Quién era Pablo: fariseo de Tarso y ciudadano romano
Hechos 22:3 Leer esta escena aparte →Pablo se presentaba a sí mismo con dos identidades que no le parecían opuestas. Era judío, «nacido en Tarso de Cilicia», criado en Jerusalén e instruido «a los pies de Gamaliel» en la ley de sus padres Hechos 22:3. Y era ciudadano de Tarso, «una ciudad no insignificante», y ciudadano romano de nacimiento Hechos 21:39 Hechos 22:27-28.
En sus cartas da su propio currículum: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, «hebreo de hebreos»; fariseo en cuanto a la ley; tan celoso que persiguió a la iglesia; «irreprensible» en la justicia de la ley Filipenses 3:5-6. Ante el Sanedrín dirá que era «fariseo, hijo de fariseo» Hechos 23:6, y de su familia solo se sabe que tenía una hermana con un hijo en Jerusalén Hechos 23:16.
Vivía de un oficio manual: hacía tiendas Hechos 18:3. Lo mantuvo toda su vida, trabajando «de noche y de día» para no ser una carga para las comunidades que fundaba 1 Tesalonicenses 2:9 Hechos 20:34. Y era, según sus propias palabras, soltero 1 Corintios 7:7-8.
Saulo persigue a la iglesia tras la muerte de Esteban
Hechos 7:58—8:3 Leer esta escena aparte →Saulo entra en la Biblia como un espectador. Cuando apedrean a Esteban, los testigos dejan sus ropas «a los pies de un joven que se llamaba Saulo», y el texto añade que consentía en su muerte Hechos 7:58 Hechos 8:1.
Enseguida deja de mirar: entra casa por casa, arrastra a hombres y mujeres y los mete en la cárcel Hechos 8:3. Años después lo recordará sin suavizarlo: «perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba», y aventajaba en el judaísmo a muchos de su edad por su celo por las tradiciones de sus padres Gálatas 1:13-14. Ante el rey Agripa añadirá que daba su voto cuando los condenaban a muerte y que los perseguía hasta en ciudades extranjeras Hechos 26:9-11.
Con ese fin pide al sumo sacerdote cartas para las sinagogas de Damasco: si encuentra a alguien «de este Camino», hombre o mujer, lo traerá preso a Jerusalén Hechos 9:1-2.
La conversión de Pablo en el camino a Damasco
Hechos 9:1-19 Leer esta escena aparte →Cerca de Damasco lo rodea una luz del cielo. Cae a tierra y oye una voz: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Pregunta quién es, y la respuesta es el centro de todo lo que vendrá después: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues» Hechos 9:3-5. Se levanta ciego y lo llevan de la mano a la ciudad; pasa tres días sin ver, sin comer ni beber Hechos 9:8-9.
En Damasco, un discípulo llamado Ananías recibe la orden de ir a buscarlo a la calle llamada Derecha. Se resiste —sabe cuánto mal ha hecho ese hombre—, y la respuesta lo define: es «instrumento escogido» para llevar el nombre de Jesús ante los gentiles, los reyes e Israel, y Dios le mostrará cuánto tendrá que padecer Hechos 9:10-16. Ananías le impone las manos llamándolo «hermano», caen de sus ojos como escamas, recobra la vista y es bautizado Hechos 9:17-18.
Hechos cuenta este episodio tres veces: una el narrador y dos el propio Pablo en sus defensas Hechos 22:6-16 Hechos 26:12-18. Los tres relatos no coinciden en todo —qué vieron y oyeron sus compañeros, quién le transmitió el encargo— y las diferencias se muestran en el panel de relatos paralelos. En el tercero aparece una frase propia: «dura cosa te es dar coces contra el aguijón», un proverbio que también conocía la literatura griega Hechos 26:14. La Reina-Valera la lee también en el primer relato Hechos 9:5, porque sigue manuscritos tardíos que la añadieron ahí; los más antiguos solo la traen en el capítulo 26.
