En tiempos de Jesús el judaísmo no era un bloque: había grupos que entendían de manera distinta cómo había que ser fiel a Dios. Los fariseos eran uno de ellos, y el más cercano a la gente. No eran una casta sacerdotal (la mayoría eran laicos) ni, en esa época, un partido político, sino un movimiento de hombres que se proponían cumplir la Ley de Moisés en la vida de cada día, con una tradición de interpretación que guiaba ese cumplimiento. Por eso discuten con Jesús más que nadie: se hacían las mismas preguntas.
Qué eran los fariseos: un movimiento dentro del judaísmo
Los fariseos no eran una nación ni una tribu: eran judíos que formaban parte de un movimiento religioso. Pablo, que había sido uno de ellos, lo llama «la secta más rigurosa de nuestra religión» Hechos 26:5; la palabra griega, haíresis, no tenía todavía el sentido de herejía, sino el de escuela o corriente. Hechos la usa también para los saduceos Hechos 5:17.
La mayoría eran laicos. Entre ellos había maestros de la Ley: Hechos habla de «los escribas de la parte de los fariseos» Hechos 23:9, pero cualquier judío que adoptara su manera de vivir podía ser fariseo: Pablo era hijo de fariseo Hechos 23:6 y había aprendido con Gamaliel Hechos 22:3.
Pureza, diezmo y sábado: la tradición de los ancianos
Lo que más los distinguía era el cuidado con que cumplían ciertas normas: la pureza ritual, el diezmo y el sábado. El fariseo de la parábola resume su piedad en dos prácticas: ayuna dos veces por semana y da el diezmo de todo lo que gana Lucas 18:11-12, y Jesús reprocha a escribas y fariseos diezmar hasta la menta, el eneldo y el comino Mateo 23:23.
Para hacerlo contaban con algo que otros grupos rechazaban: una tradición oral de interpretación, «la tradición de los ancianos». Marcos da un ejemplo: no comen sin lavarse las manos de un modo ritual, ni al volver del mercado sin purificarse, y lavan vasos, jarros y utensilios de metal Marcos 7:3-5. La pureza que la Ley pedía sobre todo para el templo se trasladaba así a la mesa de cada casa.
Las creencias de los fariseos: resurrección y ángeles
Hechos los distingue de los saduceos por su fe: los fariseos creen en la resurrección, en los ángeles y en los espíritus; los saduceos lo niegan Hechos 23:8. Pablo se apoya en esa diferencia cuando lo juzga el Sanedrín: grita que es fariseo y que lo juzgan por la esperanza de la resurrección, y los fariseos presentes salen en su defensa Hechos 23:6-9.
Jesús reconoce su autoridad como maestros de la Ley y a la vez critica su conducta: se sientan en la cátedra de Moisés, y hay que hacer lo que dicen, pero no lo que hacen Mateo 23:2-3.
Los fariseos y Jesús
Discusiones y conflictos de los fariseos con Jesús
En los evangelios, los fariseos vigilan y discuten. Les molesta que los discípulos arranquen espigas en sábado Marcos 2:23-24 y que no sigan la tradición de lavarse las manos Marcos 7:5. Tras una curación en sábado, salen a ponerse de acuerdo con los herodianos para destruirlo Marcos 3:6, y más tarde le envían fariseos y herodianos para atraparlo en alguna palabra Marcos 12:13. Mateo reúne las críticas de Jesús en un discurso: hacen sus obras para ser vistos, ensanchan sus filacterias, recorren mar y tierra para ganar un prosélito Mateo 23:5 Mateo 23:15.
Nicodemo y los fariseos que se acercan a Jesús
El propio Nuevo Testamento matiza esa imagen. Varios fariseos invitan a Jesús a comer Lucas 7:36 Lucas 14:1; otros le avisan de que Herodes quiere matarlo Lucas 13:31. Ante el ciego curado en sábado se dividen: unos dicen que Jesús no viene de Dios, otros que un pecador no puede hacer esas señales Juan 9:16. Nicodemo, «un hombre de los fariseos», va a verlo de noche Juan 3:1-2, pide que no se le condene sin oírlo Juan 7:50-51 y lleva mirra y áloes para su sepultura Juan 19:39.
En el juicio y la muerte de Jesús, en cambio, los fariseos casi desaparecen: quienes actúan son los principales sacerdotes. Juan los muestra reunidos con ellos en el Consejo que decide su muerte, temiendo que los romanos destruyan «nuestro lugar y nuestra nación» Juan 11:47-48.
Gamaliel, Pablo y los fariseos creyentes
Cuando el Sanedrín quiere matar a los apóstoles, es un fariseo, Gamaliel, «doctor de la ley, venerado de todo el pueblo», quien pide que los dejen: si la obra es de hombres, se deshará; si es de Dios, no podrán destruirla Hechos 5:34-39. Hay fariseos que se hacen creyentes, y son ellos quienes plantean en Jerusalén que los gentiles convertidos deben circuncidarse y guardar la Ley Hechos 15:5.
Y está Pablo. Nunca oculta su pasado: «en cuanto a la ley, fariseo… en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible» Filipenses 3:5-6.
Dónde aparece el lugar en el texto, agrupado por el papel que cumple en cada tramo del relato. No es la historia de lo que ocurrió allí, sino en qué contextos lo nombra la Biblia.
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Los fariseos ante Juan el Bautista
Muchos fariseos y saduceos acuden a su bautismo, y Juan los recibe con dureza.
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Discusiones con Jesús sobre el sábado y la pureza
Sobre el sábado, la comida con pecadores, la pureza de las manos y la tradición de los ancianos.
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Fariseos que invitan o avisan a Jesús; Nicodemo
Fariseos que lo invitan a comer, que le avisan de que Herodes quiere matarlo, y Nicodemo.
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El complot con los herodianos y el Consejo
Se ponen de acuerdo con los herodianos y, con los principales sacerdotes, reúnen el Consejo.
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Gamaliel y los fariseos en Hechos
Gamaliel pide prudencia ante los apóstoles; fariseos creyentes piden que los gentiles se circunciden; fariseos del Sanedrín defienden a Pablo.