De ningún otro de los profetas que dan nombre a un libro se sabe tanto. El libro de Jeremías no solo reúne sus oráculos: cuenta dónde lo encerraron, quién lo defendió, quién intentó matarlo, qué le dijo el rey a escondidas y qué sentía cuando no podía más. Y el tiempo que le tocó vivir fue el más dramático de la historia de Judá: los cuarenta años que van de la reforma de Josías a la destrucción de Jerusalén y del templo en 587/586 a.C.
En ese tiempo el mapa del poder cambia por completo. Asiria, que había dominado la región durante más de un siglo, se hunde: Nínive cae en 612 a.C. Egipto intenta ocupar su lugar y es derrotado por Babilonia en Carquemis en 605. Desde entonces Judá es un reino pequeño entre dos potencias, y su corte se divide entre someterse a Babilonia o apostar por Egipto. Jeremías sostiene, contra casi todos, que la sumisión a Babilonia es la voluntad de Dios.
El llamado de Jeremías: la vara de almendro y la olla hirviendo
Jeremías 1:1-19 Leer esta escena aparte →Jeremías es hijo de Hilcías, de los sacerdotes que vivían en Anatot, una aldea de Benjamín a pocos kilómetros al norte de Jerusalén, y recibe la palabra de Dios en el año trece del rey Josías, hacia 627 a.C. Jeremías 1:1-2. Se le dice que fue conocido y consagrado como profeta a las naciones antes de nacer Jeremías 1:5. Su respuesta es una objeción: no sabe hablar, es un muchacho Jeremías 1:6. Dios le toca la boca y le pone sus palabras en ella, con un encargo que resume toda su vida: arrancar y destruir, edificar y plantar Jeremías 1:9-10.
Siguen dos visiones sencillas. La primera es una vara de almendro, y el sentido está en un juego de palabras: en hebreo, «almendro» (shaqed) suena como «vigilante» (shoqed), y Dios dice que vela sobre su palabra para cumplirla Jeremías 1:11-12. La segunda es una olla que hierve, inclinada desde el norte: del norte vendrá el mal sobre todos los habitantes de la tierra Jeremías 1:13-14. El capítulo termina con una promesa que no es de éxito sino de resistencia: lo harán ciudad fortificada, columna de hierro y muro de bronce; pelearán contra él, pero no lo vencerán Jeremías 1:18-19.
El sermón de Jeremías en el templo y la amenaza de muerte
Jeremías 26:1-24 Leer esta escena aparte →Josías muere en 609 a.C. en Meguido, en combate contra el faraón Necao 2 Reyes 23:29. Jeremías lo lamenta, y Crónicas recuerda esos lamentos como el origen de una costumbre que se mantenía «hasta hoy» 2 Crónicas 35:25. Al comienzo del reinado de su hijo Joacim, Jeremías se pone en el atrio del templo y habla a todos los que vienen a adorar Jeremías 26:1-2.
El mensaje, que el capítulo 7 conserva más extenso, es una advertencia contra la seguridad religiosa. No sirve repetir «templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová» mientras se roba, se mata, se jura en falso y se sigue a otros dioses Jeremías 7:4 Jeremías 7:9-10. La casa se ha vuelto una cueva de ladrones Jeremías 7:11. Y la amenaza tiene un precedente que todos conocían: id a Silo, donde estuvo antes el santuario, y ved lo que hice con él; lo mismo haré con esta casa Jeremías 7:12-14 Jeremías 26:6.
Los sacerdotes, los profetas y el pueblo lo agarran: «de cierto morirás» Jeremías 26:8-9. Se celebra una especie de juicio a la entrada de la puerta nueva. Jeremías no se retracta; dice que Dios lo ha enviado y que su sangre inocente caerá sobre la ciudad Jeremías 26:12-15. Los príncipes y el pueblo concluyen que no merece la muerte, y algunos ancianos recuerdan un precedente a su favor: un siglo antes, Miqueas de Moreset había anunciado que Sion sería arada como un campo, y el rey Ezequías no lo mató, sino que buscó a Dios Jeremías 26:16-19.
