También llamado Simón, Simón Pedro, Cefas, Simeón, Simón hijo de Jonás«Pedro» es el griego Πέτρος (Pétros), «piedra». No es un nombre: es la traducción de un apodo arameo, כֵּיפָא (kefa), «roca», que Pablo transcribe sin traducir como «Cefas».
198Citas enlazadas
Pedro es el personaje del que más habla el Nuevo Testamento después de Jesús y de Pablo, y el único al que los cuatro evangelios retratan tantas veces equivocándose. Se llamaba Simón, tenía barca y socios en el lago de Galilea, y recibió de Jesús un apodo —kefa, «roca»— que terminó reemplazando a su nombre. En los evangelios es siempre el que habla primero: el que confiesa que Jesús es el Cristo y, pocos versículos después, recibe la reprensión más dura de todo el relato; el que promete morir antes que negarlo y lo niega tres veces esa misma noche ante una criada. Lo llamativo es que el texto no esconde ninguna de las dos cosas. Después de la resurrección, un relato lo restituye junto a un fuego de brasas con tres preguntas que reponen sus tres negaciones, y a partir de ahí el libro de los Hechos lo muestra hablando en público ante miles de personas y ante el mismo tribunal que había condenado a su maestro. Su decisión más consecuente no fue un sermón sino una comida: entró en casa de un centurión romano en Cesarea, comió con gentiles sin circuncidar y tuvo que dar explicaciones en Jerusalén por haberlo hecho. Esa puerta, una vez abierta, ya no se cerró; pero el propio Pedro vaciló más tarde en Antioquía y Pablo lo reprendió en público por ello, episodio que conservó el bando contrario. Su final no lo cuenta la Biblia: un versículo anuncia que morirá atado y llevado a donde no quiere, una carta se despide «desde Babilonia», y el resto —Roma, la cruz, la tumba bajo el Vaticano— pertenece a la tradición y a la arqueología, con distintos grados de certeza.
Cronología
Su vida en 9 etapas. Toca una para ver sus hitos y de dónde sale cada dato.
Cómo leer las fechas y las procedencias
Fecha anclada
Fijada por un dato de fuera de la Biblia que se puede fechar.
Intervalo del texto
Duración o distancia en el tiempo que da el propio texto, sin año.
Aproximada
Estimación habitual; el texto no da la fecha.
Discutida
Hay propuestas enfrentadas entre especialistas.
Procedencia de cada hito:
Evangelios · Cartas · Hechos · Fuente externa · Tradición.
Hacia el año 30
Pescador en Galilea y discípulo de Jesús
Aproximada Hacia el año 30
Natural de Betsaida, como Andrés y Felipe. Juan 1:44— evangelios
Jesús lo llama junto al lago con su hermano Andrés, y dejan las redes. Marcos 1:16-18— evangelios
Tiene casa en Capernaúm y está casado: Jesús cura allí a su suegra. Marcos 1:29-31— evangelios
Encabeza las cuatro listas de los doce. Mateo 10:2— evangelios
Sale de la barca hacia Jesús, camina sobre el agua y empieza a hundirse. Mateo 14:28-31— evangelios
Lo primero que la Biblia dice de él no es su nombre sino su oficio: Jesús pasa junto al
mar de Galilea, ve a Simón y a su hermano Andrés echando la red al agua, «porque eran
pescadores», y los llama Marcos 1:16-17. Unos pasos más allá están
Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, remendando las redes en la barca con los
jornaleros de su padre Marcos 1:19-20. Otro relato precisa que los cuatro
no eran competencia sino socios en el mismo negocio Lucas 5:10.
La escena termina con una frase seca: dejaron las redes y lo siguieron
Marcos 1:18. Marcos y Mateo no explican por qué, y esa ausencia de
explicación es parte del estilo del relato. Los otros dos evangelios cuentan el mismo
paso de otra manera —con una pesca imposible de por medio en uno
Lucas 5:4-8, y con un primer encuentro junto al Jordán en el otro
Juan 1:40-42—, y las tres versiones se comparan arriba, en el relato
paralelo, sin fundirlas en una sola.
