Esta vez todos le pedían que no subiera. Pablo vuelve a Galacia y Frigia, pasa casi tres años en Éfeso hasta el motín de los plateros, recorre Macedonia y Grecia reuniendo una colecta para los pobres de Jerusalén y sube allí avisado de que le esperan cadenas.
Cronología
El relato en 8 etapas. Toca una para ver sus hitos y de dónde sale cada dato.
Cómo leer las fechas y las procedencias
Intervalo del texto
Duración o distancia en el tiempo que da el propio texto, sin año.
Aproximada
Estimación habitual; el texto no da la fecha.
Procedencia de cada hito:
Hechos · Cartas.
Sin fecha en el texto; suele situarse entre el 52 o 53 y la primavera del 57
Galacia, Frigia y Apolos
Aproximada Sin fecha en el texto; suele situarse entre el 52 o 53 y la primavera del 57
Tras un tiempo en Antioquía, recorre por orden Galacia y Frigia fortaleciendo a los discípulos. Hechos 18:23— hechos
En Éfeso, Priscila y Aquila exponen con más exactitud el camino de Dios a Apolos, de Alejandría. Hechos 18:26— hechos
Apolos pasa a Acaya y en Corinto demuestra por las Escrituras que Jesús es el Cristo. Hechos 18:27-28— hechos
Trazado estilizado, no un mapa satelital: las costas y los cauces antiguos no
coinciden con los actuales, y varias ubicaciones son aproximadas o debatidas.
Antioquía — Sale otra vez, tras «algún tiempo» allí
Galacia y Frigia — Fortalece a los discípulos. El texto nombra regiones, no ciudades
Éfeso — Casi tres años: la escuela de Tirano, la quema de libros de magia, el motín de los plateros
Macedonia — Recorre la región; Tito llega con noticias de Corinto. El texto no nombra ciudades
Corinto — «Grecia»: tres meses, probablemente en Corinto. Escribe Romanos; complot antes de embarcar
Filipos — Pasa allí la fiesta de los panes sin levadura; vuelve el «nosotros»
Troas — Cinco días de navegación. Eutico cae de la ventana
Asón — Pablo llega por tierra y embarca aquí
Mitilene — En la isla de Lesbos
Mileto — Despedida de los ancianos de Éfeso
Rodas — Escala de una jornada
Pátara — Cambian a un barco que va a Fenicia
Tiro — Siete días; los discípulos le piden que no suba
Tolemaida — Un día con los hermanos
Cesarea — En casa de Felipe; Agabo se ata con el cinto de Pablo
El segundo viaje había terminado en Antioquía, la ciudad de la que Pablo había salido en sus dos viajes anteriores Hechos 18:22. Después de pasar allí algún tiempo, volvió a salir y recorrió por orden la región de Galacia y de Frigia, fortaleciendo a todos los discípulos Hechos 18:23. Hechos dedica a esa etapa un solo versículo: no nombra ciudades, compañeros ni episodios. Si, como piensan muchos, la expresión incluye las ciudades del sur de la provincia de Galacia, Pablo volvía a las iglesias fundadas en el primer viaje, visitadas ya en el segundo Hechos 16:1-6; la cuestión se discute en la ficha de Galacia.
Más tarde, escribiendo desde Éfeso a Corinto, Pablo menciona que había dado instrucciones a las iglesias de Galacia para una colecta 1 Corintios 16:1. Hechos apenas la menciona, pero va a ser el hilo de todo este viaje: dinero de las iglesias gentiles para los pobres de Jerusalén.
Mientras tanto, a Éfeso había llegado un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, hombre elocuente y poderoso en las Escrituras Hechos 18:24. Estaba instruido en el camino del Señor y, con fervor, hablaba y enseñaba con diligencia lo referente al Señor, aunque solo conocía el bautismo de Juan Hechos 18:25. Empezó a hablar con valentía en la sinagoga. Allí lo oyeron Priscila y Aquila, el matrimonio que Pablo había dejado en Éfeso al final del viaje anterior Hechos 18:18-19, que lo tomaron aparte y le expusieron con más exactitud el camino de Dios Hechos 18:26.
