Inmediatamente después, el Espíritu lleva a Jesús al desierto, donde ayuna cuarenta días y cuarenta noches Mateo 4:1-2. El tentador le propone tres cosas: convertir las piedras en pan, lanzarse desde el pináculo del templo para que los ángeles lo sostengan y recibir todos los reinos del mundo si lo adora. Jesús responde cada vez con una frase del Deuteronomio: no solo de pan vivirá el hombre; no tentarás al Señor tu Dios; al Señor tu Dios adorarás Mateo 4:3-10 Deuteronomio 8:3. Marcos solo dice que estaba con las fieras y que los ángeles le servían Marcos 1:12-13.
Las profecías del Antiguo Testamento y cómo las lee el Nuevo
El Nuevo Testamento no presenta a Jesús como una novedad sin raíces, sino como el cumplimiento de lo que las Escrituras de Israel esperaban. Lucas pone esa lectura en boca del propio Jesús resucitado: era necesario que se cumpliera todo lo que estaba escrito de él «en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos» Lucas 24:44-47. En Juan dice a sus adversarios que las Escrituras «dan testimonio de mí» Juan 5:39, y Pedro escribe que los profetas indagaron qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos 1 Pedro 1:10-11. La lista de profecías de esta ficha recoge los textos principales; no todos funcionan del mismo modo.
Promesas que ya se leían como mesiánicas. Algunos textos alimentaban la esperanza judía de un rey futuro antes de Jesús: la promesa a David de un descendiente con un trono eterno 2 Samuel 7:12-16, el retoño que saldrá del tronco de Isaí Isaías 11:1-5, el niño cuyo nombre será «Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz» y que se sentará en el trono de David Isaías 9:6-7, el gobernante que saldrá de Belén Miqueas 5:2. Mateo muestra que esa lectura era común: los escribas de Herodes saben sin dudar dónde ha de nacer el Mesías Mateo 2:4-6.
El siervo que sufre. El hallazgo más sorprendente para los primeros cristianos fue un Mesías que moría. Lo encontraron en el cuarto canto del siervo de Isaías: el despreciado, herido por nuestras rebeliones, llevado como cordero al matadero, que carga con el pecado de muchos Isaías 53:3-12, y en los salmos del justo perseguido, sobre todo el 22, cuyo primer verso grita Jesús en la cruz Salmos 22:1 Salmos 22:16-18. Jesús mismo, según Lucas, se aplica Isaías 53 antes del arresto: «y fue contado con los inicuos» Lucas 22:37.
Lecturas tipológicas. Otros textos no eran predicciones en su contexto. «De Egipto llamé a mi hijo» habla en Oseas del éxodo de Israel Oseas 11:1; el llanto de Raquel por sus hijos, en Jeremías, de los deportados a Babilonia Jeremías 31:15. Mateo los aplica a la infancia de Jesús porque ve en ella la historia de Israel recorrida de nuevo Mateo 2:15 Mateo 2:17-18. Es una manera de leer la Escritura habitual en el judaísmo de la época: el patrón de lo que Dios hizo con su pueblo se repite y se cumple en el Mesías.
Quién es Jesús: los títulos del Nuevo Testamento
Los evangelios no responden a la pregunta con una definición sino con títulos, cada uno con su historia en el Antiguo Testamento.
- Cristo, el Mesías. El ungido esperado, rey de la casa de David. Es la confesión de Pedro Marcos 8:29 y la acusación por la que muere Marcos 15:26. Ver Mesías.
- Hijo del Hombre. El título que Jesús usa para sí mismo con más frecuencia, a la vez para hablar de su autoridad, de su sufrimiento y de su venida gloriosa, con el trasfondo de Daniel 7 Marcos 8:31 Marcos 14:62. Ver Hijo del Hombre.
- Hijo de Dios. El título con que Marcos abre su evangelio y el que pronuncia el centurión al pie de la cruz Marcos 1:1 Marcos 15:39.
- Señor. El Kýrios con que la traducción griega del Antiguo Testamento traducía el nombre de Dios, aplicado a Jesús: ante su nombre se doblará toda rodilla Filipenses 2:9-11. Ver Jehová.
- El Verbo. Juan abre su evangelio presentándolo como la Palabra que estaba con Dios y era Dios, por la que todo fue hecho, y que «fue hecho carne, y habitó entre nosotros» Juan 1:1-14.
- «Yo soy». En Juan, Jesús habla de sí mismo con la fórmula «yo soy»: el pan de vida, la luz del mundo, el buen pastor, la resurrección, y en absoluto: «antes que Abraham fuese, yo soy» Juan 8:58, que evoca el nombre revelado a Moisés en la zarza Éxodo 3:14.