Al salir de la sinagoga de Capernaúm, el grupo entra en casa de Simón y Andrés
Marcos 1:29. Allí está la suegra de Simón, en cama con fiebre; Jesús la
toma de la mano, la levanta y ella se pone a servirles
Marcos 1:30-31. Es una escena breve y doméstica, pero fija dos datos que
el resto del Nuevo Testamento da por sabidos: Pedro estaba casado —Pablo lo menciona
años después, cuando defiende su derecho a viajar acompañado igual que «Cefas»
1 Corintios 9:5— y tenía en Capernaúm una casa que funcionó como base de
operaciones.
La casa vuelve a aparecer en un episodio pequeño que solo cuenta Mateo. En Capernaúm, los
cobradores del impuesto del templo se acercan a Pedro —no a Jesús— y le preguntan si su
maestro paga el didracma; él responde que sí, y dentro de la casa Jesús retoma la
conversación antes de que Pedro la plantee Mateo 17:24-27. La solución
—buscar la moneda en la boca del primer pez— se le encarga precisamente al pescador. El
episodio interesa menos por el prodigio que por lo que muestra: fuera del grupo, Pedro ya
era la persona a la que uno se dirigía cuando quería preguntar algo sobre Jesús.
Las cuatro listas de los doce que conserva el Nuevo Testamento están ordenadas de maneras
distintas, y en las cuatro su nombre encabeza; Mateo lo hace explícito al escribir
«primero, Simón, llamado Pedro» Mateo 10:2,
Marcos 3:16-19, Lucas 6:14-16, Hechos 1:13.
Dentro del grupo hay además un círculo más estrecho de tres —Pedro, Santiago y Juan— que
entra donde los demás se quedan fuera: en la habitación de la hija de Jairo
Marcos 5:37, en el monte de la transfiguración
Marcos 9:2 y en la parte del huerto donde Jesús se aparta a orar
Marcos 14:33.
La escena del lago es la más conocida de su temeridad. La barca va contra el viento de
madrugada, los discípulos ven a alguien caminando sobre el agua y se asustan; Pedro pide
que le ordene ir hasta él sobre las aguas, camina unos pasos, mira el viento, empieza a
hundirse y grita pidiendo auxilio Mateo 14:28-31. La respuesta que recibe
—«hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»— es la misma mezcla de concesión y reproche que
acompaña casi todas sus apariciones.
El mismo patrón se repite en los momentos más solemnes. En el monte, mientras los otros
callan, propone levantar tres enramadas, y el narrador añade sin piedad que no sabía lo
que decía porque estaban espantados Marcos 9:5-6. Cuando muchos discípulos
abandonan a Jesús y él pregunta a los doce si también quieren irse, es Pedro quien
responde con la frase que resume su posición: «¿a quién iremos?»
Juan 6:67-69. Y en la última cena, cuando Jesús se dispone a lavarle los
pies, primero se niega en redondo y, al oír la respuesta, pide que le lave también las
manos y la cabeza Juan 13:6-9. Nunca se queda a medias en ninguna
dirección.
La escena decisiva no ocurre en Galilea sino a un día de camino hacia el norte, en la
región de Cesarea de Filipo Mateo 16:13. Allí Jesús pregunta primero qué
dice la gente —Juan el Bautista, Elías, Jeremías, alguno de los profetas— y después qué
dicen ellos Mateo 16:13-15. Responde Pedro: «tú eres el Cristo, el Hijo
del Dios viviente» Mateo 16:16.
La respuesta que recibe es, en Mateo, la más extensa que cualquier discípulo recibe en
todo el evangelio: lo llama bienaventurado porque eso no se lo reveló «carne ni sangre»,
le da el apodo convertido en declaración —«tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi
iglesia»— y le promete las llaves del reino y la potestad de atar y desatar
Mateo 16:17-19. Después les ordena a todos no decir a nadie que él era el
Cristo Mateo 16:20.
Lo que sigue está en el mismo capítulo y casi nunca se cita junto a lo anterior. Jesús
empieza a anunciar que debe ir a Jerusalén, padecer y morir, y Pedro lo lleva aparte y lo
reprende Mateo 16:21-22. La respuesta es la frase más dura que recibe
nadie en el evangelio: «quítate de delante de mí, Satanás; me eres tropiezo, porque no
pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres»
Mateo 16:23. Cinco versículos separan «bienaventurado eres» de «Satanás»,
y el relato conserva los dos.
Camino del monte de los Olivos, Jesús anuncia que todos se escandalizarán aquella noche.
