Abram y Taré salen de Ur de los caldeos
Génesis 11:26-32 Leer esta escena aparte →La familia de Abram vive en Ur de los caldeos Génesis 11:28, en la baja Mesopotamia. Josué lo dirá sin adornos siglos después: al otro lado del río habitaban los padres —Taré incluido— y servían a dioses extraños Josué 24:2. No hay un patriarca creyente que sale de una familia creyente; hay un hombre sacado de un mundo politeísta.
Harán, el hermano de Abram, muere en Ur antes que su padre, dejando un hijo pequeño llamado Lot Génesis 11:27-28. Y sale Taré con su hijo Abram, la nuera Sarai y el nieto huérfano Lot, con destino a Canaán Génesis 11:31. No llegan. Se detienen en Carán —a mitad de camino, en la alta Mesopotamia— y ahí se quedan. Taré muere en Carán a los doscientos cinco años Génesis 11:32.
Estaba escrito que llegarían a Canaán y no lo lograron. Es su hijo Abram quien retomará el viaje interrumpido.
El llamado de Abraham: «Sal de tu tierra»
Génesis 12:1-9 Leer esta escena aparte →A Abram, en Carán, le llega la orden: sal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré Génesis 12:1. La promesa que acompaña la orden es de tres tramos: haré de ti una nación grande, bendeciré tu nombre, serán benditas en ti todas las familias de la tierra Génesis 12:2-3.
Abram tenía setenta y cinco años cuando salió Génesis 12:4. Se llevó a Sarai su mujer, a Lot su sobrino y todos los bienes que habían adquirido en Carán Génesis 12:5. Al entrar en Canaán llegó hasta el lugar de Siquem, hasta el encinar de More; la tierra la ocupaban entonces los cananeos Génesis 12:6. Allí Dios se le apareció por primera vez en el país prometido: a tu descendencia daré esta tierra Génesis 12:7.
Levantó altar en Siquem Génesis 12:7, otro entre Bet-el y Hai Génesis 12:8, y siguió bajando hacia el Neguev Génesis 12:9. Estableció con altares el trazado del país. Ningún edificio, ningún terreno: piedras apiladas donde llegaba y donde salía.
Abraham en Egipto dice que Sara es su hermana
Génesis 12:10-20 Leer esta escena aparte →Hubo hambre en la tierra —la primera de varias que atravesarán los patriarcas— y Abram bajó a Egipto Génesis 12:10. Antes de entrar, planeó con Sarai: «di que eres mi hermana, para que me vaya bien por tu causa y viva mi alma gracias a ti» Génesis 12:13. La lógica: si la ven bella, matarán al marido para tomarla; si la ven hermana, negociarán conmigo.
Los oficiales del Faraón alaban su belleza y la llevan al palacio Génesis 12:14-15. A Abram le va, en efecto, muy bien: recibe ovejas, vacas, asnos, siervos, siervas, asnas y camellos Génesis 12:16. Dios interviene golpeando al Faraón y su casa con plagas graves Génesis 12:17. Cuando el rey descubre el asunto, la escena se invierte: es un monarca pagano el que reprende al patriarca — «¿por qué me dijiste: es mi hermana, poniéndola yo por mujer para mí?» Génesis 12:18-19. Lo hace escoltar fuera con su mujer y con todo lo que tiene Génesis 12:20.
Abraham y Lot se separan: Lot elige Sodoma
Génesis 13:1-18 Leer esta escena aparte →Vuelve al Neguev, al altar entre Bet-el y Hai —el mismo que había levantado al llegar— e invoca allí el nombre de Dios Génesis 13:3-4. La prosperidad se ha vuelto un problema: Abram y Lot tienen tanto ganado que la tierra no les alcanza y los pastores riñen Génesis 13:5-7.