Pablo huye de Damasco descolgado en una canasta
Hechos 9:19-30 Leer esta escena aparte →Enseguida empieza a predicar en las sinagogas de Damasco que Jesús es el Hijo de Dios, y la gente no sale de su asombro: es el mismo que perseguía a los que invocaban ese nombre Hechos 9:20-22. Pasado un tiempo, algunos judíos deciden matarlo y vigilan las puertas de la ciudad; sus discípulos lo bajan de noche por el muro en una canasta Hechos 9:23-25.
Pablo cuenta la misma huida con otro perseguidor: el gobernador del rey Aretas custodiaba la ciudad para prenderlo, y lo descolgaron en un canasto por una ventana del muro 2 Corintios 11:32-33. Y añade en otra carta algo que Hechos no dice: antes de volver a Damasco había ido a Arabia Gálatas 1:17.
En Jerusalén los discípulos le tienen miedo y no creen que sea uno de ellos. Bernabé lo toma consigo, lo presenta a los apóstoles y responde por él Hechos 9:26-28. Pablo recuerda esa visita de otro modo: fue a conocer a Pedro, se quedó quince días con él y no vio a otro apóstol salvo a Jacobo, el hermano del Señor; y lo jura Gálatas 1:18-20. Cuando los judíos de lengua griega intentan matarlo, los hermanos lo llevan a Cesarea y lo envían a Tarso Hechos 9:29-30. Durante los años siguientes, según él mismo, anduvo por Siria y Cilicia, y las iglesias de Judea solo sabían de oídas que el antiguo perseguidor predicaba ahora la fe Gálatas 1:21-24.
Pablo en Antioquía, donde llamaron «cristianos» a los discípulos
Hechos 11:19-30 Leer esta escena aparte →La persecución que siguió a la muerte de Esteban dispersó a los discípulos, y en Antioquía de Siria algunos empezaron a hablar de Jesús también a los griegos, no solo a los judíos. La comunidad creció, y Jerusalén envió a Bernabé Hechos 11:19-24. Bernabé fue a buscar a Saulo a Tarso y lo trajo: enseñaron juntos un año entero, y fue en Antioquía donde a los discípulos se les llamó «cristianos» por primera vez Hechos 11:25-26.
Cuando el profeta Agabo anuncia una gran hambre, la iglesia de Antioquía reúne una ayuda para los hermanos de Judea y la envía con Bernabé y Saulo Hechos 11:27-30. Después, mientras los profetas y maestros de la comunidad ayunan, el Espíritu Santo ordena: «apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado». Les imponen las manos y los despiden Hechos 13:1-3.
El primer viaje misionero de Pablo: Chipre y Galacia
Hechos 13:4—14:28 Leer esta escena aparte →Bernabé y Saulo, con Juan Marcos como ayudante, cruzan a Chipre y predican en las sinagogas Hechos 13:4-5. En Pafos, el procónsul Sergio Paulo quiere oír la palabra y un mago judío, Elimas, intenta apartarlo. Ahí el texto cambia el nombre del protagonista: «Saulo, que también es Pablo», lo enfrenta y lo deja ciego por un tiempo, y el procónsul cree Hechos 13:6-12. Desde ese momento Hechos lo llama siempre Pablo y casi siempre lo nombra antes que a Bernabé.
En Perge de Panfilia, Juan Marcos los deja y vuelve a Jerusalén Hechos 13:13. En Antioquía de Pisidia, invitado a hablar en la sinagoga, Pablo hace un repaso de la historia de Israel —donde nombra a «Saúl hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín»— hasta llegar a Jesús Hechos 13:14-41. Al sábado siguiente se junta casi toda la ciudad; los dirigentes judíos se oponen, y Pablo y Bernabé anuncian el giro que se repetirá en cada ciudad: «a vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero… he aquí, nos volvemos a los gentiles» Hechos 13:44-46.
