Cómo era el altar del incienso del tabernáculo
Éxodo 30:1-6 Leer esta escena aparte →Las instrucciones del santuario parecen terminar con el patio, y entonces el texto vuelve atrás para añadir una pieza: un altar para quemar incienso Éxodo 30:1. Es el más pequeño de todos los muebles: de madera de acacia, cuadrado, de un codo de lado y dos de alto, con cuernos en las cuatro esquinas que salen de la misma pieza Éxodo 30:2. Se cubre de oro puro por arriba, por los lados y en los cuernos, y lleva alrededor una cornisa de oro; debajo de ella, dos anillos a cada lado para las varas de acacia doradas con que se transportaba Éxodo 30:3-5. Bezaleel lo fabricó así Éxodo 37:25-28.
Su lugar es el lugar santo, delante del velo que oculta el arca, frente al propiciatorio, «donde me encontraré contigo» Éxodo 30:6. Era, de todo lo que había fuera del santísimo, la pieza más cercana al arca. A sus lados estaban el candelabro y la mesa de los panes. Cuando el campamento se ponía en marcha, los sacerdotes lo envolvían en un paño azul y una cubierta de pieles, y le metían las varas Números 4:11.
Obra de arte
El incienso de la mañana y de la tarde
Éxodo 30:7-9 Leer esta escena aparte →El servicio del altar estaba unido al del candelabro. Cada mañana, al preparar las lámparas, Aarón quemaba en él incienso aromático, y cada tarde, al encenderlas, otra vez: un incienso continuo delante de Jehová, generación tras generación Éxodo 30:7-8. Era un altar con una sola función. Quedaba prohibido ofrecer en él incienso extraño, holocausto u ofrenda de harina, y derramar libación Éxodo 30:9.
El incienso mismo tenía fórmula propia: cuatro especias aromáticas en partes iguales, mezcladas como lo hace el perfumista, puro y santo, y una parte molida se ponía delante del testimonio. Era «santísimo»: quien hiciera otro igual para olerlo quedaba cortado de su pueblo Éxodo 30:34-38. Moisés quemó el primero cuando instaló el altar Éxodo 40:26-27.
La sangre en los cuernos del altar del incienso
Éxodo 30:10 Leer esta escena aparte →Aunque sobre él no se sacrificaba nada, el altar de oro recibía sangre. Una vez al año el sumo sacerdote hacía expiación sobre sus cuernos con la sangre del sacrificio por el pecado; por eso se le llama «santísimo» Éxodo 30:10. También en los sacrificios por el pecado del sumo sacerdote o de toda la congregación, el sacerdote untaba con sangre sus cuernos, y el resto lo derramaba al pie del altar de bronce del patio Levítico 4:7 Levítico 4:18.
Es decir: cuando la falta era del que oficiaba o de todo el pueblo, la sangre no se quedaba en el patio, sino que entraba en la tienda hasta el altar más cercano al arca. Y en el día de la Expiación, las brasas que el sumo sacerdote llevaba tras el velo, con el incienso que cubría el propiciatorio, salían del altar que estaba delante de Jehová, y el texto no precisa cuál de los dos era Levítico 16:12-13.
El altar de oro del templo de Salomón y el rey Uzías
2 Crónicas 26:16-21 Leer esta escena aparte →En el templo de Salomón, el altar del incienso pasó a ser de cedro cubierto de oro, delante del lugar santísimo 1 Reyes 6:20-22, y figura entre los objetos de oro de la casa, junto a la mesa de los panes 1 Reyes 7:48. Reyes dice además que Salomón, tres veces al año, ofrecía holocaustos en el altar de bronce y quemaba incienso «sobre el altar que estaba delante de Jehová» 1 Reyes 9:25, sin comentar si lo hacía él o por medio de los sacerdotes.
Crónicas cuenta, en cambio, un episodio que muestra hasta dónde llegaba la frontera. El rey Uzías, poderoso y próspero, se enorgullece y entra en el templo para quemar incienso en el altar del incienso 2 Crónicas 26:16. El sacerdote Azarías entra tras él con ochenta sacerdotes y lo confrontan: esa tarea no es suya, sino de los sacerdotes hijos de Aarón, consagrados para ello 2 Crónicas 26:17-18. Uzías se enfurece con el incensario en la mano, y en ese momento, junto al altar del incienso, le brota la lepra en la frente. Lo sacan de allí, y vive leproso, apartado y excluido del templo, hasta su muerte 2 Crónicas 26:19-21.
El ángel se aparece a Zacarías junto al altar del incienso
Lucas 1:8-13 Leer esta escena aparte →El Nuevo Testamento se abre, en Lucas, junto a este altar. Zacarías, sacerdote del turno de Abías Lucas 1:5, oficiaba en el templo cuando le tocó por suerte, según la costumbre sacerdotal, entrar en el santuario a quemar el incienso, mientras toda la multitud oraba fuera a la hora del incienso Lucas 1:8-10. Entonces se le apareció un ángel de pie a la derecha del altar del incienso. Zacarías se turbó, y el ángel le dijo que no temiera: su oración había sido oída, e Isabel su mujer le daría un hijo al que llamaría Juan Lucas 1:11-13.
La escena une lo que el altar significaba en el culto diario: dentro, el sacerdote con el incienso; fuera, el pueblo orando a esa misma hora.
El altar de oro ante el trono en el Apocalipsis
Apocalipsis 8:3-5 Leer esta escena aparte →El Apocalipsis traslada el altar al cielo. Un ángel se pone junto al altar con un incensario de oro, y se le da mucho incienso para ofrecerlo con las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que está delante del trono; el humo sube con las oraciones hasta Dios Apocalipsis 8:3-4. Después el ángel llena el incensario con fuego del altar y lo arroja a la tierra, y hay truenos, relámpagos y un terremoto Apocalipsis 8:5. Más adelante, una voz sale «de entre los cuatro cuernos del altar de oro» Apocalipsis 9:13.
La unión entre incienso y oración ya estaba en los salmos: «Suba mi oración delante de ti como el incienso» Salmos 141:2.