Pedro responde que aunque todos, él no; y cuando se le dice que antes del canto del gallo
lo habrá negado tres veces, insiste con más fuerza: aunque tenga que morir con él, no lo
negará Marcos 14:29-31. En otra versión del mismo anuncio, la advertencia
llega envuelta en algo más: que Satanás pidió zarandearlos como a trigo, que Jesús ha
rogado por su fe, y que «vuelto», confirme a sus hermanos
Lucas 22:31-32. La caída y la vuelta se anuncian en la misma frase, antes
de que ocurra ninguna de las dos.
En el huerto, Pedro se duerme tres veces mientras Jesús ora, y el reproche llega con su
nombre viejo: «Simón, ¿duermes?» Marcos 14:37. Cuando llega la turba,
alguien desenvaina y corta la oreja del siervo del sumo sacerdote
Marcos 14:47.
Los discípulos huyen Marcos 14:50. Pedro no huye del todo: sigue a Jesús
«de lejos» hasta el patio del sumo sacerdote y se sienta con los guardias a calentarse al
fuego Marcos 14:54. Es la única vez en el relato en que está a la vez
dentro y fuera, y es exactamente ahí donde se rompe.
La primera pregunta no viene de un juez ni de un soldado, sino de una criada, y Pedro
dice que no sabe de qué le habla Marcos 14:66-68. La segunda vuelve a ser
ella Marcos 14:69-70. En la tercera, Pedro maldice y jura que no conoce a
ese hombre, y entonces canta el gallo Marcos 14:71-72. Un relato añade el
detalle que convierte la escena en algo insoportable: el Señor se volvió y lo miró, y
Pedro salió afuera a llorar amargamente Lucas 22:61-62.
La primera noticia después de la muerte lo menciona por su nombre y aparte. El mensaje
que reciben las mujeres en el sepulcro es que vayan a decírselo «a sus discípulos, y a
Pedro» Marcos 16:7. Él corre al sepulcro y vuelve maravillado
Lucas 24:12; en otra versión corre con otro discípulo que llega antes pero
se detiene en la entrada, mientras Pedro entra primero y ve los lienzos
Juan 20:3-8.
Hay además una aparición que el Nuevo Testamento afirma dos veces y no narra ninguna. La
lista de testigos más antigua que se conserva —Pablo dice haberla recibido ya hecha—
empieza por él: «apareció a Cefas, y después a los doce» 1 Corintios 15:5;
y los once, de vuelta en Jerusalén, anuncian que el Señor «ha aparecido a Simón»
Lucas 24:34. Qué se dijeron en ese encuentro no lo cuenta nadie.
Lo que sí se cuenta ocurre otra vez en el lago. Siete discípulos han vuelto a pescar, no
sacan nada en toda la noche, y desde la orilla alguien les dice dónde echar la red
Juan 21:1-6. Al reconocerlo, Pedro se echa al agua
Juan 21:7. En tierra los espera una lumbre de carbón con pescado y pan
Juan 21:9.
Las tres preguntas son la misma —si lo ama— y las tres respuestas también. A la tercera,
Pedro se entristece y apela a lo único que le queda: «tú sabes todas las cosas»
Juan 21:17. Cada respuesta recibe un encargo en lugar de una absolución:
apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas, apacienta mis ovejas
Juan 21:15-17. Y a continuación, el anuncio de cómo terminará: cuando sea
viejo extenderá las manos, otro lo ceñirá y lo llevará a donde no quiera
Juan 21:18. El evangelista aclara que hablaba de la clase de muerte con
que había de glorificar a Dios, y cierra con la palabra del principio: sígueme
Juan 21:19.
La primera decisión del grupo después de la ascensión la toma él. En una reunión de unas
ciento veinte personas, Pedro se pone en pie, plantea que el lugar de Judas debe ocuparlo
alguien que haya acompañado al grupo desde el bautismo de Juan hasta la resurrección, y
así se elige a Matías Hechos 1:15-26. Es el mismo hombre que semanas antes
juraba en un patio que no conocía a ese hombre.
Ante la acusación de que los discípulos están borrachos, Pedro se levanta con los once y
habla Hechos 2:14-15. El discurso no argumenta desde cero: enhebra un
pasaje del profeta Joel sobre el derramamiento del Espíritu
Hechos 2:16-21 y dos salmos que lee referidos a la resurrección y a la
exaltación del Mesías Hechos 2:25-35, y termina con una afirmación directa
a un auditorio de Jerusalén: a ese Jesús que vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho
Señor y Cristo Hechos 2:36.
