Gabriel anuncia a Zacarías en el templo el nacimiento de Juan
Lucas 1:5-25 Leer esta escena aparte →La historia de Juan empieza antes de que nazca, en tiempos de Herodes, rey de Judea. Su padre, Zacarías, era un sacerdote de la clase de Abías, y su madre, Elisabet, descendía de Aarón. Los dos eran justos delante de Dios, pero no tenían hijos, porque Elisabet era estéril y ambos eran ya de edad avanzada Lucas 1:5-7.
Le toca en suerte a Zacarías entrar en el santuario a ofrecer el incienso, mientras el pueblo ora fuera. Allí se le aparece un ángel junto al altar y le anuncia que Elisabet le dará un hijo, al que llamará Juan Lucas 1:8-13. El ángel describe al niño: será grande delante de Dios, no beberá vino ni sidra, estará lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre y hará volver a muchos de Israel a su Dios. E irá delante del Señor «con el espíritu y el poder de Elías», para hacer volver los corazones de los padres a los hijos y preparar al Señor un pueblo bien dispuesto Lucas 1:14-17. Son las palabras con que termina el profeta Malaquías Malaquías 4:5-6.
Zacarías no lo cree y pide una señal. El ángel se presenta como Gabriel y le anuncia que quedará mudo hasta que se cumpla lo dicho. Cuando sale, no puede hablar, y el pueblo comprende que ha visto una visión. Poco después, Elisabet concibe Lucas 1:18-25. Ver la ficha de Zacarías.
Juan salta en el vientre de Elisabet al llegar María
Lucas 1:39-45 Leer esta escena aparte →Seis meses después, el mismo Gabriel anuncia a María, en Nazaret, que concebirá un hijo, y le da como señal que su parienta Elisabet, a la que llamaban estéril, está ya en su sexto mes Lucas 1:36-37. María sube deprisa a «una ciudad de Judá en la montaña» y entra en casa de Zacarías. Al oír su saludo, la criatura salta en el vientre de Elisabet, que, llena del Espíritu Santo, la llama «la madre de mi Señor» Lucas 1:39-45.
Es el primer encuentro entre Juan y Jesús: Elisabet dice que la criatura saltó de alegría en su vientre Lucas 1:44. Ver la ficha de Elisabet.
Nacimiento de Juan y su nombre en la montaña de Judea
Lucas 1:57-80 Leer esta escena aparte →Cuando nace el niño, los vecinos y parientes se alegran con Elisabet. Al octavo día, en la circuncisión, quieren llamarlo Zacarías, como su padre, pero ella se opone: «No; se llamará Juan». Le replican que nadie en su familia se llama así, y preguntan por señas a Zacarías, que pide una tablilla y escribe: «Juan es su nombre». En ese momento recupera el habla y bendice a Dios Lucas 1:57-64. La noticia corre por toda la montaña de Judea, y la gente se pregunta: «¿Quién, pues, será este niño?» Lucas 1:65-66.
Zacarías, lleno del Espíritu Santo, pronuncia un canto de alabanza, el Benedictus, que termina hablando de su hijo: «Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos», para dar a conocer la salvación por el perdón de los pecados Lucas 1:67-79.
Lucas resume en una frase todos los años siguientes: el niño crecía y se fortalecía en espíritu, «y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel» Lucas 1:80. No dice nada más de su infancia ni de su juventud.
Juan predica en el desierto de Judea y bautiza en el Jordán
Lucas 3:1-18 Leer esta escena aparte →Lucas fecha con cuidado el comienzo de su predicación: en el año quince del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea y Herodes tetrarca de Galilea, y en tiempo de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, «vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto» Lucas 3:1-2. Es decir, hacia los años 28 o 29 d. C.
Juan recorre la región del Jordán predicando «el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados» Lucas 3:3. Marcos dice que salían a él toda la provincia de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados en el río confesando sus pecados Marcos 1:4-5. Los evangelios ven en él la voz que anunció Isaías: «Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor» Isaías 40:3 Marcos 1:2-3.
Su aspecto era el de un profeta antiguo: vestía de pelo de camello, llevaba un cinto de cuero y comía langostas y miel silvestre Mateo 3:4. Así se describía a Elías: «un varón que tenía vestido de pelo, y ceñía sus lomos con un cinturón de cuero» 2 Reyes 1:8.
Su predicación era dura. A los que venían a bautizarse les decía: «¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?». No bastaba con decir «Tenemos a Abraham por padre», porque Dios puede levantar hijos a Abraham aun de las piedras, y el hacha ya estaba puesta a la raíz de los árboles Lucas 3:7-9. Mateo dirige estas palabras a los fariseos y saduceos que venían a su bautismo Mateo 3:7-10.