Expulsados de Antioquía, pasan a Iconio y luego a Listra Hechos 13:50—14:6. En Listra, Pablo cura a un cojo de nacimiento y la multitud grita en su lengua licaonia que los dioses han bajado: a Bernabé lo llaman Júpiter y a Pablo Mercurio, «porque éste era el que llevaba la palabra», y el sacerdote del templo trae toros para ofrecerles sacrificio. Los dos se rasgan la ropa para impedirlo Hechos 14:8-18. Poco después llegan judíos de Antioquía y de Iconio, convencen a la gente, apedrean a Pablo y lo arrastran fuera de la ciudad dándolo por muerto. Se levanta y al día siguiente sigue a Derbe Hechos 14:19-20.
En el viaje de vuelta pasan por las mismas ciudades, fortalecen a los discípulos —«es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios»— y dejan ancianos en cada iglesia. En Antioquía cuentan que Dios había abierto «la puerta de la fe a los gentiles» Hechos 14:21-27.
El concilio de Jerusalén: ¿circuncidar a los gentiles?
Hechos 15:1-40 Leer esta escena aparte →Unos llegados de Judea enseñan en Antioquía que sin circuncidarse según la ley de Moisés no se puede ser salvo, y Pablo y Bernabé discuten con ellos con fuerza. La iglesia los envía a Jerusalén a tratar el asunto con los apóstoles y los ancianos Hechos 15:1-2. Allí unos fariseos creyentes sostienen lo mismo Hechos 15:5. Pedro recuerda que Dios dio el Espíritu a los gentiles sin hacer diferencia; Bernabé y Pablo cuentan las señales entre los gentiles; y Jacobo propone la decisión: no inquietar a los gentiles que se convierten, pero pedirles que se abstengan de lo contaminado por los ídolos, de la fornicación, de lo ahogado y de la sangre Hechos 15:7-21. La decisión se envía por carta Hechos 15:22-29.
Pablo cuenta además un choque que Hechos no menciona. En Antioquía, Pedro comía con los cristianos gentiles, pero cuando llegaron algunos de parte de Jacobo empezó a apartarse por miedo a los de la circuncisión, y los demás judíos, «aun Bernabé», lo siguieron. Pablo lo enfrentó «cara a cara» delante de todos Gálatas 2:11-14, y de ahí saca la tesis que desarrollará en sus cartas: el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo Gálatas 2:16.
Cuando Pablo propone a Bernabé volver a visitar las iglesias, discuten por Juan Marcos, que los había abandonado en Panfilia. El desacuerdo es tal que se separan: Bernabé se va con Marcos a Chipre y Pablo escoge a Silas Hechos 15:36-40. Años después, en cartas que llevan su nombre, Marcos aparece de nuevo a su lado Colosenses 4:10 2 Timoteo 4:11.
Pablo pasa a Macedonia: Filipos, Tesalónica y Berea
Hechos 16:1—17:15 Leer esta escena aparte →En Listra se une a Pablo Timoteo, hijo de madre judía creyente y de padre griego. Pablo lo circuncida «por causa de los judíos» de la región, que sabían que su padre era griego Hechos 16:1-3. El mismo hombre que se negó a circuncidar a Tito explica en otra carta su criterio: con los judíos se hacía como judío, y con los que no tienen ley, como sin ley 1 Corintios 9:20-22.
Quieren predicar en Asia y en Bitinia, pero el texto dice que el Espíritu no se lo permitió, y llegan a Troas, en la costa del Egeo. Allí Pablo tiene de noche una visión: un macedonio le ruega «pasa a Macedonia y ayúdanos» Hechos 16:6-9. En ese punto el narrador empieza a hablar en primera persona del plural: «procuramos partir» Hechos 16:10.
Cruzan el mar y llegan a Filipos, «colonia» romana y ciudad principal de esa parte de Macedonia Hechos 16:11-12. La primera creyente en Europa es Lidia, una comerciante de púrpura originaria de Tiatira, que los hospeda en su casa Hechos 16:13-15. Cuando Pablo expulsa un espíritu de adivinación de una esclava, los amos, que ganaban dinero con ella, los arrastran ante los magistrados; los azotan con varas y los meten en el cepo Hechos 16:16-24. A medianoche, mientras cantan, un terremoto abre la cárcel; el carcelero, a punto de matarse, se convierte con toda su casa Hechos 16:25-34. Al día siguiente Pablo se niega a salir a escondidas: son ciudadanos romanos y los han azotado públicamente sin juicio. Los magistrados, asustados, tienen que ir a pedirles que se marchen Hechos 16:35-40.