La reacción del auditorio es una pregunta —qué deben hacer— y la respuesta de Pedro es la
frase más citada de todo el libro: que se arrepientan y que cada uno se bautice en el
nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo
Hechos 2:38. Aquel día se suman unas tres mil personas
Hechos 2:41.
Siempre que el libro de los Hechos dice en nombre de quién se bautiza, es «en el nombre de
Jesucristo» o «en el nombre del Señor Jesús» Hechos 2:38,
Hechos 8:16, Hechos 10:48, Hechos 19:5. Es el
cumplimiento del mandato final de Mateo, que manda bautizar «en el nombre» —uno solo— «del
Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» Mateo 28:19: los apóstoles sabían
cuál era ese nombre.
A la hora de la oración, en la puerta del templo llamada la Hermosa, un hombre cojo de
nacimiento les pide limosna, y Pedro responde con la frase que lo define en esta etapa:
no tiene plata ni oro, pero le da lo que tiene Hechos 3:1-6. El hombre
entra con ellos al templo andando y saltando, la gente se agolpa en el pórtico de Salomón
y Pedro aprovecha el corro para hablar otra vez Hechos 3:7-16.
El resultado es un arresto. Al día siguiente comparece ante el sanedrín, con Anás y
Caifás entre los presentes Hechos 4:5-7: el mismo tribunal y prácticamente
los mismos nombres del proceso contra Jesús, ante los que él había negado conocerlo.
Esta vez no lo niega. El relato anota la extrañeza de los jueces al ver el
desparpajo de dos hombres «sin letras y del vulgo», y que los reconocían como gente que
había estado con Jesús Hechos 4:13. Cuando les prohíben hablar, la
respuesta es que juzguen ellos si es justo obedecer a los hombres antes que a Dios,
porque no pueden dejar de contar lo que han visto y oído
Hechos 4:19-20.
La misma etapa incluye un episodio que el relato cuenta sin suavizarlo. Un matrimonio,
Ananías y Safira, vende una propiedad y entrega solo una parte del precio diciendo que es
el total; Pedro lo confronta —la tierra era suya y el dinero también, de modo que el
problema no es cuánto dieron sino la mentira—, y los dos caen muertos, primero él y tres
horas después ella Hechos 5:1-10. El texto añade que vino gran temor sobre
toda la iglesia y sobre los que lo oyeron Hechos 5:11. Poco después describe
a gente sacando enfermos a las calles para que al menos la sombra de Pedro cayera sobre
alguno Hechos 5:15, y un segundo arresto que termina en azotes y en una
salida del tribunal «gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta»
Hechos 5:40-41.
Antes de Cesarea hay dos viajes que preparan el terreno. Cuando llega a Jerusalén la
noticia de que en Samaria han recibido el mensaje, envían a Pedro y a Juan a verificarlo
Hechos 8:14, y allí Pedro se enfrenta a un tal Simón que pretende comprar
con dinero la facultad de imponer las manos Hechos 8:18-23. Después
recorre las comunidades de la llanura costera: sana a Eneas en Lida
Hechos 9:32-35 y levanta a Tabita en Jope
Hechos 9:36-42, donde se queda muchos días en casa de Simón, un curtidor
Hechos 9:43.
En la azotea, con hambre y mientras preparan la comida, ve un lienzo que baja del cielo
lleno de toda clase de animales y oye una orden: mata y come
Hechos 10:9-13. Su respuesta es la de un judío observante —nunca ha comido
nada impuro— y la réplica es que no llame él común a lo que Dios ha limpiado; la escena se
repite tres veces Hechos 10:14-16. Mientras está dándole vueltas, llaman a
la puerta tres hombres enviados desde Cesarea por un centurión llamado Cornelio, a quien
el relato presenta como piadoso, temeroso de Dios y limosnero
Hechos 10:1-8, Hechos 10:17-20.