Abram, siendo el mayor y con derecho de elegir primero, hace lo contrario: «separémonos; si tú vas a la izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda» Génesis 13:9. Lot alza los ojos, ve toda la llanura del Jordán regada como el huerto de Dios, y escoge para sí Génesis 13:10-11. Va poniendo sus tiendas hasta Sodoma. El narrador anota, con calma, que los hombres de Sodoma eran malos y grandes pecadores contra Dios Génesis 13:12-13. Aviso, sin subrayado.
Después de la partida de Lot, Dios habla otra vez con Abram: alza los ojos y mira, al norte, al sur, al oriente, al occidente; toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre Génesis 13:14-15. Y el prometedor añade otra medida: haré tu descendencia como el polvo de la tierra Génesis 13:16.
Abram traslada su tienda al encinar de Mamre, en Hebrón, y edifica allí otro altar Génesis 13:18. Mamre será su base el resto del relato.
Abraham rescata a Lot y Melquisedec lo bendice
Génesis 14:1-24 Leer esta escena aparte →Una coalición de cuatro reyes del oriente —encabezados por Quedorlaomer de Elam— somete y luego arrasa a cinco reyes de la llanura del Jordán, entre ellos el de Sodoma Génesis 14:1-11. Se llevan cautivos a los habitantes con sus bienes. Entre ellos, Lot Génesis 14:12. Un fugitivo llega y se lo cuenta a Abram Génesis 14:13.
La reacción del patriarca desmiente su imagen de anciano tranquilo. Arma a trescientos dieciocho hombres nacidos en su casa Génesis 14:14, organiza una persecución nocturna hasta Hoba —al norte de Damasco— cae sobre los invasores desde varios frentes, y recupera todo: personas, bienes y a Lot Génesis 14:15-16.
Al volver, dos reyes lo esperan en el valle de Save. El primero es el rey de Sodoma, que le ofrece quedarse con todo el botín Génesis 14:17,21. El segundo aparece de la nada: Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, saca pan y vino, lo bendice, y recibe de Abram los diezmos de todo Génesis 14:18-20. Abram jura al rey de Sodoma no quedarse con nada, ni un hilo ni la correa de un zapato, para que nadie diga «yo enriquecí a Abram» Génesis 14:22-23. Solo pide que sus aliados cobren su parte Génesis 14:24.
El pacto de Dios con Abraham, Agar e Ismael
Génesis 15:1—16:16 Leer esta escena aparte →Después de esas victorias, Abram escucha en visión: «no temas, yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande» Génesis 15:1. Y él responde con la queja acumulada de años: ¿qué me darás, si sigo sin hijo, y el heredero de mi casa va a ser Eliezer de Damasco? Génesis 15:2-3. La promesa lleva tanto sin cumplirse que ya ha pensado en un plan B jurídico —adoptar al mayordomo—.
Dios lo saca fuera y le muestra las estrellas: así será tu descendencia Génesis 15:5. Y entonces viene el versículo que sostiene todo el edificio doctrinal de Pablo: «y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia» Génesis 15:6.
Sigue una ceremonia densa: Dios le hace preparar animales, los parte en dos, Abram cae en un sueño profundo y una oscuridad terrible Génesis 15:9-12, y recibe la profecía dura: tus descendientes serán extranjeros en tierra ajena, serán esclavizados y afligidos cuatrocientos años, saldrán con gran riqueza Génesis 15:13-14. Luego pasa entre las mitades una antorcha y un horno humeante —imágenes de Dios— sellando el pacto solo, sin que Abram pase Génesis 15:17-18.
Diez años después de haber entrado en Canaán, Sarai sigue sin hijo. Toma a Agar, su sierva egipcia, y se la da a Abram por mujer para tener hijo por ella Génesis 16:1-3. Abram acepta sin discutir. Agar concibe y desprecia a su señora; Sarai la maltrata; Agar huye Génesis 16:4-6.