En Tesalónica predica tres sábados en la sinagoga y se forma una comunidad con muchos griegos Hechos 17:1-4. La acusación contra ellos es política: «estos que trastornan el mundo entero» actúan contra los decretos del César diciendo que hay otro rey, Jesús Hechos 17:5-9. De noche lo sacan hacia Berea, donde escudriñan las Escrituras cada día para comprobar lo que dice Hechos 17:10-12, y de allí lo acompañan hasta Atenas Hechos 17:14-15.
Pablo en el Areópago de Atenas: «Al Dios no conocido»
Hechos 17:16-34 Leer esta escena aparte →Mientras espera en Atenas, a Pablo «se le enardecía el espíritu» al ver la ciudad llena de ídolos. Discute en la sinagoga y cada día en la plaza con quien encuentra, también con filósofos epicúreos y estoicos, que lo llaman «palabrero» y creen que anuncia dioses extranjeros Hechos 17:16-18. Lo llevan al Areópago para que explique su doctrina nueva Hechos 17:19-21.
Pablo no empieza por la Escritura, que sus oyentes no conocen. Empieza por un altar que ha visto en la ciudad con la inscripción «al Dios no conocido»: ese es el Dios que viene a anunciarles, el que hizo el mundo y no habita en templos hechos por manos Hechos 17:22-25. Cita a un poeta de ellos —«porque linaje suyo somos»— para argumentar que Dios no puede parecerse a una imagen de oro o de piedra Hechos 17:28-29. Y termina con lo que ellos no pueden aceptar: Dios juzgará al mundo por medio de un hombre al que resucitó de los muertos Hechos 17:30-31.
Al oír lo de la resurrección, unos se burlan y otros le dicen que lo oirán otra vez. Creen unos pocos, entre ellos Dionisio, miembro del Areópago, y una mujer llamada Dámaris Hechos 17:32-34.
Pablo en Corinto con Aquila y Priscila
Hechos 18:1-22 Leer esta escena aparte →En Corinto, Pablo encuentra a Aquila y a su mujer Priscila, judíos recién llegados de Italia «por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma». Tienen su mismo oficio y trabaja con ellos haciendo tiendas Hechos 18:1-3. Llega a la ciudad, dirá después, «con debilidad, y mucho temor y temblor» 1 Corintios 2:3.
Cuando los judíos de la sinagoga se le oponen, Pablo se sacude la ropa y se muda a la casa de Justo, un temeroso de Dios que vivía junto a la sinagoga; Crispo, el principal de la sinagoga, cree con toda su familia Hechos 18:4-8. Una visión nocturna le dice que no tema, y se queda un año y seis meses Hechos 18:9-11.
Los judíos lo llevan ante el procónsul Galión, acusándolo de enseñar un culto contrario a la ley. Galión se niega a juzgar: si fuera un delito lo atendería, pero cuestiones de palabras, nombres y de su ley son asunto de ellos. Los echa del tribunal, y cuando golpean allí mismo a Sóstenes, «a Galión nada se le daba de ello» Hechos 18:12-17.
Después de una breve escala en Éfeso vuelve a Antioquía, y de ahí recorre de nuevo Galacia y Frigia Hechos 18:18-23.
Pablo en Éfeso y el alboroto por la diosa Diana
Hechos 19:1-41 Leer esta escena aparte →Éfeso fue su estancia más larga. Tres meses en la sinagoga y, cuando lo rechazan, dos años enseñando cada día en la escuela de un tal Tirano, de modo que «todos los que habitaban en Asia» oyeron la palabra Hechos 19:8-10. Hechos cuenta curaciones con paños que habían tocado su cuerpo, el fracaso de unos exorcistas judíos que usaban el nombre de Jesús como fórmula, y una quema pública de libros de magia valorados en cincuenta mil piezas de plata Hechos 19:11-19.