En Cesarea, Pedro empieza su discurso con una conclusión que no es doctrinal sino
práctica: comprende que Dios no hace acepción de personas y que en toda nación le es
acepto el que le teme y hace justicia Hechos 10:34-35. Mientras habla, el
Espíritu Santo cae sobre los oyentes gentiles, para asombro de los judíos que lo
acompañaban, y Pedro pregunta si alguien puede negar el agua del bautismo a quienes han
recibido el Espíritu igual que ellos Hechos 10:44-47. El orden de los
hechos importa: primero ocurre, después se autoriza.
De vuelta en Jerusalén tiene que dar explicaciones ante los creyentes de origen judío, y
su defensa consiste en contar lo sucedido de principio a fin y preguntar quién era él para
estorbar a Dios Hechos 11:4-17. La respuesta del grupo es callar y
glorificar a Dios Hechos 11:18. Ese silencio es probablemente el momento
más consecuente de su vida: la comunidad acepta un precedente que ya no podrá deshacer.
El rey Herodes Agripa mata a espada a Santiago, el hermano de Juan, y al ver que eso
agrada a algunos, prende también a Pedro durante los días de los panes sin levadura
Hechos 12:1-3. Lo mete en la cárcel bajo custodia de dieciséis soldados
por turnos, con intención de presentarlo al pueblo después de la Pascua
Hechos 12:4.
La noche anterior al juicio, Pedro duerme entre dos soldados y encadenado; un ángel lo
despierta, las cadenas se le caen, atraviesa las guardias y la puerta de hierro, y solo en
la calle cae en la cuenta de que no está viendo una visión
Hechos 12:6-11. Va entonces a casa de María, la madre de Juan Marcos, donde
muchos estaban orando Hechos 12:12. La escena que sigue es la más doméstica
del libro: una muchacha llamada Rode reconoce su voz, y de pura alegría se olvida de abrir
la puerta y lo deja fuera llamando mientras dentro le dicen que está loca
Hechos 12:13-16.
Luego les pide que se lo cuenten a Jacobo y a los hermanos, y el texto añade una frase
breve con la que Pedro sale prácticamente de escena: «y salió, y se fue a otro lugar»
Hechos 12:17. No dice a dónde. A partir de ahí, el libro de los Hechos pasa
a seguir a Pablo, y Pedro reaparece una sola vez más, en la reunión de Jerusalén
Hechos 15:7-11.
De esta etapa hay dos fuentes distintas y conviene leerlas juntas. Una es el libro de los
Hechos; la otra es Pablo escribiendo en primera persona a los gálatas, y es la más antigua
de las dos. Pablo cuenta que su primer viaje a Jerusalén tras la conversión fue
expresamente «para ver a Cefas», y que se quedó con él quince días
Gálatas 1:18; que años después subió de nuevo, y que Jacobo, Cefas y Juan
—«los que eran considerados columnas»— reconocieron su misión dándole la mano derecha en
señal de compañerismo, con un reparto claro: Pedro hacia los circuncidados, Pablo hacia
los gentiles Gálatas 2:7-9.
En la reunión de Jerusalén sobre si los gentiles debían circuncidarse, Pedro interviene
apelando a su propia experiencia: recuerda que Dios escogió que por su boca oyeran los
gentiles el mensaje, que les dio el Espíritu igual que a ellos y que no hizo diferencia, y
concluye que unos y otros se salvan por la gracia del Señor Jesús
Hechos 15:7-11. Después habla Jacobo, y es Jacobo quien formula la decisión
final Hechos 15:13-21: el texto sugiere que, para entonces, quien preside la
comunidad de Jerusalén ya no es Pedro.
El episodio siguiente es el más incómodo y lo conserva el Nuevo Testamento sin atenuarlo.
En Antioquía, Pedro comía habitualmente con los creyentes gentiles; cuando llegaron unos
enviados de parte de Jacobo, se fue apartando por miedo a los de la circuncisión, y su
ejemplo arrastró a los demás judíos e incluso a Bernabé. Pablo lo reprendió cara a cara y
en público, porque no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio
Gálatas 2:11-14.
Dos cartas del Nuevo Testamento llevan su nombre. La primera se dirige a los expatriados
de cinco provincias del norte de Asia Menor 1 Pedro 1:1 y se presenta como
escrita por un anciano que fue testigo de los padecimientos de Cristo, que pide a los
responsables «apacentar la grey» sin señorear sobre ella
1 Pedro 5:1-3 —la misma imagen del encargo junto al lago
Juan 21:16—. Se despide con un saludo de «la que está en Babilonia» y de
«Marcos, mi hijo» 1 Pedro 5:13.