Cuando Apolos quiso pasar a Acaya, los hermanos de Éfeso le dieron una carta para que los discípulos de allí lo recibieran. Llegado a Corinto, fue de gran provecho a los creyentes, porque refutaba en público a los judíos con vigor, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo Hechos 18:27-28.
Mientras Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, llegó a Éfeso Hechos 19:1. Era la ciudad en la que, al final del viaje anterior, se le había pedido que se quedara y había prometido volver «si Dios quiere» Hechos 18:20-21.
Allí encontró a unos discípulos y les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo cuando creyeron. Ellos respondieron que ni siquiera habían oído si había Espíritu Santo Hechos 19:1-2. ¿En qué fueron bautizados, entonces? En el bautismo de Juan Hechos 19:3.
Pablo les explicó que Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en el que vendría después de él, es decir, en Jesús. Al oírlo, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús Hechos 19:4-5. Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en lenguas y profetizaban. Eran unos doce hombres Hechos 19:6-7.
En Pentecostés, Pedro había dado una sola respuesta a la pregunta «¿qué haremos?»: arrepentirse, bautizarse en el nombre de Jesucristo y recibir el don del Espíritu Santo Hechos 2:37-38. En Éfeso aparecen los tres elementos. Estos discípulos ya habían recibido el bautismo de arrepentimiento de Juan, pero son bautizados de nuevo, ahora «en el nombre del Señor Jesús», y el Espíritu viene sobre ellos con la misma señal que en Pentecostés y en casa de Cornelio: hablar en lenguas Hechos 2:4Hechos 10:44-46Hechos 19:5-6. El bautismo apostólico se hacía en el nombre de Jesús, el nombre del Dios único manifestado en carne, y el Espíritu se recibe como una experiencia propia, con una señal que se ve y se oye, aunque el orden de los pasos varíe de un caso a otro.
Pablo entró en la sinagoga y durante tres meses habló con valentía, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de DiosHechos 19:8. El final es el de otras ciudades: algunos se endurecieron, no creyeron y hablaban mal del Camino delante de la gente. Pablo se apartó de ellos, separó a los discípulos y siguió discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tirano Hechos 19:9.
Esto duró dos años, de modo que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús Hechos 19:10.
Dios hacía milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que hasta los paños o delantales que habían tocado su cuerpo se llevaban a los enfermos, y las enfermedades se iban y los espíritus malos salían Hechos 19:11-12.
Algunos judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, con una fórmula: «os conjuro por Jesús, el que predica Pablo». Lo hacían siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes Hechos 19:13-14.
El espíritu malo les respondió: a Jesús lo conozco, y sé quién es Pablo; pero ustedes, ¿quiénes son? Y el hombre que tenía el espíritu se lanzó sobre ellos, los dominó y los maltrató de tal modo que huyeron de aquella casa desnudos y heridos Hechos 19:15-16.
La noticia corrió entre los judíos y los griegos de Éfeso; a todos les entró temor, y el nombre del Señor Jesús era engrandecido Hechos 19:17. Muchos de los que habían creído venían confesando y dando cuenta de sus prácticas. Y muchos de los que habían practicado la magia juntaron sus libros y los quemaron delante de todos. Hicieron la cuenta de lo que valían, y resultó ser cincuenta mil piezas de plata Hechos 19:18-19. Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor Hechos 19:20.
Cumplidas estas cosas, Pablo se propuso en espíritu ir a Jerusalén después de recorrer Macedonia y Acaya, y dijo: después de estar allí, me es necesario ver también Roma Hechos 19:21. Envió a Macedonia a dos de sus ayudantes, Timoteo y Erasto, y él se quedó un tiempo más en Asia Hechos 19:22.
Es el punto de giro del relato, y en cierto modo del libro entero. Hasta aquí, los viajes de Pablo iban hacia ciudades nuevas y volvían a Antioquía. Desde este versículo, Hechos tiene dos destinos fijados de antemano, Jerusalén y Roma, y todo lo que queda del libro es el camino hacia ellos.
Por aquel tiempo hubo un alboroto no pequeño acerca del Camino Hechos 19:23. Un platero llamado Demetrio, que hacía templecillos de plata de Diana, daba no poca ganancia a los artesanos. Los reunió con los demás obreros del ramo y les habló claro: de este oficio sacamos nuestra riqueza, y ustedes ven y oyen que, no solo en Éfeso sino en casi toda Asia, ese Pablo ha apartado a mucha gente diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos Hechos 19:24-26. El peligro, añadió, no es solo que nuestro negocio caiga en descrédito, sino que el templo de la gran diosa Diana no sea estimado en nada, y que pierda su majestad aquella a quien venera toda Asia y el mundo entero Hechos 19:27.
