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Templo

También: Casa de Jehová · Casa de Dios · Santuario · Segundo Templo · Templo de Salomón · Templo de Herodes · Hekal

El santuario de Jerusalén, construido por Salomón en el monte Moriah para sustituir al tabernáculo como lugar donde Dios pone su nombre y donde Israel ofrece sus sacrificios. Destruido por Babilonia en el 587/586 a. C., reconstruido al volver del exilio y agrandado después por Herodes, fue arrasado por Roma en el 70 d. C. En el Nuevo Testamento la palabra pasa a designar también el cuerpo de Jesús y la comunidad de los creyentes.

En la Biblia

David quiere edificar una casa a Dios y recibe en cambio la promesa de que Dios le edificará una «casa», una dinastía (2 Samuel 7:1-16). Salomón construye el templo y reconoce en la dedicación que los cielos no pueden contener a Dios (1 Reyes 8:27). Jesús purifica el templo (Marcos 11:15-17) y anuncia su destrucción (Marcos 13:1-2).

Etimología

Del latín templum, «espacio acotado y consagrado». El hebreo dice casi siempre בַּיִת báyit, «casa»: «la casa de Jehová». También usa הֵיכָל hekal, «palacio», palabra que llegó al hebreo desde el sumerio a través del acadio y que designa tanto el palacio de un rey como la sala principal del santuario. El griego del Nuevo Testamento distingue hierón, el recinto entero con sus atrios, y naós, el edificio del santuario.

De la tienda a la casa

Durante el desierto y los primeros siglos en Canaán, el lugar de la presencia de Dios era una tienda portátil, el tabernáculo. Cuando David, ya asentado en Jerusalén, se avergüenza de vivir en una casa de cedro mientras el arca sigue bajo cortinas, quiere edificar una casa a Dios. La respuesta que le lleva el profeta Natán juega con la palabra: no será David quien edifique una casa a Dios, sino Dios quien edificará a David una «casa», una descendencia; y será su hijo quien construya el templo 2 Samuel 7:1-16.

Salomón empieza la obra en el cuarto año de su reinado 1 Reyes 6:1, en el monte Moriah, sobre la era que David había comprado a Ornán el jebuseo 2 Crónicas 3:1. El edificio repite en piedra el esquema del tabernáculo: un atrio con el altar, una sala principal y, al fondo, el lugar santísimo con el arca bajo los querubines. Cuando el arca entra, la nube llena la casa y los sacerdotes no pueden seguir oficiando 1 Reyes 8:10-13, la misma escena que cerró la construcción del tabernáculo.

Una casa que no contiene a Dios

La oración de dedicación contiene la frase que gobierna toda la teología bíblica del templo: si los cielos de los cielos no pueden contener a Dios, «¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?». El templo no encierra a Dios; es el lugar hacia el cual se ora y desde el cual Dios escucha «en los cielos» 1 Reyes 8:27-30. Deuteronomio lo formula como «el lugar que Jehová escogiere para poner allí su nombre» Deuteronomio 12:5.

Esa distinción se volvió polémica. Jeremías, de pie a la puerta del templo, desmonta la seguridad de quienes repetían «templo de Jehová, templo de Jehová» mientras robaban, mataban y seguían a otros dioses: la casa se había convertido en «cueva de ladrones», y Dios haría con ella lo que hizo con Silo Jeremías 7:1-14. El templo no protegía a un pueblo infiel; en el 587/586 a. C. los babilonios lo incendiaron 2 Reyes 25:8-9.

El segundo templo

Tras el edicto de Ciro, los repatriados reconstruyen el templo con dificultad; se termina en tiempos de Darío y se dedica con gozo Esdras 6:14-16. Los ancianos que habían visto el primero lloraban al ver los cimientos del nuevo Esdras 3:12, y Hageo promete que la gloria de esta casa postrera será mayor que la de la primera Hageo 2:3-9.

Ese «segundo templo» es el del Nuevo Testamento, aunque muy transformado. Herodes el Grande lo amplió y embelleció a partir de fines del siglo I a. C.; la obra seguía en tiempos de Jesús, y sus interlocutores hablan de «cuarenta y seis años» de construcción Juan 2:20. Los discípulos se admiran de sus piedras; Jesús responde que no quedará piedra sobre piedra Marcos 13:1-2.

Jesús y el templo

Jesús enseña a diario en el templo, y en él realiza uno de sus gestos más provocadores: expulsa a los que venden y compran y vuelca las mesas de los cambistas, citando a Isaías —«mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones»— y a Jeremías —«cueva de ladrones»— Marcos 11:15-17. Juan sitúa la escena al comienzo del ministerio y añade una frase: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré», que el evangelista explica: hablaba del templo de su cuerpo Juan 2:19-21.

La comunidad como templo

Pablo aplica la palabra a los creyentes: «¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?» 1 Corintios 3:16-17, y también al cuerpo de cada uno 1 Corintios 6:19. El Apocalipsis, al describir la nueva Jerusalén, dice que no vio templo en ella, porque el Señor Dios y el Cordero son su templo Apocalipsis 21:22.

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