Allí decide su plan: pasar por Macedonia y Acaya, subir a Jerusalén y «después… ver también a Roma» Hechos 19:21. Por sus cartas se sabe que esa subida tenía un propósito: llevar una colecta de las iglesias de Macedonia y Acaya para los pobres de Jerusalén 1 Corintios 16:1-4 Romanos 15:25-28, el compromiso que había asumido en Jerusalén Gálatas 2:10.
El conflicto viene esta vez del mercado. Demetrio, un platero que fabricaba templos en miniatura de Diana (Artemisa), reúne a los artesanos: si Pablo convence a la gente de que los dioses hechos a mano no son dioses, se acaba el negocio y se desprestigia el templo de la gran diosa. La ciudad se llena de confusión y la multitud corre al teatro gritando «¡grande es Diana de los efesios!» durante unas dos horas. Algunas autoridades de la provincia, amigas de Pablo, le piden que no entre; el escribano de la ciudad calma a la multitud recordando que hay tribunales para eso Hechos 19:23-41.
Las cartas dejan ver que aquellos años fueron más duros de lo que cuenta Hechos: habla de haber luchado «contra fieras» en Éfeso 1 Corintios 15:32, de una puerta abierta con muchos adversarios 1 Corintios 16:8-9 y de una tribulación en Asia tan grave que llegó a perder la esperanza de salir con vida 2 Corintios 1:8-9.
La despedida de Pablo a los ancianos de Éfeso en Mileto
Hechos 20:17-38 Leer esta escena aparte →De camino a Jerusalén, con prisa por llegar antes de Pentecostés, Pablo no entra en Éfeso: hace llamar a los ancianos de la iglesia a Mileto Hechos 20:16-17. Es el único discurso de Pablo en Hechos dirigido a cristianos, y es una despedida. Recuerda cómo vivió entre ellos, dice que va a Jerusalén «ligado en espíritu», sin saber lo que le espera salvo prisiones y tribulaciones, y que no estima preciosa su vida con tal de acabar su carrera Hechos 20:18-24. Les anuncia que no volverán a ver su rostro y los previene contra «lobos rapaces» Hechos 20:25-31. Cierra con unas palabras de Jesús que no están en ningún evangelio: «más bienaventurado es dar que recibir». Se arrodillan, oran y lloran, abrazados a su cuello Hechos 20:35-38.
El viaje sigue con advertencias. En Tiro, los discípulos le dicen por el Espíritu que no suba a Jerusalén Hechos 21:4. En Cesarea, el profeta Agabo le toma el cinto, se ata con él pies y manos y anuncia que así lo atarán los judíos en Jerusalén y lo entregarán a los gentiles. Todos le ruegan que no vaya, y Pablo responde que está dispuesto «no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús» Hechos 21:10-14.
Pablo arrestado en el templo de Jerusalén
Hechos 21:17—23:35 Leer esta escena aparte →En Jerusalén, Jacobo y los ancianos le plantean un problema: miles de judíos creyentes, todos celosos de la ley, han oído que él enseña a los judíos de la diáspora a abandonar a Moisés. Le proponen que pague los gastos de cuatro hombres que tienen un voto y se purifique con ellos en el templo, para que todos vean que él también guarda la ley. Pablo acepta Hechos 21:17-26.
Unos judíos de Asia lo ven en el templo y lo acusan de haber metido griegos en el lugar santo: lo habían visto antes en la ciudad con Trófimo, un efesio. La ciudad se alborota, lo sacan del templo y quieren matarlo; el tribuno de la guarnición romana llega con soldados, lo arresta y lo ata con dos cadenas Hechos 21:27-33.
Desde las escaleras de la fortaleza, Pablo pide hablar y cuenta en hebreo su historia; la multitud lo escucha hasta que dice que Dios lo envió lejos, a los gentiles, y ahí estalla Hechos 22:1-22. El tribuno manda interrogarlo con azotes, y Pablo pregunta si es lícito azotar a un ciudadano romano sin condenarlo. El castigo se suspende Hechos 22:24-29.
