También llamado Arca del pacto, Arca del testimonio, Arca de Dios, Arca de Jehová
162Citas enlazadas
El objeto central del santuario de Israel: un cofre de madera de acacia cubierto de oro, con una tapa —el propiciatorio— sobre la que dos querubines extendían las alas. Dentro se guardaba el testimonio del pacto, y desde encima de esa tapa, entre los querubines, el texto dice que Dios hablaba con Moisés. Acompañó al pueblo por el desierto, cruzó el Jordán delante de él, cayó en manos de los filisteos y volvió, entró en Jerusalén con David y terminó en el lugar santísimo del templo de Salomón. Después el relato casi deja de nombrarlo y nunca cuenta su final. No es un amuleto ni una imagen de Dios: es el centro material de una teología de pacto, presencia, santidad y expiación —y por eso mismo importa cada vez menos como objeto a medida que importa más lo que significaba.
Cronología
Su historia en 7 etapas. Toca una para ver sus hitos y de dónde sale cada dato.
Cómo leer las fechas y las procedencias
Intervalo del texto
Duración o distancia en el tiempo que da el propio texto, sin año.
Aproximada
Estimación habitual; el texto no da la fecha.
Procedencia de cada hito:
Antiguo Testamento · Tradición.
Durante la estancia en el Sinaí
Hecha en el Sinaí
Intervalo del texto Durante la estancia en el Sinaí
Dios da el modelo: un cofre de madera de acacia cubierto de oro, con dos querubines sobre la tapa. Éxodo 25:10-22— antiguo testamento
Bezaleel la fabrica siguiendo el modelo punto por punto. Éxodo 37:1-9— antiguo testamento
Solo los levitas coatitas la cargan, y sin tocarla, so pena de muerte. Números 4:15— antiguo testamento
Aproximada Desde la destrucción del templo (587/586 a.C.)
587/586 a.C.Los babilonios saquean el templo; la lista del botín no menciona el arca. 2 Reyes 25:13-17— antiguo testamento
Jeremías había anunciado un tiempo en que nadie la echaría de menos ni se haría otra. Jeremías 3:16— antiguo testamento
Segundo de Macabeos (2:4-8), fuera del canon protestante, cuenta que Jeremías la escondió en una cueva del monte; otras tradiciones la sitúan en Etiopía.— tradición
Las instrucciones llegan en el Sinaí y vienen con medidas: dos codos y medio de
largo por codo y medio de ancho y de alto, en madera de acacia
Éxodo 25:10, cubierta de oro puro por dentro y por fuera
Éxodo 25:11. Alrededor lleva una moldura de oro Éxodo 25:11.
No lleva patas ni asas: lleva cuatro anillos de oro fundidos en sus esquinas y dos
varas de acacia recubiertas de oro que pasan por ellos, con una orden que llama la
atención —las varas no se sacan nunca del arca Éxodo 25:12-15. Es un
objeto pensado desde el primer trazo para moverse.
Encima va una tapa de oro puro, del mismo largo y ancho que el cofre, el
propiciatorioÉxodo 25:17. En sus dos extremos, labrados a martillo
de una sola pieza con la tapa, hay dos querubines enfrentados que la cubren con las
alas extendidas y miran hacia ella Éxodo 25:18-20. Dentro del cofre se
guarda el testimonio Éxodo 25:16, y a esa tapa se le da una función
que no tiene ningún otro mueble del santuario: desde allí, de entre los dos
querubines, Dios dice que se encontrará con Moisés y le hablará
Éxodo 25:22.
Obra de arte
El cofre con sus dos varas y los querubines sobre la tapaLos pies y los querubines con forma de esfinge egipcia son la lectura de Tissot: el texto no describe la figura de los querubines. James Tissot, El arca de la alianza, hacia 1896. Dominio público, vía
Wikimedia Commons.
Nada de esto es adorno gratuito. El oro por dentro y por fuera, la moldura que lo
ciñe, las varas que no se sacan, la tapa labrada de una sola pieza con sus dos
figuras: cada detalle viene mandado, y el texto insiste en que se haga «conforme al
modelo» que se le mostró a Moisés en el monte Éxodo 25:9. La fabrica
Bezaleel siguiéndolo punto por punto Éxodo 37:1-9, y cuando el
tabernáculo queda armado, Moisés pone el testimonio dentro y la coloca en su lugar
Éxodo 40:20-21. Ese mismo día la nube cubre la tienda y la gloria de
Jehová la llena, tanto que ni Moisés puede entrar Éxodo 40:34-35: el
objeto recién terminado queda enseguida asociado a una presencia que lo desborda.
