalén será un montón de ruinas y el monte del templo, un bosque Miqueas 3:11-12.
Espadas en azadones: la visión de paz de Miqueas
Miqueas 4:1-5 Leer esta escena aparte →Justo después de anunciar que el monte del templo será un bosque, el libro gira hacia el futuro. En los postreros tiempos, el monte de la casa de Jehová será el más alto de los montes y acudirán a él los pueblos para aprender sus caminos; Dios juzgará entre naciones poderosas, y ellas convertirán sus espadas en azadones y sus lanzas en hoces; ninguna nación alzará espada contra otra ni se ensayarán más para la guerra Miqueas 4:1-3. Y Miqueas añade algo propio, de hombre de campo: cada uno se sentará bajo su vid y bajo su higuera, y no habrá quien lo espante Miqueas 4:4.
La profecía de Miqueas sobre Belén
Miqueas 5:1-5 Leer esta escena aparte →En un tiempo de asedio, cuando se hiere con vara en la mejilla al juez de Israel Miqueas 5:1, el libro se vuelve hacia un lugar pequeño: Belén Efrata, pequeña entre las familias de Judá. De ella saldrá el que será Señor en Israel, «y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad» Miqueas 5:2. Apacentará con el poder de Jehová, será engrandecido hasta los fines de la tierra, y «este será nuestra paz» Miqueas 5:4-5.
La profecía se cumple en el nacimiento de Jesús en Belén Mateo 2:1. Cuando Herodes pregunta dónde había de nacer el Cristo, los principales sacerdotes y los escribas responden con este pasaje, y Mateo lo da por cumplido Mateo 2:4-6. En el evangelio de Juan la gente recuerda que el Cristo había de venir de Belén Juan 7:42.
«¿Qué pide Jehová de ti?»: Miqueas 6:8
Miqueas 6:1-8 Leer esta escena aparte →El capítulo 6 es un juicio en el que los montes son testigos. Dios pregunta a su pueblo en qué lo ha molestado, y le recuerda lo que hizo: lo sacó de Egipto, lo redimió de la casa de servidumbre y envió delante de él a Moisés, Aarón y María Miqueas 6:1-5.
El pueblo responde con una escalada de ofertas: ¿se presentará ante Dios con holocaustos, con becerros de un año, con miles de carneros, con diez mil ríos de aceite? ¿Dará a su primogénito por su rebelión? Miqueas 6:6-7 La respuesta del profeta desmonta la pregunta: ya se te ha declarado lo que es bueno y lo que pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios Miqueas 6:8.
Un siglo después: la palabra que salvó a Jeremías
El libro de Jeremías conserva un recuerdo de Miqueas que su propio libro no cuenta. Hacia 609 a.C., cuando los sacerdotes y los profetas pedían la muerte de Jeremías por haber anunciado la destrucción del templo, algunos ancianos se levantaron a recordar un precedente: Miqueas de Moreset había dicho en tiempos de Ezequías que Sion sería arada como un campo, y el rey no lo mató, sino que temió a Jehová y oró, y Dios se arrepintió del mal que había anunciado Jeremías 26:17-19. La cita coincide palabra por palabra con Miqueas 3:12, y añade lo que pasó después: que el anuncio provocó el arrepentimiento de Ezequías y que por eso el castigo se aplazó. Es uno de los pocos casos en que la Biblia muestra cómo se recordaba y se usaba la palabra de un profeta un siglo después.
Cómo lo recuerda la Biblia
Además de Belén, el Nuevo Testamento toma de Miqueas una frase sobre la familia dividida —el hijo contra el padre, la hija contra la madre, los enemigos del hombre son los de su casa—, que Jesús aplica a lo que provocará su mensaje Miqueas 7:6 Mateo 10:35-36.
El libro termina con una pregunta que parece jugar con el nombre del profeta: ¿qué Dios como tú, que perdona la maldad y olvida el pecado? Echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados Miqueas 7:18-19.