Cuando la gente pregunta qué debe hacer, Juan responde con cosas concretas: el que tiene dos túnicas, que dé al que no tiene, y lo mismo con la comida; a los publicanos, que no cobren más de lo establecido; a los soldados, que no extorsionen ni calumnien a nadie y se contenten con su salario Lucas 3:10-14.
La gente empieza a preguntarse si Juan será el Cristo. Él responde: «Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego» Lucas 3:15-18. Desatar el calzado era una de las tareas del esclavo; Juan se pone por debajo de ella.
Juan ante los enviados de Jerusalén en Betábara: «Yo no soy el Cristo»
Juan 1:19-28 Leer esta escena aparte →El evangelio de Juan cuenta que los dirigentes de Jerusalén envían sacerdotes y levitas a preguntarle quién es. Juan responde sin rodeos: «Yo no soy el Cristo». Tampoco Elías, ni «el profeta». Cuando insisten, se define con las palabras de Isaías: «Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor» Juan 1:19-23. No dice quién es, sino para qué está.
Le preguntan por qué bautiza, entonces, y responde que en medio de ellos está uno a quien no conocen, que viene después de él. El evangelista sitúa la escena en Betábara, «al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando» Juan 1:24-28.
Juan bautiza a Jesús en el Jordán
Mateo 3:13-17 Leer esta escena aparte →Jesús llega desde Galilea al Jordán para ser bautizado por Juan. Juan se resiste: «Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». Jesús le responde: «Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia», y Juan lo bautiza. Al salir del agua, los cielos se abren, el Espíritu de Dios desciende como paloma y una voz dice desde el cielo: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» Mateo 3:13-17.
Marcos cuenta lo mismo con más brevedad Marcos 1:9-11. Lucas, antes de narrar el bautismo, ya ha contado que Juan fue encarcelado, y no lo nombra en la escena Lucas 3:19-22. Las diferencias entre los cuatro relatos están en la tabla de relatos paralelos de esta ficha.
Juan señala a Jesús como el Cordero de Dios y dos discípulos lo siguen
Juan 1:29-42 Leer esta escena aparte →En el evangelio de Juan, el Bautista ve venir a Jesús y dice: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Y da testimonio: él no lo conocía, pero el que lo envió a bautizar le dijo que aquel sobre quien viera descender y permanecer el Espíritu sería el que bautiza con Espíritu Santo. «Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios» Juan 1:29-34.
Al día siguiente, Juan está con dos de sus discípulos. Al ver pasar a Jesús, repite: «He aquí el Cordero de Dios». Los dos lo oyen y siguen a Jesús. Uno de ellos es Andrés, que va a buscar a su hermano Simón y le dice: «Hemos hallado al Mesías» Juan 1:35-42. Los primeros discípulos de Jesús vienen del grupo de Juan, y es Juan quien les señala a Jesús.
Juan bautiza en Enón: «Es necesario que él crezca»
Juan 3:22-30 Leer esta escena aparte →Durante un tiempo, Juan y Jesús bautizan a la vez. Juan está en Enón, junto a Salim, «porque había allí muchas aguas», y la gente sigue acudiendo a él Juan 3:22-24. Sus discípulos se inquietan: aquel de quien él dio testimonio bautiza también, y todos van a él.
Juan responde con una imagen de boda. El que tiene la esposa es el esposo; el amigo del esposo, que está a su lado y lo oye, se alegra al oír su voz. «Así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe» Juan 3:25-30. Juan no compite: entiende su papel como el del amigo que prepara la boda y luego se retira.
Herodes Antipas encarcela a Juan por reprocharle su matrimonio con Herodías
Marcos 6:17-20 Leer esta escena aparte →Herodes Antipas, tetrarca de Galilea y Perea, se había casado con Herodías, la mujer de su hermano Felipe. Juan se lo reprochaba públicamente: «No te es lícito tener la mujer de tu hermano». Por eso Herodes lo hizo prender y encadenar en la cárcel Marcos 6:17-18. Lucas añade que Juan lo reprendía también por todas las maldades que había hecho Lucas 3:19-20.
La actitud de Herodes es ambigua. Según Marcos, era Herodías quien aborrecía a Juan y quería matarlo; Herodes, en cambio, le temía, «sabiendo que era varón justo y santo», lo protegía y, aunque lo dejaba perplejo, «le escuchaba de buena gana» Marcos 6:19-20. Mateo simplifica: Herodes mismo quería matarlo, pero temía al pueblo, que lo tenía por profeta Mateo 14:3-5.
