Iban a visitar a los hermanos y acabaron al otro lado del mar. Pablo y Silas salen de Antioquía para recorrer las iglesias del primer viaje; con las puertas de Asia cerradas, cruzan a Macedonia y fundan comunidades en Filipos, Tesalónica, Berea y Corinto antes de volver.
Cronología
El relato en 8 etapas. Toca una para ver sus hitos y de dónde sale cada dato.
Cómo leer las fechas y las procedencias
Fecha anclada
Fijada por un dato de fuera de la Biblia que se puede fechar.
Intervalo del texto
Duración o distancia en el tiempo que da el propio texto, sin año.
Aproximada
Estimación habitual; el texto no da la fecha.
Procedencia de cada hito:
Hechos · Fuente externa.
Tras la reunión de Jerusalén; suele situarse entre el 49 o 50 y el 52
Pablo y Silas salen de Antioquía
Aproximada Tras la reunión de Jerusalén; suele situarse entre el 49 o 50 y el 52
Pablo propone a Bernabé volver a las ciudades del primer viaje. Hechos 15:36— hechos
Se separan por Juan Marcos: Bernabé navega con él a Chipre. Hechos 15:39— hechos
Pablo elige a Silas y sale encomendado por los hermanos. Hechos 15:40— hechos
Recorren Siria y Cilicia fortaleciendo a las iglesias. Hechos 15:41— hechos
Trazado estilizado, no un mapa satelital: las costas y los cauces antiguos no
coinciden con los actuales, y varias ubicaciones son aproximadas o debatidas.
Antioquía — Pablo y Bernabé se separan; Pablo sale con Silas
Derbe — Vuelven a las iglesias del primer viaje
Listra — Timoteo se une al grupo
Troas — La visión del macedonio
Filipos — Desembarcan en Neápolis, tras hacer noche en Samotracia. Lidia; azotados y encarcelados
Tesalónica — Por la Vía Egnacia, pasando por Anfípolis y Apolonia; «dicen que hay otro rey»
Berea — Revisan las Escrituras cada día
Atenas — El discurso del Areópago
Corinto — Año y medio; Aquila y Priscila; Galión. Zarpa del puerto de Cencrea
Éfeso — Escala breve; promete volver
Cesarea — Desembarca y «sube» a saludar a la iglesia
Jerusalén — Probable: el texto dice «subió», sin nombrarla
El viaje empieza como una visita. Tras la reunión de Jerusalén, que había resuelto no exigir la circuncisión a los gentiles Hechos 15:19-20, Pablo y Bernabé se quedaron un tiempo en Antioquía enseñando Hechos 15:35. Unos días después, Pablo le propuso a Bernabé volver a ver cómo estaban los hermanos en todas las ciudades donde habían anunciado la palabra del Señor Hechos 15:36: las del primer viaje.
Bernabé quería llevar otra vez a Juan Marcos. Pablo no quería llevar a quien los había dejado en Panfilia y no había seguido con ellos en la obra Hechos 15:37-38. El desacuerdo fue tan fuerte que se separaron: Bernabé tomó a Marcos y navegó a Chipre, su tierra Hechos 15:39Hechos 4:36; Pablo eligió a Silas y salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor Hechos 15:40.
Pablo y Silas recorrieron Siria y Cilicia fortaleciendo a las iglesias Hechos 15:41. Eran las mismas regiones a las que iba dirigida la carta de Jerusalén Hechos 15:23, y las de los primeros años de Pablo después de su conversión Gálatas 1:21.
En Derbe y en Listra, las últimas ciudades del primer viaje, había un discípulo llamado Timoteo, hijo de una judía creyente y de padre griego. Los hermanos de Listra y de Iconio hablaban bien de él Hechos 16:1-2. Las cartas a Timoteo nombran a su abuela Loida y a su madre Eunice, y dicen que conocía las Escrituras desde niño 2 Timoteo 1:52 Timoteo 3:15.
Pablo quiso llevarlo consigo, y lo circuncidó a causa de los judíos de aquellos lugares, porque todos sabían que su padre era griego Hechos 16:3.
Al pasar por las ciudades, entregaban a los hermanos las decisiones de los apóstoles y los ancianos de Jerusalén para que las guardaran; las iglesias se afianzaban en la fe y crecían en número cada día Hechos 16:4-5.
