Daniel es el único de los profetas que la Biblia presenta como funcionario de un imperio extranjero. No predica en las puertas de Jerusalén ni a los desterrados: vive en la corte de Babilonia, entre magos, astrólogos y sátrapas, y sirve a reyes que no son de su pueblo ni de su fe. El libro que lleva su nombre cuenta esa vida en seis relatos (capítulos 1—6) y después deja hablar al propio Daniel en primera persona para contar cuatro visiones (capítulos 7—12).
Esa doble forma explica por qué Daniel se lee de maneras tan distintas. Los relatos son historias de fidelidad en tierra extraña; las visiones pertenecen a la apocalíptica, un género que habla del final de los imperios con bestias, números y ángeles. Y la pregunta de cuándo se escribió el libro, que se trata al final de la ficha, cambia mucho la manera de entender las dos partes.
Daniel y sus compañeros rechazan la comida del rey de Babilonia
Daniel 1:1-21 Leer esta escena aparte →Nabucodonosor sitia Jerusalén en tiempos del rey Joacim y se lleva a Babilonia parte de los utensilios del templo Daniel 1:1-2. También se lleva personas: manda al jefe de sus eunucos, Aspenaz, que escoja muchachos de linaje real y de familias nobles, sin defecto, bien parecidos e instruidos, para enseñarles durante tres años la lengua y las letras de los caldeos y ponerlos después al servicio del rey Daniel 1:3-5. Entre ellos hay cuatro de Judá: Daniel, Ananías, Misael y Azarías, a los que se cambia el nombre por Beltsasar, Sadrac, Mesac y Abed-nego Daniel 1:6-7.
Daniel acepta el nombre y la escuela, pero no la mesa. Propone no contaminarse con la comida y el vino del rey Daniel 1:8, y como el jefe de los eunucos teme por su propia cabeza si los muchachos enflaquecen, Daniel pide al encargado una prueba de diez días a legumbres y agua. Al cabo de ellos, los cuatro tienen mejor aspecto que los que comen de la mesa real Daniel 1:10-15. Dios les da conocimiento en toda ciencia, y a Daniel, además, entendimiento en visiones y sueños; el rey los encuentra diez veces mejores que todos los magos de su reino Daniel 1:17-20. El capítulo cierra con un dato que abarca toda su vida: Daniel continuó hasta el primer año del rey Ciro Daniel 1:21, es decir, hasta el fin del imperio babilonio.
Daniel interpreta el sueño de la estatua de Nabucodonosor
Daniel 2:1-49 Leer esta escena aparte →En el segundo año de su reinado, Nabucodonosor tiene un sueño que lo inquieta y exige a sus sabios algo imposible: que le digan no solo lo que significa, sino también lo que soñó. Si no lo hacen, morirán todos Daniel 2:1-5. Los caldeos responden que no hay hombre en la tierra capaz de eso, y el rey ordena matar a todos los sabios de Babilonia, Daniel y sus compañeros incluidos Daniel 2:10-13.
Daniel pide tiempo, reúne a sus tres amigos para pedir misericordia al Dios del cielo, y el misterio le es revelado en una visión de noche Daniel 2:16-19. Ante el rey, lo primero que hace es quitarse el mérito: ningún sabio puede revelar esto, pero hay un Dios en los cielos que revela los misterios Daniel 2:27-28. El sueño era una gran estatua con cabeza de oro, pecho de plata, vientre de bronce, piernas de hierro y pies de hierro mezclado con barro; una piedra cortada sin mano la golpea en los pies y la desmenuza, y la piedra se convierte en un monte que llena la tierra Daniel 2:31-35. La cabeza de oro es Nabucodonosor; tras él vendrán otros reinos, y en los días de esos reyes Dios levantará un reino que no será jamás destruido Daniel 2:36-44.
El rey cae rostro en tierra ante Daniel, reconoce que su Dios es Dios de dioses, y lo hace gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe de todos los sabios Daniel 2:46-48.
La escritura en la pared en el banquete de Belsasar
Daniel 5:1-31 Leer esta escena aparte →Años después, el rey de Babilonia es Belsasar. En un gran banquete con mil de sus nobles, ya bebido, manda traer los vasos de oro y plata que Nabucodonosor había sacado del templo de Jerusalén, y beben en ellos mientras alaban a sus dioses Daniel 5:1-4. En ese momento aparecen los dedos de una mano que escriben en la pared, frente al candelero, y al rey se le demuda el rostro Daniel 5:5-6. Ninguno de sus sabios sabe leerlo Daniel 5:7-8.
La reina recuerda que en tiempos de Nabucodonosor había un hombre con espíritu de los dioses santos, y Daniel es llamado Daniel 5:10-13. Rechaza los regalos que le ofrecen, pero lee la escritura. Antes, recuerda a Belsasar la historia de su predecesor, humillado hasta vivir como una bestia, y le reprocha que, sabiéndolo, se haya ensoberbecido contra el Señor del cielo Daniel 5:17-23. Las palabras son MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN: Dios ha contado tu reino y le ha puesto fin; has sido pesado en balanza y hallado falto; tu reino ha sido dividido y dado a los medos y a los persas Daniel 5:25-28.
Belsasar cumple su palabra: viste a Daniel de púrpura, le pone un collar de oro y lo proclama tercer señor del reino. Esa misma noche Belsasar muere, y Darío de Media toma el reino Daniel 5:29-31.