Esquema · reconstrucción a partir del texto
El arca según las piezas que enumera ÉxodoReconstrucción a partir del texto. El grosor de las paredes, la forma de los querubines y muchos detalles no están descritos; los trazos que faltan son elección del dibujo, no del relato. Ningún objeto arqueológico respalda esta imagen.
Antes de que el campamento se mueva, la Ley fija un protocolo estricto. Aarón y sus
hijos —los sacerdotes— entran primero, descuelgan el velo y con él cubren el arca; por
encima le ponen otras cubiertas Números 4:5-6. Solo entonces se acercan
los levitas de la familia de Coat para cargarla, y la llevan con las varas, sin tocar
directamente las cosas santas Números 4:15. La instrucción termina con
una advertencia sin rodeos: si las tocan, mueren Números 4:15. Ni
siquiera pueden mirar cómo se cubren Números 4:20. El arca no va en un
carro: los coatitas no reciben carretas precisamente porque su carga se lleva al hombro
Números 7:9.
Esa misma tapa vuelve a aparecer como el punto donde Dios habla. Cuando Moisés entra en
el tabernáculo, oye la voz que le habla de encima del propiciatorio, de entre los dos
querubines Números 7:89. El arca no es solo un depósito: es el lugar
señalado del encuentro.
Cuando el campamento se pone en marcha desde el Sinaí, el arca va por delante, tres
días de camino, buscando dónde acampar Números 10:33. Moisés tiene una
fórmula para cuando arranca —que Dios se levante y se dispersen sus enemigos— y otra
para cuando se detiene: que vuelva a los millares de Israel Números 10:35-36.
Que vaya delante no la convierte en un salvoconducto. Después del informe de los espías,
el pueblo se arrepiente tarde y decide subir a la montaña por su cuenta; Moisés les
avisa que Dios no está con ellos, y ni él ni el arca se mueven del campamento. Suben de
todos modos y los derrotan Números 14:44-45.
Al llegar al Jordán el río va crecido, desbordado como en todo el tiempo de la siega
Josué 3:15. Los sacerdotes cargan el arca y el pueblo debe mantenerse a
distancia, unos dos mil codos, para saber por dónde ir Josué 3:3-4. En
cuanto los pies de los que la llevan tocan el agua, la corriente se detiene río arriba,
y el pueblo cruza en seco mientras ellos esperan firmes en medio del cauce
Josué 3:16-17.
Obra de arte
Los sacerdotes cargan el arca por el cauce, con el agua detenida detrás James Tissot, El arca pasa el Jordán, hacia 1896–1902. Dominio público, vía
Wikimedia Commons.
En Jericó el arca rodea la ciudad una vez al día durante seis días, con siete sacerdotes
tocando bocinas delante de ella Josué 6:3-4, y siete veces el día séptimo,
tras lo cual el muro se viene abajo Josué 6:15-20. Poco después, cuando
Israel es derrotado en Hai por el pecado de Acán, Josué rasga sus vestiduras y cae a
tierra delante del arca hasta la tarde Josué 7:6. El texto no le atribuye
al objeto una fuerza propia: la victoria y la derrota dependen de si Dios va con ellos.
Terminada la conquista, el arca reposa en Silo, y allí sigue durante el tiempo turbulento
de los jueces. En la crisis desatada por el crimen de Guibeá, cuando las tribus están a
punto de exterminar a Benjamín, van a consultar a Dios, y el texto se detiene a precisar
dónde: el arca del pacto estaba allí en aquellos días, y Finees, nieto de Aarón, ministraba
delante de ella Jueces 20:27-28. Es una de las pocas ventanas al arca entre
Josué y Samuel, y sitúa Silo como su casa antes del desastre.
Porque Silo es también de donde saldrá para no volver. Es el santuario que atiende Elí y
sus hijos 1 Samuel 1:3, y desde ahí se la llevarán al campo de batalla en el
episodio siguiente. El salmista, mucho después, recordará el golpe con crudeza: Dios
«entregó su fortaleza al cautiverio y su gloria a mano del enemigo», y abandonó el
tabernáculo de Silo Salmo 78:60-61.
Después de una derrota, los ancianos de Israel mandan traer el arca desde Silo al campo
de batalla, convencidos de que con ella en medio se salvarán 1 Samuel 4:3-4.
Sale al revés: Israel pierde, mueren los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, y el arca cae en
manos de los filisteos 1 Samuel 4:10-11. Al oír la noticia, Elí cae de su
silla y muere 1 Samuel 4:18, y su nuera, que da a luz ese mismo día, llama
al niño Icabod: la gloria se ha ido de Israel 1 Samuel 4:19-22.