Con Timoteo el grupo queda completo. Él será, junto con Silas, el nombre que acompaña a Pablo en el encabezado de las cartas a las iglesias que van a nacer en este viaje 1 Tesalonicenses 1:12 Tesalonicenses 1:1, y Pablo escribirá de él que había servido con él en el evangelio «como hijo a padre» Filipenses 2:22.
Hasta aquí, el viaje había sido la visita prevista. A partir de aquí, el texto cuenta una serie de caminos cerrados.
Atravesaron Frigia y la región de Galacia, porque el Espíritu Santo les impidió anunciar la palabra en Asia. Al llegar a la altura de Misia intentaron entrar en Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Entonces, pasando junto a Misia, bajaron a Troas Hechos 16:6-8.
En Troas, Pablo tuvo de noche una visión: un hombre de Macedonia, de pie, le rogaba «pasa a Macedonia y ayúdanos» Hechos 16:9. En cuanto la vio, dice el texto, «procuramos partir» hacia Macedonia, convencidos de que Dios los llamaba a anunciar allí el evangelio Hechos 16:10.
Es el punto de giro del relato. Hasta ahora todo el recorrido había sido volver a lo conocido; desde aquí, cada ciudad será nueva.
Zarparon de Troas y navegaron derecho a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis Hechos 16:11. Son unos 200 km de mar, con escala en Samotracia, una isla con una montaña de más de 1.600 m que se ve desde lejos. Años después, el mismo viaje en sentido contrario les llevará cinco días Hechos 20:6. El texto no explica la diferencia; se suele atribuir a los vientos.
Desde Neápolis, el puerto, subieron unos 15 km hasta Filipos, «ciudad principal de esa parte de Macedonia, y colonia», y se quedaron allí algunos días Hechos 16:12.
El sábado salieron fuera de la puerta, junto a un río, donde pensaban que había un lugar de oración, y se sentaron a hablar con las mujeres que se habían reunido Hechos 16:13. En las ciudades anteriores el texto los lleva siempre a la sinagoga; en Filipos no menciona ninguna.
Una de ellas se llamaba Lidia. Era vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, y adoraba a Dios; el Señor le abrió el corazón para que atendiera a lo que Pablo decía Hechos 16:14.
Lidia se bautizó con toda su casa y les rogó: si juzgan que soy fiel al Señor, vengan a quedarse en mi casa. Y los obligó a aceptar Hechos 16:15. Es el primer bautismo de una «casa» en este viaje; vendrá el del carcelero Hechos 16:33, y de Crispo se dirá que creyó con toda su casa Hechos 18:8. En el mundo antiguo, la casa incluía a la familia, los esclavos y los dependientes, y el texto no dice quiénes la formaban en cada caso: si había niños o no es justamente lo que discuten las iglesias que bautizan a niños y las que solo bautizan a creyentes (ver bautismo). La primera comunidad de Macedonia empieza en la casa de una mujer extranjera; al salir de la ciudad, el grupo volverá allí a despedirse de los hermanos Hechos 16:40.
Un día, yendo al lugar de oración, les salió al encuentro una esclava que tenía un espíritu de adivinación y daba mucho dinero a sus amos adivinando Hechos 16:16. Seguía a Pablo y a los demás gritando: estos hombres son siervos del Dios Altísimo y les anuncian el camino de la salvación. Lo hizo durante muchos días, hasta que Pablo, molesto, se volvió y dijo al espíritu: en el nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella. Y salió en ese mismo momento Hechos 16:17-18.
Sus amos, al ver que se les había ido la esperanza de ganancia, agarraron a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza, ante las autoridades Hechos 16:19. Pero la acusación que presentaron a los magistrados no habló de dinero: estos hombres alborotan nuestra ciudad; son judíos y enseñan costumbres que a nosotros, que somos romanos, no nos está permitido aceptar ni practicar Hechos 16:20-21.
La multitud se levantó contra ellos; los magistrados les arrancaron la ropa y mandaron azotarlos con varas. Después de muchos golpes los echaron a la cárcel, y el carcelero, con orden de custodiarlos bien, los metió en el calabozo de dentro y les sujetó los pies en el cepo Hechos 16:22-24.
Los detenidos son Pablo y Silas. Timoteo no aparece en la escena, ni tampoco el «nosotros» del narrador, que se interrumpe aquí Hechos 16:17.
A medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban Hechos 16:25. De repente hubo un terremoto tan fuerte que se sacudieron los cimientos de la cárcel; al instante se abrieron todas las puertas y a todos se les soltaron las cadenas Hechos 16:26.