Juan pregunta desde la cárcel si Jesús es el que había de venir
Mateo 11:2-15 Leer esta escena aparte →En la cárcel, Juan oye hablar de las obras de Jesús y le envía a dos de sus discípulos con una pregunta: «¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?» Mateo 11:2-3. Quien lo había señalado en el Jordán duda ahora, o necesita confirmarlo. Juan había anunciado a uno que vendría con el hacha y el fuego del juicio; Jesús sanaba y comía con pecadores.
Jesús no responde con un título, sino con lo que hace, en palabras de Isaías: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio. Y añade: «bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí» Mateo 11:4-6.
Cuando los enviados se van, Jesús habla de Juan a la multitud. ¿Qué salieron a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿Un hombre vestido con ropas finas, como los que viven en los palacios de los reyes? «Un profeta… y más que profeta»: él es el mensajero anunciado por Malaquías, que prepara el camino. «Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él» Mateo 11:7-11. Y concluye: «si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir» Mateo 11:12-15.
Herodes Antipas manda decapitar a Juan durante su banquete
Marcos 6:21-29 Leer esta escena aparte →La ocasión llega en el cumpleaños de Herodes, que da un banquete a sus príncipes, tribunos y principales de Galilea. La hija de Herodías entra y danza, y agrada tanto al rey que este le jura darle lo que pida, hasta la mitad de su reino. Ella sale a preguntar a su madre, y vuelve con la petición: «Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista». El rey se entristece, pero, por el juramento y por los invitados, no quiere desairarla: envía a un soldado de la guardia, que decapita a Juan en la cárcel y trae su cabeza en un plato Marcos 6:21-28.
Sus discípulos se enteran, recogen el cuerpo y lo ponen en un sepulcro Marcos 6:29. Mateo añade que fueron a contárselo a Jesús, y que Jesús, al oírlo, se apartó en una barca a un lugar desierto Mateo 14:12-13.
Lo que vino después
La muerte de Juan no cerró su historia. Cuando la fama de Jesús llega a Herodes, este piensa: «Este es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos» Marcos 6:14-16, y otros creían que Jesús era Juan, Elías o alguno de los profetas.
Jesús invocó a Juan en sus discusiones con los dirigentes de Jerusalén. Cuando le preguntan con qué autoridad actúa, responde con otra pregunta: «El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres?». No se atreven a contestar, porque temían al pueblo, que tenía a Juan por profeta Mateo 21:23-27. Y les reprocha que los publicanos y las rameras le creyeron y ellos no Mateo 21:32.
Los apóstoles fijaron en el bautismo de Juan el comienzo de la historia de Jesús. Para sustituir a Judas, buscan a alguien que haya estado con ellos «comenzando desde el bautismo de Juan» Hechos 1:21-22, y Pedro y Pablo empiezan su predicación con Juan Hechos 10:37 Hechos 13:24-25.
El movimiento de Juan llegó lejos. En Éfeso, unos veinte años después, Apolos, un judío de Alejandría elocuente en las Escrituras, enseñaba sobre Jesús, «aunque solamente conocía el bautismo de Juan» Hechos 18:24-26. Allí mismo Pablo encuentra a unos doce discípulos bautizados «en el bautismo de Juan», que ni siquiera habían oído hablar del Espíritu Santo. Pablo les explica que Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, «diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesucristo», y ellos son bautizados «en el nombre del Señor Jesús» Hechos 19:1-7.
La escena de Éfeso muestra la diferencia entre los dos bautismos: quienes ya habían recibido el de Juan son bautizados de nuevo, y lo son «en el nombre del Señor Jesús», como en Pentecostés Hechos 2:38 Hechos 19:5. El bautismo de Juan preparaba; el bautismo en el nombre de Jesús es el que practicó la Iglesia de los apóstoles. Ver bautismo y nombre.
Su papel dentro de la Biblia
Juan es la bisagra entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es el último de los profetas al estilo antiguo —en el desierto, con vestido de pelo, llamando a la conversión y enfrentándose al rey— y a la vez el primero en anunciar a Jesús. Los cuatro evangelios comienzan la historia pública de Jesús con él. Su grandeza, según los propios textos, está en saber quién no era: no era el Mesías, sino la voz; no el esposo, sino el amigo del esposo. Su frase «es necesario que él crezca, pero que yo mengüe» resume su lugar en la historia.
Otros con el mismo nombre
En el Nuevo Testamento hay otros Juanes. El más importante es el apóstol Juan, hijo de Zebedeo, que según la tradición escribió el cuarto evangelio. También se llama Juan a Marcos, el compañero de Pablo y de Bernabé (Hechos 12:12), y al padre de Simón Pedro, en algunos manuscritos (Juan 1:42).