Al oír esto, se llenaron de ira y gritaron: «¡Grande es Diana de los efesios!» La ciudad se llenó de confusión. Arrastraron a Gayo y a Aristarco, macedonios compañeros de viaje de Pablo, y se lanzaron a una al teatro Hechos 19:28-29.
Pablo quiso salir ante el pueblo, pero los discípulos no lo dejaron. También algunas de las autoridades de Asia, que eran amigos suyos, le mandaron recado rogándole que no se presentara en el teatro Hechos 19:30-31.
Unos gritaban una cosa y otros otra, porque la concurrencia estaba confusa, y la mayoría no sabía por qué se habían reunido Hechos 19:32. Los judíos empujaron hacia delante a un tal Alejandro, que hizo señal con la mano para defenderse ante el pueblo. Pero cuando se dieron cuenta de que era judío, todos a una voz gritaron durante casi dos horas: «¡Grande es Diana de los efesios!» Hechos 19:33-34.
Finalmente, el escribano de la ciudad calmó a la multitud. ¿Quién no sabe que la ciudad de los efesios es guardiana del templo de la gran diosa Diana y de la imagen venida de Júpiter? Puesto que esto no se puede negar, conviene que se calmen y no hagan nada precipitado Hechos 19:35-36. Estos hombres no son sacrílegos ni han blasfemado contra vuestra diosa. Si Demetrio y sus artesanos tienen pleito contra alguien, hay audiencias y hay procónsules; y si piden otra cosa, se decidirá en asamblea legítima. Porque corremos peligro de ser acusados de sedición por lo de hoy, sin causa con que justificar este tumulto Hechos 19:37-40. Y dicho esto, disolvió la asamblea Hechos 19:41.
Cuando cesó el alboroto, Pablo llamó a los discípulos, los animó, se despidió de ellos y salió hacia Macedonia Hechos 20:1. Recorrió aquellas regiones exhortando a los hermanos con muchas palabras y llegó a Grecia, donde estuvo tres meses Hechos 20:2-3.
Hechos resume en dos versículos lo que, por las cartas, fue uno de los momentos más tensos de la vida de Pablo.
Cuando estaba a punto de embarcarse para Siria, los judíos le tendieron una emboscada, y decidió volver por Macedonia Hechos 20:3. El texto no da detalles del complot. Un barco desde Corinto hacia Siria en vísperas de la Pascua habría ido lleno de judíos que subían a Jerusalén para la fiesta, lo que explica que la ruta por mar fuera la más peligrosa; esa es una reconstrucción, no algo que diga el texto.
Lo acompañaron hasta Asia Sópater de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo Hechos 20:4.
Ellos se adelantaron y «nos esperaron» en Troas. «Nosotros», después de los días de los panes sin levadura, zarpamos de Filipos y en cinco días llegamos a Troas, donde nos quedamos siete días Hechos 20:5-6.
El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les hablaba. Como iba a salir al día siguiente, alargó el discurso hasta la medianoche Hechos 20:7. Había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos Hechos 20:8.
Un joven llamado Eutico estaba sentado en la ventana. Mientras Pablo alargaba su discurso, lo fue venciendo un sueño profundo y, dormido, cayó desde el tercer piso. Lo levantaron muerto Hechos 20:9. Pablo bajó, se echó sobre él, lo abrazó y dijo: no se alarmen, «pues está vivo»; literalmente, «su vida está en él» Hechos 20:10. Después subió, partió el pan, comió y siguió hablando largo rato, hasta el alba, y así salió. Al joven lo llevaron vivo, y quedaron muy consolados Hechos 20:11-12.
Los demás se adelantaron en el barco hasta Asón, donde debían recoger a Pablo, porque él había decidido ir por tierra; el verbo griego sugiere que a pie Hechos 20:13. Por tierra hay unos 30 km; el barco tenía que rodear el cabo Lecto, el extremo suroccidental de la península. El texto no dice por qué Pablo quiso hacer ese tramo solo. En Asón lo recogieron y fueron a Mitilene, en la isla de Lesbos; al día siguiente llegaron frente a Quío, al otro tocaron en Samos y, después de hacer escala en Trogilio, al día siguiente llegaron a MiletoHechos 20:14-15.