El carcelero se despertó, vio las puertas abiertas y sacó la espada para matarse, pensando que los presos se habían escapado. Pablo le gritó que no se hiciera daño, que estaban todos allí Hechos 16:27-28.
Pidió luz, entró corriendo y, temblando, se echó a los pies de Pablo y de Silas. Los sacó fuera y les preguntó: señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme? Le respondieron: cree en el Señor Jesús y serás salvo, tú y tu casa Hechos 16:29-31. Les anunciaron la palabra del Señor a él y a todos los de su casa Hechos 16:32. El texto añade que la palabra se anunció a todos, y que el carcelero se alegró con toda su casa de haber creído Hechos 16:34. Y la pregunta del carcelero tiene un eco en la misma escena: «el camino de salvación» era lo que la esclava había gritado por las calles Hechos 16:17.
A esa misma hora de la noche les lavó las heridas, y enseguida se bautizó él con todos los suyos. Los llevó a su casa, les puso la mesa y se alegró con toda su familia de haber creído en Dios Hechos 16:33-34.
El texto cierra el círculo sin comentarlo: el hombre que les había sujetado los pies en el cepo es el que les lava las heridas.
Al hacerse de día, los magistrados enviaron a los lictores con la orden de soltar a aquellos hombres, y el carcelero se lo comunicó a Pablo: pueden salir e irse en paz Hechos 16:35-36.
Pablo se negó. Nos azotaron públicamente sin juicio, siendo ciudadanos romanos, nos echaron a la cárcel, ¿y ahora nos sacan a escondidas? De ninguna manera: que vengan ellos mismos a sacarnos Hechos 16:37.
Los lictores se lo contaron a los magistrados, que tuvieron miedo al saber que eran romanos. Fueron en persona a pedirles disculpas, los sacaron y les rogaron que se marcharan de la ciudad Hechos 16:38-39. Ellos salieron de la cárcel, fueron a casa de Lidia, vieron a los hermanos, los animaron y se fueron Hechos 16:40.
Siguieron por la Vía Egnacia hacia el oeste, pasando por Anfípolis y Apolonia, hasta Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos Hechos 17:1: unos 150 km en tres etapas. Tesalónica era la capital de la provincia romana de Macedonia y su gran puerto.
Pablo, como tenía por costumbre, entró en la sinagoga, y durante tres sábados discutió con ellos a partir de las Escrituras. Explicaba y demostraba que el Mesías tenía que padecer y resucitar, y que ese Mesías era Jesús, el que él les anunciaba Hechos 17:2-3. Algunos judíos se convencieron y se unieron a Pablo y a Silas, y también una gran multitud de griegos que adoraban a Dios y no pocas mujeres principales Hechos 17:4.
Los judíos que no creyeron, llenos de celos, reunieron a unos hombres malvados de la plaza, formaron una turba y alborotaron la ciudad. Asaltaron la casa de Jasón buscando a Pablo y a Silas para sacarlos ante la asamblea del pueblo Hechos 17:5. Como no los encontraron, arrastraron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad gritando: estos que trastornan el mundo entero han venido también aquí, y Jasón los ha recibido; todos ellos actúan contra los decretos del César, diciendo que hay otro rey, Jesús Hechos 17:6-7.
La acusación alarmó a la gente y a las autoridades, que exigieron a Jasón y a los demás una fianza y los soltaron Hechos 17:8-9.
Esa misma noche, los hermanos enviaron a Pablo y a Silas a Berea, unos 70 km al suroeste, fuera de la Vía Egnacia. Al llegar fueron a la sinagoga Hechos 17:10.
Los de Berea, dice el texto, eran de mejor disposición que los de Tesalónica: recibieron la palabra con toda avidez y examinaban las Escrituras cada día para ver si lo que se les decía era así Hechos 17:11. Creyeron muchos de ellos, y también no pocas griegas distinguidas y hombres Hechos 17:12.
Cuando los judíos de Tesalónica supieron que Pablo anunciaba la palabra en Berea, fueron allí también a agitar a la gente Hechos 17:13. Los hermanos hicieron salir enseguida a Pablo hacia el mar; Silas y Timoteo se quedaron. Los que acompañaban a Pablo lo llevaron hasta Atenas y volvieron con el encargo de que Silas y Timoteo se reunieran con él lo antes posible Hechos 17:14-15.
