De Nahúm solo se sabe lo que dice la primera línea de su libro: que era de Elcós y que tuvo una visión sobre Nínive Nahúm 1:1. Su libro es el único de los proféticos que se dedica entero a una sola ciudad extranjera, Nínive, y esa ciudad era la capital del imperio que había destruido el reino de Israel, había arrasado Judá en tiempos de Ezequías y lo había mantenido como vasallo durante casi un siglo.
Nahúm: «Jehová es Dios celoso y vengador»
Nahúm 1:1-15 Leer esta escena aparte →El libro empieza con un himno a Dios como juez. Jehová es Dios celoso y vengador; es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable Nahúm 1:2-3. Camina en la tempestad, las nubes son el polvo de sus pies, reprende al mar y lo seca Nahúm 1:3-5. Y en medio de esa fuerza, una frase de refugio: Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia, y conoce a los que en él confían Nahúm 1:7.
A Judá, el poema le anuncia el final de su opresión: Dios romperá el yugo que pesa sobre él Nahúm 1:12-13. Y el capítulo termina con una imagen que Isaías también usa: los pies del mensajero que trae buenas nuevas y anuncia la paz sobre los montes. Judá puede volver a celebrar sus fiestas, porque el malvado no volverá a pasar por su tierra Nahúm 1:15 Isaías 52:7.
Nahúm describe el asalto y el saqueo de Nínive
Nahúm 2:1-13 Leer esta escena aparte →El capítulo 2 es una escena de batalla contada como si ocurriera delante del lector. Sube el destructor contra Nínive, los escudos de sus valientes están teñidos de rojo, los carros corren por las calles como relámpagos Nahúm 2:1 Nahúm 2:3-4. Las puertas de los ríos se abren y el palacio se derrumba Nahúm 2:6. Nínive, antes un estanque de aguas, se vacía; sus defensores huyen y nadie se vuelve Nahúm 2:8. Y llega el saqueo: tomad plata, tomad oro, sus riquezas no tienen fin Nahúm 2:9.
El capítulo termina con una pregunta irónica. ¿Dónde está la guarida de los leones, donde el león despedazaba para sus cachorros y llenaba de presa sus cuevas? Nahúm 2:11-12. El león era un símbolo favorito de los reyes asirios, que se hacían representar cazándolos en los relieves de sus palacios.
Nahúm contra Nínive, ciudad sanguinaria
Nahúm 3:1-19 Leer esta escena aparte →El último capítulo explica por qué. Nínive es ciudad sanguinaria, llena de mentira y rapiña Nahúm 3:1, y el poeta vuelve a la batalla: chasquido de látigo, estruendo de ruedas, caballos al galope, cadáveres sin fin Nahúm 3:2-3. La acusa también de haber seducido y vendido a las naciones con sus hechizos Nahúm 3:4.
Luego le recuerda un precedente. ¿Eres tú mejor que Tebas —No-amón, en el texto—, la ciudad asentada entre los ríos del Nilo, apoyada por Etiopía y Egipto? También ella fue llevada al cautiverio y sus niños fueron estrellados en las esquinas de las calles Nahúm 3:8-10. Lo que Asiria hizo a Tebas le será hecho a ella. El libro termina dirigiéndose al rey de Asiria: tus pastores duermen, tu pueblo se dispersa por los montes y no hay quien lo junte. Todos los que oigan la noticia aplaudirán, «porque ¿sobre quién no pasó continuamente tu maldad?» Nahúm 3:18-19.
Nahúm y Jonás
Los dos únicos libros proféticos dedicados a Nínive dicen cosas opuestas. En Jonás, la ciudad se arrepiente ante la predicación de un profeta y Dios la perdona Jonás 3:10. En Nahúm no hay llamada al arrepentimiento ni posibilidad de perdón: su destino está decidido Nahúm 1:14. Sofonías, contemporáneo de Nahúm, anuncia lo mismo: Dios convertirá Nínive en desolación, seca como un desierto Sofonías 2:13.