Pablo había decidido pasar de largo Éfeso para no detenerse en Asia, porque se apresuraba a estar en Jerusalén, si le era posible, el día de Pentecostés Hechos 20:16. Desde Mileto mandó llamar a los ancianos de la iglesia de Éfeso Hechos 20:17.
Cuando llegaron, Pablo les habló. Es el único discurso de Pablo en Hechos dirigido a creyentes, y es una despedida. Empieza por el pasado: ustedes saben cómo me he comportado entre ustedes todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, con muchas lágrimas y pruebas por las asechanzas de los judíos; no me guardé nada de lo que les era útil, y les enseñé en público y por las casas, llamando a judíos y a griegos al arrepentimiento ante Dios y a la fe en el Señor Jesucristo Hechos 20:18-21.
Después mira hacia delante. Ahora voy a Jerusalén «ligado en espíritu», sin saber lo que allí me ha de acontecer, salvo que el Espíritu Santo me da testimonio en cada ciudad de que me esperan prisiones y tribulaciones Hechos 20:22-23. Pero no estimo mi vida como algo valioso para mí mismo, con tal de acabar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús: dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios Hechos 20:24. Y sé que ninguno de ustedes volverá a ver mi rostro Hechos 20:25.
Les deja un encargo: miren por ustedes y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo los ha puesto como obispos, para apacentar la iglesia del Señor, que él ganó con su propia sangre Hechos 20:28. Después de su partida entrarán lobos rapaces que no perdonarán al rebaño, y de entre ellos mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas para arrastrar discípulos tras de sí. Por eso, velen, y recuerden que durante tres años, de noche y de día, no dejé de amonestar con lágrimas a cada uno Hechos 20:29-31.
Si la iglesia es «de Dios» —como dicen muchos manuscritos, ver la caja siguiente— y él la ganó «con su propia sangre», la frase dice lo mismo que Pablo en otras cartas: que en Jesús era Dios mismo quien se había hecho visible, «manifestado en carne» 1 Timoteo 3:16, y que «Dios estaba en Cristo» reconciliando consigo al mundo 2 Corintios 5:19. La sangre de Jesús es la sangre del Dios único hecho hombre, no la de un segundo ser divino.
Los encomienda a Dios y a la palabra de su gracia Hechos 20:32, y termina con su propio ejemplo: no he codiciado de nadie ni plata ni oro ni vestido; ustedes saben que para lo que necesitábamos yo y los que estaban conmigo me han servido estas manos. Así, trabajando, se debe ayudar a los débiles y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: «más bienaventurado es dar que recibir» Hechos 20:33-35.
Dicho esto, se arrodilló y oró con todos ellos. Hubo gran llanto de todos; se echaban al cuello de Pablo y lo besaban, doloridos sobre todo por lo que había dicho de que no volverían a ver su rostro. Y lo acompañaron al barco Hechos 20:36-38.
Separados de ellos, zarparon y fueron con rumbo directo a Cos, al día siguiente a Rodas, y de allí a Pátara. Allí encontraron un barco que pasaba a Fenicia, y se embarcaron en él Hechos 21:1-2. Al avistar Chipre la dejaron a mano izquierda, navegaron hacia Siria y llegaron a Tiro, porque el barco tenía que descargar allí Hechos 21:3.
Encontraron allí a los discípulos y se quedaron siete días. Ellos, por el Espíritu, decían a Pablo que no subiera a Jerusalén Hechos 21:4.
Pasados aquellos días, salieron. Todos, con sus mujeres y sus hijos, los acompañaron hasta fuera de la ciudad, y en la playa se arrodillaron y oraron. Se despidieron unos de otros; ellos subieron al barco y los demás volvieron a sus casas Hechos 21:5-6.