Los filisteos la colocan en el templo de Dagón, en Asdod, como trofeo. A la mañana
siguiente la estatua del dios aparece caída de bruces delante del arca; la vuelven a poner
en su sitio, y al otro día está otra vez en el suelo, con la cabeza y las manos cortadas en
el umbral 1 Samuel 5:1-4. La ciudad se llena de tumores; la llevan a Gat,
luego a Ecrón, y la plaga la sigue 1 Samuel 5:6-12.
A los siete meses deciden devolverla 1 Samuel 6:1. La ponen en un carro
nuevo tirado por dos vacas que están criando, con los becerros encerrados en casa: si las
vacas se alejan de sus crías y tiran hacia Bet-semes, será la prueba de que el mal venía del
Dios de Israel y no del azar 1 Samuel 6:7-9. Las vacas van derecho por el
camino, mugiendo, sin apartarse 1 Samuel 6:12.
Obra de arte
El arca vuelve en un carro tirado por bueyes; delante del templo de Dagón, los ídolos por el sueloEs una de las representaciones del arca más antiguas que se conservan. Junta en una sola escena dos momentos que el texto separa: la caída de Dagón y el regreso en el carro. Pintor anónimo de la sinagoga de Dura Europos, El arca en el templo de Dagón, hacia 244–256 d. C.. Dominio público, vía
Wikimedia Commons.
En Bet-semes mueren hombres por mirar dentro del arca; la cifra depende del manuscrito
1 Samuel 6:19. Los del lugar preguntan quién puede estar delante de un Dios
tan santo, y mandan que se la lleven 1 Samuel 6:20. De allí la suben a
Quiriat-jearim, a casa de Abinadab, cuyo hijo Eleazar queda
consagrado para guardarla 1 Samuel 7:1. El texto cuenta veinte años hasta que
Samuel reúne al pueblo en Mizpa 1 Samuel 7:2-5, pero el arca sigue allí
después: David recordará que en tiempos de Saúl nadie se ocupó de ella
1 Crónicas 13:3, y es de esa casa de donde la saca para subirla a Jerusalén
2 Samuel 6:3. En total, varias décadas (salvo que saliera un momento con Saúl, según cómo se lea 1 Samuel 14:18, donde la traducción griega antigua dice «efod» en lugar de «arca»).
David decide subirla a Jerusalén. La cargan en un carro nuevo, igual que habían hecho los
filisteos 2 Samuel 6:3, y cuando los bueyes tropiezan, Uza extiende la mano
para sujetarla y muere allí mismo, junto al arca 2 Samuel 6:6-7. David,
disgustado y con miedo, no se atreve a llevársela y la deja tres meses en casa de
Obed-edom, cuya casa prospera 2 Samuel 6:8-11.
La Ley ya había previsto cómo se movían los objetos sagrados: a hombros, por los levitas de
la familia de Coat, y sin tocarlos, so pena de muerte Números 4:15. Crónicas
cuenta el segundo intento en esos términos: David reconoce que la primera vez no se hizo
según lo ordenado, y esta vez la llevan los levitas sobre los hombros, con las varas, como
había mandado Moisés 1 Crónicas 15:13-15.
A los seis pasos se ofrece un sacrificio 2 Samuel 6:13, y David danza delante
del arca con todas sus fuerzas. Su mujer, Mical, lo ve desde una ventana y lo desprecia
2 Samuel 6:14-16. La instala en una tienda que le había preparado, y ofrece
sacrificios y bendice al pueblo 2 Samuel 6:17-18.
Ya en Jerusalén, con el reino en paz, a David le pesa un contraste: él vive en una casa de
cedro y el arca sigue bajo una tienda 2 Samuel 7:1-2. Quiere edificarle un
templo. El profeta Natán al principio lo anima, pero esa misma noche recibe otra palabra
2 Samuel 7:3-5: no será David quien haga una casa para Dios; será Dios quien
le haga una casa a David —una dinastía—, y será su hijo el que levante el templo
2 Samuel 7:11-13. El arca, sin moverse de su tienda, queda en el centro de una
promesa que ya no habla de un edificio, sino de un trono que permanecerá.
Salomón la instala en el lugar santísimo del templo, bajo las alas de dos querubines nuevos
1 Reyes 8:6-7, tallados en madera de olivo y de diez codos de alto
1 Reyes 6:23. Las varas son tan largas que sus puntas se ven desde el lugar
santo, y el narrador comenta que así siguen «hasta hoy» 1 Reyes 8:8. Una nube
llena la casa y los sacerdotes no pueden quedarse a ministrar 1 Reyes 8:10-11.