Ante el Sanedrín, al ver que hay fariseos y saduceos, grita que es fariseo y que se le juzga por la esperanza de la resurrección de los muertos; el consejo se divide y los romanos tienen que sacarlo Hechos 23:6-10. Esa noche el Señor le dice que así como ha dado testimonio en Jerusalén, lo dará también en Roma Hechos 23:11. Más de cuarenta hombres juran no comer hasta matarlo; su sobrino se entera de la emboscada y avisa al tribuno, que lo envía de noche a Cesarea, ante el gobernador Félix, con una escolta de cientos de soldados Hechos 23:12-24.
Pablo ante Félix, Festo y Agripa: «A César apelo»
Hechos 24:1—26:32 Leer esta escena aparte →En Cesarea lo acusan de ser «una plaga» y cabecilla de «la secta de los nazarenos». Pablo responde que sirve al Dios de sus padres según el Camino que ellos llaman herejía, creyendo todo lo que está escrito en la ley y los profetas Hechos 24:5-14. Félix aplaza la causa. Lo escucha a veces con su mujer Drusila, se espanta cuando Pablo le habla de justicia, dominio propio y juicio venidero, y lo retiene dos años esperando que le den dinero Hechos 24:22-27.
Su sucesor, Festo, le propone ser juzgado en Jerusalén. Pablo se niega: está ante el tribunal del César y ahí debe ser juzgado. «A César apelo». «A César has apelado; a César irás» Hechos 25:9-12.
Antes del viaje, Festo presenta el caso al rey Agripa II. Pablo vuelve a contar su vida y su encuentro en el camino de Damasco Hechos 26:1-23. Festo lo interrumpe —«estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco»— y Agripa responde a la pregunta directa de Pablo con una frase ambigua: «por poco me persuades a ser cristiano» Hechos 26:24-28. La conclusión de los dos gobernantes es que podía haber sido liberado si no hubiera apelado al César Hechos 26:30-32.
El naufragio de Pablo camino a Roma y la isla de Malta
Hechos 27:1—28:10 Leer esta escena aparte →Pablo embarca con otros presos a cargo de un centurión llamado Julio. En Mira de Licia pasan a una nave alejandrina que iba a Italia y, con vientos contrarios, llegan a duras penas a Buenos Puertos, en la costa sur de Creta Hechos 27:1-8. El texto fija el momento: «pasado ya el ayuno» Hechos 27:9.
El centurión hace más caso al piloto y al dueño de la nave que a Pablo. Zarpan y los alcanza un viento huracanado del nordeste, el Euroclidón; durante muchos días no se ven el sol ni las estrellas, arrojan la carga y los aparejos, y pierden toda esperanza Hechos 27:11-20. Pablo se pone en pie y les dice que un ángel le ha asegurado que comparecerá ante el César y que no se perderá ninguna vida, solo la nave Hechos 27:21-26.
La decimocuarta noche se acercan a tierra. Pablo impide que los marineros huyan en el bote y convence a todos —doscientas setenta y seis personas— de que coman Hechos 27:27-38. La nave encalla y se rompe; los soldados quieren matar a los presos para que no escapen, pero el centurión, «queriendo salvar a Pablo», lo impide, y todos llegan a tierra nadando o sobre tablas Hechos 27:41-44.
La isla es Malta. Sus habitantes los reciben con una humanidad poco común y encienden una hoguera por la lluvia y el frío Hechos 28:1-2. Pablo recoge un montón de ramas y, al echarlas al fuego, una víbora que huye del calor se le prende en la mano. Los isleños sacan su conclusión: este hombre es un asesino, y aunque se ha salvado del mar, la justicia no lo deja vivir. Pablo sacude el animal en el fuego y no sufre ningún daño. Esperan que se hinche o caiga muerto de repente; pasa mucho rato, no le ocurre nada, y cambian de opinión: dicen que es un dios Hechos 28:3-6.
