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Reino de Dios

También: Reino de los cielos · Reinado de Dios · Basileía · Malkut · Venga tu reino

El reinado de Dios: su gobierno efectivo sobre el mundo, que el Antiguo Testamento proclama y espera, y que Jesús anuncia como ya cercano y presente en su propia obra. Más que un territorio, es una acción —Dios que reina—; y su plenitud queda en el futuro. Mateo lo llama casi siempre «reino de los cielos», con el mismo sentido.

En la Biblia

Los salmos proclaman «Jehová reina» (Salmos 93:1). Daniel anuncia un reino que el Dios del cielo levantará y que no será destruido (Daniel 2:44). Jesús comienza su predicación diciendo que «el reino de Dios se ha acercado» (Marcos 1:15) y lo explica con parábolas. Hechos termina con Pablo en Roma «predicando el reino de Dios» (Hechos 28:31).

Etimología

«Reino» traduce el hebreo מַלְכוּת malkut y el griego βασιλεία basileía; ambas palabras significan a la vez «reino» (el territorio o el pueblo gobernado) y «reinado» (el hecho de reinar, la autoridad). En los evangelios predomina el segundo sentido. Mateo dice «reino de los cielos» porque «cielos» funcionaba en el judaísmo de la época como forma respetuosa de nombrar a Dios sin pronunciar su nombre.

«Jehová reina»

La expresión «reino de Dios» casi no aparece en el Antiguo Testamento, pero la idea está en todas partes. El canto del mar Rojo termina: «Jehová reinará eternamente y para siempre» Éxodo 15:18. Cuando Israel pide un rey, Dios le dice a Samuel que no lo han desechado a él, sino a Dios, «para que no reine sobre ellos» 1 Samuel 8:7: el rey verdadero de Israel era Dios. Los salmos lo celebran: «Jehová reina; se vistió de magnificencia» Salmos 93:1, «tu reino es reino de todos los siglos» Salmos 145:11-13.

Pero la experiencia de Israel desmentía ese reinado: derrota, exilio, dominio de imperios extranjeros. De ahí nace la esperanza. Daniel interpreta la estatua del sueño de Nabucodonosor como una sucesión de imperios que una piedra no cortada por mano humana destruye, y anuncia que el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido Daniel 2:44. En otra visión, a «uno como un hijo de hombre» se le da dominio y un reino que no pasará Daniel 7:13-14.

El anuncio de Jesús

Marcos resume la predicación de Jesús en una frase: «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio» Marcos 1:14-15. Es el tema más frecuente de su enseñanza, y lo explica sobre todo con parábolas: una semilla que crece sola mientras el sembrador duerme, un grano de mostaza diminuto que se hace arbusto Marcos 4:26-32. El reino empieza pequeño y oculto.

Jesús presenta sus propias obras como señal de que ya está actuando: «si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios» Mateo 12:28. A los fariseos que preguntan cuándo vendrá, responde que no vendrá con señales visibles, porque «el reino de Dios está entre vosotros» Lucas 17:20-21.

Y al mismo tiempo enseña a pedirlo: «Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra» Mateo 6:10. El reino está presente y a la vez se espera.

Un reino que no es de este mundo

Ante Pilato, acusado de hacerse rey, Jesús responde: «Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían» Juan 18:36. No niega que sea rey; niega que su reino funcione como el de César.

La iglesia primitiva siguió predicándolo. Hechos cierra con Pablo en Roma, bajo custodia, «predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento» Hechos 28:30-31. Y el Apocalipsis anuncia su plenitud: «Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo» Apocalipsis 11:15.

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