El ángel del Señor la encuentra junto a una fuente en el camino de Shur y le manda volver. Le anuncia un hijo, Ismael, y una descendencia que también será innumerable Génesis 16:7-12. Agar, sola y embarazada en el desierto, le pone a Dios un nombre —«tú eres el Dios que me ve» Génesis 16:13—: es la primera persona en la Escritura que le pone nombre a Dios. Abram tiene ochenta y seis años cuando nace Ismael Génesis 16:15-16.
Los tres visitantes de Mamre y Abraham intercede por Sodoma
Génesis 17:1—18:33 Leer esta escena aparte →Trece años después —Abram tiene noventa y nueve, Ismael trece— Dios se le aparece otra vez para renombrar el pacto Génesis 17:1. Le cambia el nombre: ya no Abram —«padre enaltecido»— sino Abraham —«padre de muchedumbre de gentes»— Génesis 17:5. Le cambia el nombre a su mujer: Sarai pasa a Sara Génesis 17:15. Y le fija una marca en el cuerpo: la circuncisión como señal del pacto, en él, en Ismael y en todo varón de su casa, y en cada niño de ocho días de allí en adelante Génesis 17:9-14.
Cuando Dios le dice que Sara le dará un hijo, Abraham cae de bruces —de risa— y piensa lo evidente: él tiene cien años, ella noventa Génesis 17:17. Pide, como en negociación con lo posible: «ojalá Ismael viva delante de ti» Génesis 17:18. Dios responde a las dos cosas: Ismael será bendecido, pero el pacto pasará por Isaac, y a Isaac lo tendrá Sara el año que viene por este tiempo Génesis 17:19-21. Ese mismo día Abraham se circuncida a los noventa y nueve; Ismael a los trece Génesis 17:23-27.
Poco después, tres varones llegan al encinar de Mamre en pleno calor del día. Abraham los recibe con la hospitalidad reglada del desierto: agua para los pies, sombra, y lo mejor que tiene —un ternero tierno, pan recién amasado, mantequilla y leche— Génesis 18:1-8. Uno de ellos anuncia otra vez: por este tiempo Sara tendrá un hijo Génesis 18:10. Sara escucha desde la tienda y se ríe por dentro; el visitante la desmiente sin haberla oído: «¿hay algo difícil para Dios?» Génesis 18:12-14.
Los tres se levantan hacia Sodoma. Y entonces viene la escena que define a Abraham como intercesor: Dios decide contarle lo que va a hacer con la ciudad Génesis 18:17-21. Abraham entra en un regateo lento y respetuoso: ¿destruirás al justo con el impío? Si hay cincuenta justos, cuarenta y cinco, cuarenta, treinta, veinte, diez… Génesis 18:23-32. Se detiene en diez. Dios lo escucha hasta el final y se va. Sodoma no llegará ni a los diez justos: cae bajo fuego y solo Lot y sus hijas escapan «acordándose Dios de Abraham» Génesis 19:29.
Nacimiento y sacrificio de Isaac en el monte Moriah
Génesis 21:1—22:19 Leer esta escena aparte →El anuncio se cumple con precisión: al tiempo señalado Sara concibe y da a luz a Isaac; Abraham tiene cien años Génesis 21:1-5. Sara, la que se había reído por dentro, se ríe ahora en voz alta: Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oiga se reirá conmigo Génesis 21:6. «Isaac» significa «él se ríe».
La convivencia entre las dos madres se rompe. En la fiesta del destete, Sara ve a Ismael burlándose y le pide a Abraham echar de casa a la esclava y a su hijo Génesis 21:8-10. A Abraham le pesa —Ismael también es su hijo— y solo cede cuando Dios se lo confirma Génesis 21:11-13. Agar sale al desierto de Beerseba con pan y un odre de agua; cuando se acaba el agua, deja al niño bajo un arbusto y se aparta para no verlo morir Génesis 21:14-16. El ángel de Dios le muestra un pozo Génesis 21:17-19. Ismael crece en el desierto de Parán y se casa con una egipcia Génesis 21:20-21.