La Biblia anuncia su muerte y no la narra. El anuncio está en el diálogo junto al lago
—de viejo extenderá las manos y otro lo llevará a donde no quiera
Juan 21:18-19— y una de las cartas menciona de pasada que sabe que pronto
dejará su cuerpo 2 Pedro 1:14. Ahí termina lo que el Nuevo Testamento
dice.
Relato paralelo
Relato paralelo
Qué añade, omite o cuenta distinto cada fuente. Las diferencias marcadas no
son erratas: son divergencias reales entre los textos.
¿Cómo fue llamado Simón?
Tres relatos distintos de la misma decisión, y no encajan uno dentro de otro sin forzarlos. En Marcos y Mateo el encuentro es breve y ocurre a la orilla: Jesús pasa, llama, ellos dejan las redes. En Lucas hay antes una noche entera de pesca fallida y una redada tan grande que rompe las redes, y la reacción de Simón no es entusiasmo sino miedo. En Juan el primer encuentro no es en Galilea sino junto al Jordán, no lo provoca Jesús sino Andrés, y allí mismo —antes de cualquier milagro— recibe el apodo. Las armonizaciones habituales proponen que Juan cuenta un primer contacto y los sinópticos la llamada definitiva; otra lectura entiende que cada evangelio conserva una versión de la misma tradición. Aquí se muestran las tres.
Marcos 1:16-18Jesús pasa junto al mar, ve a Simón y Andrés echando la red, los llama y ellos la dejan al instante.
Lucas 5:1-11Jesús predica desde la barca de Simón, ordena echar las redes tras una noche sin pescar, y ante la redada Simón le pide que se aparte de él porque es pecador.
Juan 1:35-42Andrés, discípulo de Juan el Bautista, encuentra a su hermano junto al Jordán y lo lleva a Jesús; allí Jesús le dice que se llamará Cefas.
¿Cuándo recibió el nombre de Pedro?
El apodo aparece en tres momentos distintos de tres relatos. La diferencia no es menor: en Mateo el nombre se le da como respuesta a su confesión, y esa secuencia —confiesas, luego eres roca— es la que sostiene buena parte de la discusión posterior sobre el pasaje. En Marcos es un acto administrativo dentro de la designación de los doce. En Juan ocurre en el primer encuentro, sin que Simón haya dicho ni hecho nada todavía.
Juan 1:42En el primer encuentro: «tú serás llamado Cefas», que el propio evangelista traduce como «Pedro».
Marcos 3:16Al constituir a los doce, entre los nombres: «a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro».
Mateo 16:17-18Después de la confesión en Cesarea de Filipo: «tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia».
Las negaciones: quién pregunta y cuántas veces canta el gallo
Los cuatro evangelios cuentan la escena y ninguno coincide del todo con otro en quién interpela a Pedro. Marcos además tiene dos cantos de gallo, no uno, y su anuncio previo dice «antes que el gallo haya cantado dos veces». Es el ejemplo que se cita siempre al explicar cómo funcionan las diferencias entre los evangelios: el núcleo —tres negaciones antes del gallo, tras haber jurado lo contrario— es el mismo en los cuatro; el detalle no se deja unificar.
Marcos 14:66-72Una criada, la misma criada otra vez, y después los presentes. El gallo canta dos veces.
Mateo 26:69-75Una criada, otra criada y los que estaban allí. El gallo canta una vez.
Lucas 22:54-62Una criada, un hombre y otro hombre; añade que el Señor se volvió y lo miró.
Juan 18:15-27La portera, los que se calentaban al fuego y un pariente de Malco, el hombre al que Pedro había herido.
¿A quién se apareció primero el resucitado?
La lista más antigua que conserva el Nuevo Testamento —Pablo escribiendo a Corinto, unos veinte años antes que los evangelios— encabeza las apariciones con Cefas y no menciona a las mujeres. Los evangelios cuentan primero el encuentro de las mujeres en el sepulcro. Lucas conserva las dos cosas: narra a las mujeres y, más adelante, afirma de pasada que el Señor «apareció a Simón», una aparición que ningún evangelio cuenta. (El pasaje que dice expresamente que apareció «primeramente a María Magdalena», Marcos 16:9, pertenece al final largo de ese evangelio, ausente en los manuscritos griegos más antiguos; por eso aquí se cita el relato de Juan, cuyo texto no plantea esa duda.)