Cerca de allí tenía sus tierras Publio, el principal de la isla, que los hospeda tres días. Pablo ora por su padre, enfermo de fiebre y disentería, le impone las manos y lo sana; después acuden los demás enfermos de la isla y también son curados Hechos 28:7-9. Pasan allí tres meses, y al partir los isleños les dan lo necesario para el viaje Hechos 28:10-11.
Pablo preso en Roma: el final del libro de los Hechos
Hechos 28:11-31 Leer esta escena aparte →Tres meses después siguen en otra nave alejandrina: Siracusa, Regio, Puteoli, en la bahía de Nápoles. Desde allí, por tierra, los hermanos de Roma salen a su encuentro hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; al verlos, Pablo «dio gracias a Dios y cobró aliento» Hechos 28:11-15. En Roma se le permite vivir aparte, con un soldado que lo custodia Hechos 28:16.
Como en todas partes, empieza por los judíos: convoca a los principales de la comunidad, que le dicen que no han recibido cartas contra él, pero que de esa secta se habla mal en todas partes. Discute con ellos un día entero; unos creen y otros no, y Pablo cierra con una cita de Isaías y el anuncio de que la salvación ha sido enviada a los gentiles Hechos 28:17-28.
Hechos termina aquí, sin desenlace: Pablo vive dos años enteros en una casa alquilada, recibe a todos los que van a verlo y predica el reino de Dios «abiertamente y sin impedimento» Hechos 28:30-31. Si, como piensa la tradición, escribe desde Roma la carta a los Filipenses, desde esta prisión cuenta que su situación se ha conocido en todo el pretorio y que para él «el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» Filipenses 1:13 Filipenses 1:21.
Los sufrimientos de Pablo y el aguijón en la carne
2 Corintios 11:22-33 Leer esta escena aparte →Pablo es el personaje bíblico del que más se sabe por sus propias palabras, y en sus cartas aparece lejos del héroe seguro de sí mismo. Sus adversarios de Corinto decían que sus cartas eran duras y fuertes, pero su presencia débil y su palabra despreciable 2 Corintios 10:10. Cuando se ve obligado a defenderse, en lugar de enumerar éxitos enumera sufrimientos: cinco veces los treinta y nueve azotes de los judíos, tres veces azotado con varas, una vez apedreado, tres naufragios, peligros de ríos, de ladrones, de su nación y de los gentiles, hambre, frío, y encima de todo «la preocupación por todas las iglesias» 2 Corintios 11:23-28.
Habla también de una debilidad personal, un «aguijón en mi carne», por el que pidió tres veces ser librado. La respuesta que recibió fue: «bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad» 2 Corintios 12:7-9.
Se consideraba el último y el menor de los apóstoles, indigno del nombre por haber perseguido a la iglesia, y atribuía a la gracia todo lo que había hecho 1 Corintios 15:9-10. Se llamaba a sí mismo apóstol de los gentiles Romanos 11:13 y resumió su programa en una frase que desmontaba las divisiones de su mundo: en Cristo «ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer» Gálatas 3:28. Pero nunca dejó de sentir como propia la suerte de Israel: llega a decir que desearía ser él mismo separado de Cristo por amor a sus hermanos Romanos 9:3.
Pedro habla de Pablo: «cosas difíciles de entender»
2 Pedro 3:15-16 Leer esta escena aparte →Fuera de Hechos y de sus cartas, el Nuevo Testamento solo menciona a Pablo una vez, en 2 Pedro. Lo llama «nuestro amado hermano Pablo», dice que escribió según la sabiduría que le fue dada y reconoce algo que muchos lectores han pensado después: en sus cartas hay «algunas cosas difíciles de entender», que los ignorantes y los inconstantes tuercen, como hacen con las demás Escrituras 2 Pedro 3:15-16.
El pasaje supone que, cuando se escribió 2 Pedro, sus lectores conocían varias cartas de Pablo y que se las ponía al lado de «las demás Escrituras»: cartas escritas para resolver problemas concretos de comunidades concretas se leían ya junto a la ley y los profetas.