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Trinidad

También: Santísima Trinidad · Trino · Dios trino · Tres personas · Unicitario · Unicidad · Monoteísmo unicitario · Modalismo

Doctrina cristiana según la cual hay un solo Dios que existe eternamente en tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La palabra no aparece en la Biblia; la doctrina se formuló en los siglos II a IV a partir de textos bíblicos, y es la enseñanza de la Iglesia católica, las ortodoxas y la mayoría de las protestantes.

En la Biblia

El texto más citado es el mandato de Jesús: «bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» (Mateo 28:19). Los apóstoles, al bautizar, lo hacen «en el nombre de Jesucristo» (Hechos 2:38).

Etimología

Del latín trinitas, «tríada, conjunto de tres», que usó Tertuliano hacia el año 213. Antes, hacia 180, Teófilo de Antioquía había usado el griego triás. Ni la palabra ni la fórmula «tres personas» están en el texto bíblico.

El punto de partida común

Todas las lecturas cristianas parten de lo mismo que Israel: hay un solo Dios. «Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es» Deuteronomio 6:4; «antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí» Isaías 43:10-11. Y todas reconocen que el Nuevo Testamento habla de Dios como Padre, de Jesús como Hijo y Señor, y del Espíritu Santo.

La pregunta es cómo encaja eso con la unidad de Dios. La doctrina de la Trinidad responde con una fórmula que no está escrita en la Biblia: tres personas en un solo Dios. Los textos muestran otra cosa: un solo Dios que se da a conocer como Padre, que se hace visible en el Hijo y que actúa por su Espíritu.

Los textos

  • El bautismo de Jesús: el Hijo sale del agua, el Espíritu desciende como paloma y una voz del cielo dice «Este es mi Hijo amado» Mateo 3:16-17.
  • La fórmula del bautismo: «en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo» Mateo 28:19, y su práctica en Hechos: «bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo» Hechos 2:38.
  • La bendición de Pablo: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros» 2 Corintios 13:14.
  • El prólogo de Juan: «el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios» Juan 1:1.
  • Los textos de identidad: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» Juan 14:8-9; en Cristo «habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» Colosenses 2:9; «Dios fue manifestado en carne» 1 Timoteo 3:16; el niño que nace se llamará «Dios fuerte, Padre eterno» Isaías 9:6.

Un solo Dios manifestado en Jesucristo

Dios es uno, sin división de personas Deuteronomio 6:4. «Padre», «Hijo» y «Espíritu Santo» no nombran tres personas, sino al único Dios en su manera de revelarse: como Padre, en su trascendencia; como Hijo, manifestado en la humanidad de Jesús; como Espíritu, actuando en los creyentes. Por eso Jesús dice que quien lo ha visto ha visto al Padre Juan 14:8-9, por eso en él habita «toda la plenitud de la Deidad» Colosenses 2:9, y por eso el «nombre» —en singular— del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo Mateo 28:19 es el que los apóstoles invocan al bautizar: Jesucristo Hechos 2:38. Las escenas en que Jesús ora al Padre o en que se oye la voz del cielo pertenecen a la humanidad real de Jesús y a la libertad de Dios para manifestarse a la vez en el cielo y en el Hijo, no a tres personas eternas.

Cómo se formuló la doctrina

En los siglos II y III, los cristianos discutieron cómo hablar del Padre, del Hijo y del Espíritu. Teófilo de Antioquía habló de una «tríada» y Tertuliano acuñó trinitas y la fórmula «una sustancia, tres personas». Frente a Arrio, que decía que el Hijo era una criatura, el Concilio de Nicea (325) declaró que el Hijo es «de la misma sustancia» que el Padre, y el de Constantinopla (381) extendió la divinidad al Espíritu Santo. Esa es la base de la doctrina trinitaria clásica.

En los mismos siglos hubo quienes sostuvieron que Padre, Hijo y Espíritu no son tres personas, sino tres maneras de manifestarse el único Dios (Noeto, Práxeas, Sabelio); sus adversarios los llamaron «modalistas» o «sabelianos», y fueron condenados. En el siglo XX esa comprensión resurgió en el pentecostalismo unicitario (desde 1913-1916), que bautiza «en el nombre de Jesús».

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