Por primera vez en el viaje, Pablo queda solo. De Berea a Atenas hay más de 300 km en línea recta; el texto no dice si los hizo por mar o por tierra.
Mientras los esperaba en Atenas, a Pablo se le encendía el espíritu al ver la ciudad llena de ídolos Hechos 17:16. Discutía en la sinagoga con los judíos y con los que adoraban a Dios, y cada día en la plaza con quien se encontrara Hechos 17:17.
Algunos filósofos epicúreos y estoicos conversaban con él. Unos decían: ¿qué querrá decir este charlatán? Otros: parece que anuncia divinidades extranjeras. Era, explica el texto, porque les anunciaba a Jesús y la resurrección Hechos 17:18.
Lo tomaron y lo llevaron al Areópago, y le pidieron que explicara esa enseñanza nueva, porque les traía cosas extrañas a los oídos. El narrador añade, con ironía, que los atenienses y los extranjeros que vivían allí no se ocupaban de otra cosa que de decir u oír la última novedad Hechos 17:19-21.
Pablo, de pie en medio del Areópago, empezó por lo que había visto: los atenienses eran, en todo, muy religiosos, y al recorrer la ciudad había encontrado un altar con esta inscripción: «Al Dios no conocido». Ese al que ellos veneraban sin conocerlo era el que venía a anunciarles Hechos 17:22-23.
El discurso no cita la Escritura, que sus oyentes no conocían. Habla del Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que no habita en templos hechos por manos humanas ni necesita nada, porque es él quien da a todos la vida y el aliento Hechos 17:24-25. De un solo hombre hizo a todas las naciones, les fijó sus tiempos y sus fronteras, para que buscaran a Dios, que no está lejos de ninguno Hechos 17:26-27. Porque en él vivimos, nos movemos y existimos, como dijeron algunos de sus propios poetas: «porque también somos linaje suyo». Y si somos linaje de Dios, no se puede pensar que la divinidad se parezca al oro, la plata o la piedra labrados por arte humano Hechos 17:28-29.
Solo al final aparece lo que los separa. Dios había pasado por alto los tiempos de ignorancia, pero ahora manda a todos, en todas partes, que se arrepientan, porque ha fijado un día en que juzgará al mundo con justicia por medio de un hombre que él designó, y ha dado garantía de ello a todos al resucitarlo de entre los muertos Hechos 17:30-31.
Al oír hablar de resurrección de muertos, unos se burlaron y otros dijeron: te oiremos sobre esto otra vez. Así salió Pablo de en medio de ellos Hechos 17:32-33. Algunos se unieron a él y creyeron, entre ellos Dionisio, el areopagita, una mujer llamada Dámaris y otros con ellos Hechos 17:34.
Después de esto, Pablo salió de Atenas y llegó a Corinto Hechos 18:1, unos 80 km al oeste, al otro lado del istmo.
Allí encontró a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién llegado de Italia con su mujer Priscila, porque el emperador Claudio había mandado que todos los judíos salieran de Roma. Pablo fue a verlos y, como era del mismo oficio, se quedó con ellos y trabajaban juntos: eran fabricantes de tiendas Hechos 18:2-3. Cada sábado discutía en la sinagoga y trataba de convencer a judíos y a griegos Hechos 18:4.
El oficio no es un detalle menor. Pablo trabajaba con sus manos para no depender de nadie, y lo recordará a las iglesias de este viaje 1 Tesalonicenses 2:91 Corintios 4:12. La casa de Aquila y Priscila le daba techo, taller y trabajo.
Cuando Silas y Timoteo bajaron de Macedonia, Pablo se dedicó por entero a la palabra, dando testimonio a los judíos de que Jesús era el Mesías Hechos 18:5.
Como ellos se oponían y lo insultaban, Pablo se sacudió la ropa y les dijo: que su sangre caiga sobre su cabeza; yo estoy limpio. Desde ahora me iré a los gentiles Hechos 18:6. La fórmula viene de Ezequiel: el centinela que ha dado la alarma queda libre de la sangre de quien no la atiende Ezequiel 33:4-6. Pablo la usará otra vez al despedirse de los ancianos de Éfeso Hechos 20:26. Es la segunda vez que anuncia que se vuelve a los gentiles; la primera fue en Antioquía de Pisidia, en el viaje anterior Hechos 13:46.