Daniel en el foso de los leones
Daniel 6:1-28 Leer esta escena aparte →Bajo Darío, el reino se organiza en ciento veinte sátrapas y, por encima de ellos, tres gobernadores, de los que Daniel es uno. Destaca tanto que el rey piensa ponerlo sobre todo el reino Daniel 6:1-3. Sus colegas buscan de qué acusarlo y no encuentran nada, porque es fiel en su trabajo; concluyen que solo podrán atraparlo por la ley de su Dios Daniel 6:4-5. Convencen al rey de firmar un decreto irrevocable: durante treinta días, quien pida algo a cualquier dios u hombre que no sea el rey será echado al foso de los leones Daniel 6:6-9.
Daniel se entera del decreto, entra en su casa, abre las ventanas de su cámara que dan hacia Jerusalén y ora tres veces al día, como lo hacía antes Daniel 6:10. Lo denuncian. El rey, que lo aprecia, pasa el día buscando cómo librarlo, pero la ley de medos y persas no puede revocarse, y Daniel es arrojado al foso Daniel 6:11-17. Darío pasa la noche en ayuno y sin dormir; al amanecer corre al foso y Daniel le responde: Dios envió su ángel y cerró la boca de los leones Daniel 6:18-22. Los acusadores son echados al foso con sus familias, y el rey decreta que en todo su reino se tema al Dios de Daniel Daniel 6:24-26.
Las cuatro bestias de Daniel y el hijo de hombre
Daniel 7:1-28 Leer esta escena aparte →En el primer año de Belsasar, antes de la escritura en la pared, Daniel tiene un sueño que pone por escrito Daniel 7:1. Ve cuatro bestias que suben del mar agitado: una como león con alas de águila, otra como oso, otra como leopardo con cuatro cabezas, y una cuarta, terrible, con dientes de hierro y diez cuernos, entre los que sale un cuerno pequeño que habla con arrogancia Daniel 7:2-8. Entonces se ponen tronos y se sienta un Anciano de días, de vestido blanco como la nieve; se abren los libros y la bestia es muerta Daniel 7:9-11.
Con las nubes del cielo viene «uno como un hijo de hombre», que se acerca al Anciano y recibe dominio, gloria y un reino que todos los pueblos le servirán y que no será destruido Daniel 7:13-14. Un ser de la visión le explica que las bestias son reyes y que el reino será dado a «los santos del Altísimo» Daniel 7:17-18 Daniel 7:27. Daniel termina turbado y guarda el asunto en su corazón Daniel 7:28.
La oración de Daniel y las setenta semanas
Daniel 9:1-27 Leer esta escena aparte →En el primer año de Darío, Daniel lee en los libros de Jeremías el número de años que había de durar la desolación de Jerusalén: setenta Daniel 9:1-2 Jeremías 25:11. Su reacción no es calcular, sino orar. Con ayuno, cilicio y ceniza, hace una larga confesión en nombre de todo el pueblo: hemos pecado, no hemos escuchado a tus profetas; no presentamos nuestros ruegos confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias Daniel 9:3-6 Daniel 9:18-19.
Mientras ora, a la hora del sacrificio de la tarde, llega Gabriel con una respuesta que reinterpreta la cifra de Jeremías: no setenta años, sino setenta semanas, es decir, setenta periodos de siete, hasta que se ponga fin al pecado y se unja al santo de los santos Daniel 9:21-24. Le siguen una cuenta de siete, sesenta y dos y una semana, un ungido que será quitado y un príncipe que destruirá la ciudad y el santuario y hará cesar el sacrificio Daniel 9:25-27.
La última visión de Daniel: Miguel y la resurrección
Daniel 10:1—12:13 Leer esta escena aparte →La última visión está fechada en el tercer año de Ciro. Daniel lleva tres semanas de luto y ayuno, y está a la orilla del gran río Hidekel, el Tigris, cuando ve a un hombre vestido de lino Daniel 10:1-5. El mensajero le explica que se ha retrasado veintiún días porque «el príncipe del reino de Persia» se le opuso, hasta que vino en su ayuda Miguel, uno de los principales príncipes Daniel 10:12-13.
Sigue una larga profecía sobre los reyes de Persia, un rey poderoso cuyo reino se divide, y las guerras entre «el rey del norte» y «el rey del sur», que termina con un rey que profana el santuario, suprime el sacrificio continuo y pone la abominación desoladora Daniel 11:2-4 Daniel 11:31. Y después, un tiempo de angustia como no lo hubo nunca, en el que Miguel se levanta por el pueblo; muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos para vida eterna y otros para vergüenza perpetua Daniel 12:1-2.
Daniel dice que oyó y no entendió, y pregunta cuál será el final. La respuesta es que las palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. El libro termina con una promesa personal: Daniel descansará y se levantará para recibir su heredad al final de los días Daniel 12:8-9 Daniel 12:13.
¿Cuándo se escribió el libro?
Cómo lo recuerda la Biblia
En el Nuevo Testamento, Jesús cita la «abominación desoladora de que habló el profeta Daniel» al anunciar la destrucción del templo Mateo 24:15 Marcos 13:14, y la carta a los Hebreos incluye entre los héroes de la fe a quienes «taparon bocas de leones» Hebreos 11:33. El Apocalipsis retoma sus imágenes: la bestia que sube del mar con rasgos de leopardo, oso y león, y el Hijo del Hombre de cabello blanco como la lana Apocalipsis 13:1-2 Apocalipsis 1:13-14.