Un solo Dios manifestado en Jesús
El punto de partida es el mismo que el de Israel: Dios es uno Deuteronomio 6:4, fuera de él no hay otro Dios ni otro salvador Isaías 43:10-11 Isaías 45:5. El Nuevo Testamento no añade un segundo o un tercer Dios, sino que muestra a ese Dios único hecho visible: «Dios fue manifestado en carne» 1 Timoteo 3:16, «Dios estaba en Cristo» 2 Corintios 5:19, y en él «habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» Colosenses 2:9. Por eso Jesús puede decir a Felipe, que le pide ver al Padre, que quien lo ha visto a él ha visto al Padre Juan 14:8-9, y por eso Isaías llama al niño que había de nacer «Dios Fuerte, Padre Eterno» Isaías 9:6.
«Padre», «Hijo» y «Espíritu Santo» no nombran tres personas, sino al único Dios en su manera de revelarse: el Padre, Dios en su trascendencia, que es Espíritu Juan 4:24; el Hijo, Dios manifestado en una humanidad verdadera, nacida de María; el Espíritu, Dios mismo actuando en los creyentes. Las oraciones de Jesús al Padre, su cansancio o que no supiera el día ni la hora Marcos 13:32 pertenecen a esa humanidad real, no a una distinción de personas dentro de Dios. Y el «nombre» del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en singular, que manda Mateo Mateo 28:19, es el que los apóstoles invocan al bautizar: el de Jesucristo Hechos 2:38. Ver también Pedro y Jehová.
Su papel dentro de la Biblia
Jesús es el centro del Nuevo Testamento: los cuatro evangelios cuentan su vida, Hechos la expansión del anuncio sobre él, las cartas explican su significado y el Apocalipsis anuncia su venida. Su mensaje se resume en una frase: el reino de Dios se ha acercado Marcos 1:15. Pero el Nuevo Testamento lo presenta, sobre todo, como el punto en que culmina la historia de Israel: el descendiente de Abraham en quien serían benditas todas las naciones Gálatas 3:8 Gálatas 3:16, el hijo de David con trono eterno, el profeta como Moisés y el mediador del nuevo pacto anunciado por Jeremías Hebreos 8:6-13. La carta a los Hebreos lo dice al empezar: Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los profetas, y en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo Hebreos 1:1-3.
Cómo lo recuerda el resto del Nuevo Testamento
En la predicación de los apóstoles. En Pentecostés, Pedro resume la historia en pocas frases: Jesús de Nazaret, aprobado por Dios con milagros, entregado y crucificado, resucitado por Dios, a quien «Dios le ha hecho Señor y Cristo» Hechos 2:22-36. Es el núcleo de todos los discursos de Hechos.
En Pablo. Las cartas de Pablo son los textos cristianos más antiguos, anteriores a los evangelios. Casi no cuentan la vida de Jesús, pero conservan lo esencial: la cena de la noche en que fue entregado 1 Corintios 11:23-25, su muerte por nuestros pecados, su sepultura y su resurrección al tercer día «conforme a las Escrituras» 1 Corintios 15:3-4. En Filipenses cita lo que parece un himno anterior: el que, siendo en forma de Dios, se despojó a sí mismo, tomó forma de siervo y se humilló hasta la muerte de cruz Filipenses 2:5-11.
En Hebreos. Jesús es el sumo sacerdote que ofrece un único sacrificio, su propia vida, y entra de una vez para siempre en el santuario Hebreos 9:11-14. Por eso la carta lee el tabernáculo, el velo y el día de la expiación como sombras de lo que en él se cumple. Ver el tabernáculo y el velo.
En el Apocalipsis. Juan lo ve como «uno semejante al Hijo del Hombre», el que vive, que estuvo muerto y tiene las llaves de la muerte Apocalipsis 1:12-18, y como el Cordero inmolado que abre el libro sellado Apocalipsis 5:6-10. La Biblia termina con su promesa y la respuesta de la iglesia: «Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús» Apocalipsis 22:20.
Jesús en la historia: lo que dicen las fuentes externas
Otros con el mismo nombre
Yeshúa era un nombre frecuente en el siglo I, y el Nuevo Testamento conoce a otros. En el griego de Hechos 7:45 y Hebreos 4:8, Iēsoûs designa a Josué, el sucesor de Moisés, y la Reina-Valera lo traduce así: ver Josué. Pablo nombra a un colaborador, «Jesús, llamado Justo» Colosenses 4:11, y en Chipre se enfrenta a un mago llamado Barjesús, «hijo de Jesús» Hechos 13:6.