Se fue de allí y entró en casa de un hombre llamado Justo, que adoraba a Dios y cuya casa estaba pegada a la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa, y muchos corintios que lo oían creían y se bautizaban Hechos 18:7-8. Pablo lo recordará: de los corintios, él mismo bautizó a muy pocos, y el primero que nombra es Crispo 1 Corintios 1:14.
Una noche el Señor le dijo en una visión: no tengas miedo; sigue hablando y no calles, porque yo estoy contigo y nadie te pondrá la mano encima para hacerte daño, porque tengo mucho pueblo en esta ciudad Hechos 18:9-10. Y se quedó allí un año y seis meses, enseñando la palabra de Dios Hechos 18:11.
La palabra «pueblo» (laós) es la que Hechos usa casi siempre para Israel. Aquí se aplica a los que todavía no han creído en una ciudad griega, y recoge lo que Santiago había dicho en Jerusalén: que Dios había visitado a los gentiles «para tomar de ellos pueblo para su nombre» Hechos 15:14.
Siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo y lo llevaron al tribunal, acusándolo de persuadir a la gente a adorar a Dios de un modo contrario a la ley Hechos 18:12-13.
Pablo iba a empezar a hablar cuando Galión se adelantó: si se tratara de un delito o de un crimen grave, sería razonable que los escuchara; pero si son cuestiones de palabras, de nombres y de su propia ley, arréglenlo ustedes, porque yo no quiero ser juez de esas cosas Hechos 18:14-15. Y los echó del tribunal Hechos 18:16.
Entonces todos agarraron a Sóstenes, el jefe de la sinagoga, y lo golpearon delante del tribunal. Y a Galión nada de eso le importaba Hechos 18:17.
Pablo se quedó todavía muchos días. Después se despidió de los hermanos y se embarcó hacia Siria con Priscila y Aquila. En Cencrea se había rapado la cabeza, porque tenía hecho un voto Hechos 18:18.
Llegaron a Éfeso, y allí Pablo dejó a Priscila y a Aquila. Él entró en la sinagoga y discutió con los judíos. Le pidieron que se quedara más tiempo, pero no quiso; se despidió diciéndoles que, si Dios quería, volvería, y zarpó de Éfeso Hechos 18:19-21.
Desembarcó en Cesarea, subió a saludar a la iglesia y después bajó a Antioquía Hechos 18:22.
El viaje termina donde empezó, en Antioquía, pero ya no es el mismo grupo que salió: Bernabé se había ido por su lado, Hechos ya no menciona a Silas ni a Timoteo, y Priscila y Aquila, en Éfeso.
Lo que pasó después
El descanso fue corto. Después de pasar algún tiempo en Antioquía, Pablo salió otra vez y recorrió por orden la región de Galacia y Frigia, fortaleciendo a los discípulos Hechos 18:23: empieza el tercer viaje, que lo llevará a quedarse en Éfeso. Allí ya estaban Priscila y Aquila, que acogieron a Apolos, un judío de Alejandría elocuente en las Escrituras, y le explicaron con más exactitud el camino de Dios Hechos 18:24-26. Apolos pasó después a Corinto; Pablo lo resumirá así: «yo planté, Apolos regó» 1 Corintios 3:6.
Las comunidades de este viaje no se quedaron solas. Pablo les escribió, y esas cartas son la mejor ventana a lo que había dejado en ellas.
Las nuevas iglesias pronto dieron colaboradores propios. En el tercer viaje acompañan a Pablo Sópater de Berea, Aristarco y Segundo de Tesalónica Hechos 20:4, y Aristarco irá con él en el barco hacia Roma Hechos 27:2. De Priscila y Aquila, Pablo escribirá que arriesgaron la vida por él Romanos 16:3-4, y en Cencrea, el puerto de donde salió, habrá una iglesia con su propia servidora, Febe Romanos 16:1-2.
Silas, en cambio, desaparece de Hechos tras su llegada a Corinto Hechos 18:5. La primera carta de Pedro nombra a un «Silvano» como el hermano por medio del cual escribe 1 Pedro 5:12; que sea el mismo es probable, pero no seguro. Y de Bernabé el libro no vuelve a hablar después de su barco a Chipre, aunque Pablo lo menciona años más tarde como alguien que seguía trabajando como él 1 Corintios 9:6, y Marcos, el motivo de la ruptura, reaparecerá a su lado Colosenses 4:102 Timoteo 4:11.
Por dónde seguir
Quién:Pablo — su vida completa, con el mapa de todos sus viajes.