1 Corintios 15:5«Apareció a Cefas, y después a los doce»: la fórmula que Pablo dice haber recibido.
Lucas 24:34Los once anuncian a los de Emaús que el Señor «ha aparecido a Simón», sin narrar la escena.
Juan 20:14-18La primera en ver al resucitado es María Magdalena, junto al sepulcro, y es ella quien lleva la noticia a los discípulos.
Viajes y lugares
13 lugares con ficha propia en el atlas.
En el mapa, cada número lleva a la escena que cuenta lo que pasó allí. Cada nombre lleva a la ficha del lugar.
Verlos en el atlas, sobre el mapa real →
Mapa de su vida
Trazado estilizado, no un mapa satelital: las costas y los cauces antiguos no
coinciden con los actuales, y varias ubicaciones son aproximadas o debatidas.
Betsaida — La ciudad de Andrés y Pedro según Juan; su emplazamiento exacto sigue discutido entre dos yacimientos vecinos Ir a la escena ↓
Capernaúm — Donde tenía casa y suegra: la base del ministerio en Galilea y el lugar de sus redes Ir a la escena ↓
Cesarea de Filipo — Al pie del Hermón, fuera de Galilea: la confesión «tú eres el Cristo» y el apodo convertido en promesa Ir a la escena ↓
Jerusalén — Las negaciones, Pentecostés, el sanedrín y la cárcel de Herodes: casi todo lo decisivo ocurre aquí Ir a la escena ↓
Samaria — Enviado desde Jerusalén con Juan a verificar que los samaritanos habían recibido el mensaje Ir a la escena ↓
Lida — En la llanura costera: sana a Eneas durante una gira por las comunidades de la zona Ir a la escena ↓
Jope — Puerto donde se aloja en casa de un curtidor y recibe la visión del lienzo con animales impuros Ir a la escena ↓
Cesarea — Capital romana de la provincia: entra en casa del centurión Cornelio y come con gentiles Ir a la escena ↓
«Silvano», por medio de quien dice escribir la primera carta. 1 Pedro 5:12
Las cartas
2 cartas del Nuevo Testamento tienen que ver con su vida. Cada una dice de dónde sale su vínculo con la biografía —de la propia carta, de cruzarla con otros textos o de una reconstrucción— y cuánto se discute su autoría. La autoría se discute en «¿Escribió Pedro estas dos cartas?».
Autoría discutida 1
Se debate si son suyas o de discípulos que escribieron en su nombre.
1 PedroDirigida a los expatriados de cinco provincias de Asia Menor; dice escribirse por medio de Silvano y se despide desde «Babilonia» con Marcos (1 Pedro 5:12-13). Dónde está esa Babilonia se discute.Lo dice la cartaLas cartas y el final
Las más discutidas 1
Por su vocabulario y por la organización eclesial que suponen. La postura tradicional mantiene su autoría.
Dos cartas del Nuevo Testamento llevan su nombre (1 Pedro 1:1).
Profecía y cumplimiento
Conexiones entre pasajes. Que dos textos se relacionen es una lectura,
no una afirmación del relato: se muestran aparte por eso.
Jesús le anuncia que Satanás pidió zarandearlo, que él ha rogado por su fe y que, «vuelto», confirme a sus hermanos; y a continuación, que lo negará tres veces antes del canto del gallo. El anuncio contiene a la vez la caída y la vuelta.
Junto al lago, Jesús le anuncia que de viejo extenderá las manos, otro lo ceñirá y lo llevará a donde no quiera. El evangelista añade la aclaración de que hablaba de la clase de muerte con que había de glorificar a Dios. El Nuevo Testamento no narra esa muerte: el cumplimiento no está en la Biblia, y por eso aquí no se declara ninguno.
De dónde sale lo que cuenta esta ficha. Cada afirmación del relato lleva su versículo; aquí se reúnen además las fuentes de fuera de la Biblia y los estudios que se nombran en las cajas, con un enlace al lugar donde se usan.
En la Biblia
Los pasajes principales. Todo enlace bíblico abre la Reina-Valera 1960 en Bible.com.
Lo que aporta cada carta está en Las cartas.