Y entonces viene la prueba. «Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré» Génesis 22:2. La orden es extrema en cada palabra: tu único —Ismael ya no cuenta a efectos del pacto—, a quien amas, en holocausto, al hijo por el que has esperado veinticinco años.
Abraham se levanta de mañana, ensilla, parte leña y sale con Isaac y dos criados Génesis 22:3. Tres días de camino Génesis 22:4. Al llegar, deja a los criados con la orden más ambigua del relato: quedaos aquí, yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos, y volveremos a vosotros Génesis 22:5. En plural: volveremos.
Isaac —ya con edad para cargar la leña Génesis 22:6— pregunta lo obvio: aquí está el fuego y la leña, ¿pero dónde está el cordero? Abraham responde una sola línea que se lee en dos niveles a la vez: Dios se proveerá de cordero, hijo mío Génesis 22:7-8.
Sube al lugar. Arregla la leña. Ata a Isaac. Extiende la mano y toma el cuchillo Génesis 22:9-10. En ese instante lo detiene el ángel del Señor: «no extiendas tu mano sobre el muchacho… porque ya conozco que temes a Dios» Génesis 22:11-12. Alza los ojos y ve un carnero trabado en un zarzal por los cuernos. Lo ofrece en lugar de Isaac Génesis 22:13. Y le pone al lugar un nombre que se convierte en proverbio: «Jehová proveerá»; se dirá aún hoy, «en el monte de Jehová será provisto» Génesis 22:14.
Y por segunda vez, desde el cielo, el juramento: por mí mismo he jurado, por cuanto has hecho esto y no me rehusaste tu hijo, tu único, bendeciré mucho tu descendencia, y en tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra Génesis 22:15-18.
Muerte de Sara y de Abraham: la cueva de Macpela
Génesis 23:1—25:11 Leer esta escena aparte →Sara muere a los ciento veintisiete años en Hebrón Génesis 23:1-2. Y Abraham, que ha vivido más de sesenta años en la tierra prometida sin poseer una sola parcela, tiene que hacer su primera compra de terreno: quiere sepultar a su mujer y no tiene dónde.
La escena de la negociación con los heteos es un tratado breve de cortesía oriental Génesis 23:3-16. Los heteos se lo ofrecen todo gratis; Abraham insiste en pagar. Ellos ceden el mejor sepulcro; él insiste en pagar. Efrón dice «te doy el campo y la cueva»; Abraham pide precio. Efrón, al fin, sugiere una cifra alta —cuatrocientos siclos de plata— con la fórmula «entre tú y yo, ¿qué es eso?». Abraham pesa la plata sin discutir Génesis 23:15-16. Compra el campo, la cueva y todos los árboles Génesis 23:17-18. Sepulta a Sara en la cueva de Macpela Génesis 23:19. La única propiedad de Abraham en la tierra prometida acaba siendo una tumba.
Ya viejo, hace jurar a su siervo más antiguo que no tomará esposa para Isaac de entre las cananeas, sino que irá a la tierra de su parentela Génesis 24:1-4. El siervo cumple la misión y trae a Rebeca de Mesopotamia; Isaac la recibe en la tienda de Sara y la ama Génesis 24:67.
Abraham toma otra mujer, Cetura, y tiene con ella otros seis hijos —Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa Génesis 25:1-2. Pero a Isaac le deja todo lo suyo, y a los hijos de las concubinas los envía lejos, al oriente, con dones Génesis 25:5-6. Divide en vida para que Isaac herede sin disputa.
Muere a los ciento setenta y cinco años, «en buena vejez, anciano y lleno de años», y se le junta a su pueblo Génesis 25:7-8. Lo sepultan sus dos hijos —Isaac e Ismael, juntos, después de tantos años— en la cueva de Macpela, junto a Sara Génesis 25:9-10. Es la última escena en que los dos hijos coinciden en el relato.