Es la misma escena del desierto, cuando la gloria llenó el tabernáculo recién armado
Éxodo 40:34-35: el arca es el hilo que enlaza el Sinaí, Silo y Jerusalén.
Después el relato casi no vuelve a nombrarla. Siglos más tarde, el rey Josías ordena ponerla
en la casa que edificó Salomón, lo que da a entender que en algún momento la habían sacado de
allí 2 Crónicas 35:3. Cuando los babilonios saquean y destruyen el templo en
587/586 a.C., la lista de lo que se llevan detalla columnas, basas y utensilios de bronce, oro y
plata, y el arca no aparece en ella 2 Reyes 25:13-17. Jeremías había anunciado
un tiempo en que nadie la echaría de menos ni se haría otra Jeremías 3:16.
Una vez al año, en el día de la expiación, el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo —el
único que podía hacerlo para el culto, y solo ese día— y rociaba sangre sobre el propiciatorio y delante de él
Levítico 16:2Levítico 16:14-16. Ahí se juntaban, en un mismo
punto, la presencia, la santidad, la sangre y el perdón. Todo lo que sigue es lectura, no
relato, y va marcado como tal.
Sobre el arca «era invocado el Nombre» de Jehová, «que mora entre los querubines» 2 Samuel 6:2. El punto de la presencia no era una imagen, sino un Nombre y una gloria. Esa misma presencia se hace visible en Jesús: el Verbo «fue hecho carne y habitó entre nosotros» —el verbo evoca poner la tienda— y en él se vio la gloria Juan 1:14; en él «habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» Colosenses 2:9. El que moraba entre los querubines y el que se manifestó en Jesús no son dos: es el mismo y único Dios de Israel Deuteronomio 6:4, cuyo Nombre se invocaba sobre el arca, «manifestado en carne» 1 Timoteo 3:16.
Vale la pena separar los planos, porque sobre el arca circula tanta afirmación segura como
leyenda. La descripción del texto es abundante y detallada: medidas, materiales, cómo se
construyó, cómo se transportaba, para qué servía, dónde estuvo y qué le pasó en cada etapa. Los
paralelos culturales también abundan: el antiguo Cercano Oriente conocía cofres rituales,
muebles revestidos de oro, santuarios portátiles y figuras aladas. Pero de evidencia material
directa no hay ninguna: no se posee el arca. Y de identificación arqueológica tampoco: no
existe ningún objeto que se pueda reconocer razonablemente como ella. Por eso los anuncios
modernos de «haberla encontrado» deben tomarse como afirmaciones sin demostrar, no como
hallazgos establecidos.
Relato paralelo
Relato paralelo
Qué añade, omite o cuenta distinto cada fuente. Las diferencias marcadas no
son erratas: son divergencias reales entre los textos.
Qué había dentro
Los textos no coinciden. Se muestran tal cual, sin forzarlos a decir lo mismo.
Éxodo 16:33-34La vasija con maná se coloca «delante del testimonio», sin decir que vaya dentro del arca.
Números 17:10La vara de Aarón también se guarda «delante del testimonio».
1 Reyes 8:9Cuando entra en el templo de Salomón, dentro no hay nada más que las dos tablas de piedra.
Hebreos 9:4Dentro estaban la urna de oro con el maná, la vara de Aarón que reverdeció y las tablas del pacto.
Quién la construyó
Éxodo 37:1La hace Bezaleel, como parte de las obras del tabernáculo.
Deuteronomio 10:1-5Moisés cuenta en primera persona que él hizo un arca de acacia antes de subir por las segundas tablas, y que las guardó en ella.
Cuántos murieron en Bet-semes
La cifra cambia según el manuscrito; no es una diferencia entre dos libros, sino entre copias del mismo versículo.
1 Samuel 6:19El texto hebreo tradicional suma «cincuenta mil setenta» hombres.
1 Samuel 6:19Otros manuscritos y versiones leen solo «setenta». Las traducciones se reparten entre las dos.
Quién podía cargarla
Los textos reparten el encargo de maneras que no encajan del todo: la Ley lo da a un grupo concreto, y los relatos hablan más de una vez de «sacerdotes».
Números 4:4-15La cargan los coatitas —levitas que no son sacerdotes—, cubierta por los sacerdotes y sin tocarla.
Josué 3:6Al cruzar el Jordán la llevan «los sacerdotes».
1 Crónicas 15:11-15David concluye que solo los levitas deben llevarla, al hombro y con las varas, y así corrige el primer intento fallido.