Terminada la navegación, de Tiro llegaron a Tolemaida, saludaron a los hermanos y se quedaron con ellos un día Hechos 21:7. Tolemaida es la actual Acre, en la costa norte de Israel; el texto no dice si siguieron por mar o por tierra. Al día siguiente salieron y llegaron a Cesarea, donde entraron en casa de Felipe el evangelista, uno de los siete, y se quedaron con él Hechos 21:8. Tenía cuatro hijas solteras que profetizaban Hechos 21:9.
Estando allí muchos días, bajó de Judea un profeta llamado Agabo Hechos 21:10. Vino a verlos, tomó el cinto de Pablo, se ató los pies y las manos y dijo: esto dice el Espíritu Santo: así atarán los judíos en Jerusalén al hombre de quien es este cinto, y lo entregarán en manos de los gentiles Hechos 21:11.
Al oír esto, los compañeros de Pablo y los de aquel lugar le rogaron que no subiera a Jerusalén Hechos 21:12. Pablo respondió: ¿qué hacen llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no solo a ser atado, sino también a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús Hechos 21:13. Como no se dejaba persuadir, desistieron, diciendo: hágase la voluntad del Señor Hechos 21:14.
Después de esos días hicieron los preparativos y subieron a Jerusalén Hechos 21:15. De Cesarea a Jerusalén hay unos 100 km de camino, subiendo desde la costa hasta los montes de Judea, a unos 750 m de altura. Fueron también con ellos algunos discípulos de Cesarea, con un tal Mnasón, de Chipre, discípulo antiguo, en cuya casa iban a hospedarse Hechos 21:16. La Reina-Valera entiende que los de Cesarea traían consigo a Mnasón; el griego puede leerse también como que los llevaron a casa de él. El texto no dice si esa casa estaba en Jerusalén o en el camino.
Cuando llegaron a Jerusalén, los hermanos los recibieron con gozo Hechos 21:17.
El viaje termina como empezó en las cartas: con la colecta. Pablo llega, probablemente con los representantes de las iglesias gentiles, y con el dinero reunido durante años en Galacia, Macedonia y Acaya. Lo que había pedido a los romanos era que oraran por dos cosas: que lo libraran de los que no creían en Judea y que la ofrenda fuera bien recibida Romanos 15:30-31. El recibimiento de los hermanos es lo último que cuenta el viaje.
Lo que pasó después
Al día siguiente, Pablo y sus compañeros —el narrador todavía con ellos— fueron a ver a Santiago —Jacobo, en la Reina-Valera—, el hermano del Señor Gálatas 1:19, y estaban presentes todos los ancianos. Pablo les contó una por una lo que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio, y ellos glorificaron a Dios Hechos 21:18-20. Pero le advirtieron de un rumor: muchos miles de judíos creyentes, celosos de la Ley, habían oído que Pablo enseñaba a los judíos de la diáspora a abandonar a Moisés y a no circuncidar a sus hijos. Le propusieron que pagara los gastos de cuatro hombres que tenían un voto y se purificara con ellos en el templo, para que todos vieran que él también guardaba la Ley Hechos 21:20-24. Pablo aceptó Hechos 21:26.
Hechos no dice si la colecta fue bien recibida. Solo la menciona una vez, de pasada, años después, en boca del propio Pablo Hechos 24:17.
Cuando estaban por cumplirse los siete días de la purificación, unos judíos de Asia lo vieron en el templo, alborotaron a la multitud y lo acusaron de haber metido griegos en el recinto sagrado: habían visto antes con él en la ciudad a Trófimo, el efesio, uno de los compañeros de este viaje, y supusieron que lo había entrado al templo Hechos 21:27-29. Lo sacaron arrastrando del templo y querían matarlo; el tribuno de la guarnición romana intervino y mandó atarlo con dos cadenas Hechos 21:30-33.
Ese arresto abre los últimos capítulos de Hechos: dos años preso en Cesarea, la apelación al César y el viaje por mar a Roma Hechos 24:27Hechos 25:11Hechos 28:16. Pablo llegó a ver Roma, como había dicho en Éfeso Hechos 19:21, pero no como había planeado: llegó preso. Y una noche, ya preso, según Hechos, el Señor se le presentó y le dijo que, como había dado testimonio en Jerusalén, así tenía que darlo también en Roma Hechos 23:11.
Por dónde seguir
Quién:Pablo — su vida completa, con el mapa de todos sus viajes. También Timoteo y Priscila, con Aquila.