El capítulo añade otro caso que muestra lo que estaba en juego. Un profeta llamado Urías, hijo de Semaías, de Quiriat-jearim, anunció lo mismo que Jeremías; huyó a Egipto, pero Joacim lo hizo traer y lo mató a espada Jeremías 26:20-23. Jeremías se salvó porque lo protegía Ahicam, hijo de Safán Jeremías 26:24, de una familia de funcionarios que volverá a aparecer a su lado.
Jeremías en el cepo y sus confesiones a Dios
Jeremías 19:1—20:18 Leer esta escena aparte →Jeremías acompaña su palabra con acciones que todos pudieran ver. Baja a casa del alfarero y ve cómo este rehace una vasija que se le ha estropeado: así puede hacer Dios con Israel Jeremías 18:1-6. Después compra una vasija de barro, sale con ancianos del pueblo y de los sacerdotes al valle de Hinom, el lugar donde se habían quemado niños en sacrificio, y la rompe delante de ellos: así quebrantará Dios a esta ciudad, y no se podrá restaurar Jeremías 19:1-11.
Pasur, sacerdote e inspector principal del templo, lo hace azotar y lo pone en el cepo junto a la puerta alta de Benjamín. Al día siguiente, al soltarlo, Jeremías le cambia el nombre: ya no se llamará Pasur sino Magor-misabib, «terror por todas partes» Jeremías 20:1-3.
Justo después, el libro deja oír la voz más íntima del profeta. Acusa a Dios de haberlo seducido y de haberse aprovechado de su fuerza; cada día es objeto de burla. Ha intentado callar, pero la palabra le quema los huesos como un fuego encerrado Jeremías 20:7-9. Y termina maldiciendo el día en que nació Jeremías 20:14-18. No es la única vez: en otros pasajes pregunta por qué prosperan los malvados y lamenta haber nacido «hombre de contienda» para toda la tierra Jeremías 12:1 Jeremías 15:10.
El rey Joacim quema el rollo de Jeremías
Jeremías 36:1-32 Leer esta escena aparte →En el año cuarto de Joacim, hacia 605 a.C., Dios manda a Jeremías que ponga por escrito todo lo que le ha dicho desde los días de Josías Jeremías 36:1-2. Lo dicta a Baruc, hijo de Nerías, que lo escribe en un rollo Jeremías 36:4. Como a Jeremías le está prohibido entrar en el templo, es Baruc quien lo lee en público durante un día de ayuno, desde la cámara de Gemarías, hijo de Safán Jeremías 36:5-10.
Los funcionarios que lo oyen se asustan, piden a Baruc que se esconda con Jeremías y llevan la noticia al rey Jeremías 36:16-20. Es invierno, y Joacim está sentado junto a un brasero encendido. Cada vez que su secretario lee tres o cuatro columnas, el rey las corta con un cortaplumas y las echa al fuego, hasta quemar el rollo entero, aunque algunos funcionarios le ruegan que no lo haga Jeremías 36:22-25. Luego manda prender a Jeremías y a Baruc, pero «Jehová los escondió» Jeremías 36:26.
Jeremías toma otro rollo y lo vuelve a dictar a Baruc, con todo lo anterior y «muchas otras palabras semejantes» Jeremías 36:32.
Jeremías lleva un yugo y se enfrenta al profeta Hananías
Jeremías 27:1—29:14 Leer esta escena aparte →En 597 a.C. Nabucodonosor toma Jerusalén y deporta a Babilonia al joven rey Joaquín, a la corte y a miles de habitantes; en su lugar pone a Sedequías 2 Reyes 24:10-17. Los años siguientes están llenos de planes de rebelión, y de profetas que anuncian que el yugo de Babilonia se romperá pronto.
Jeremías se pone al cuello coyundas y un yugo de madera, y con él recibe a los mensajeros de Edom, Moab, Amón, Tiro y Sidón que han venido a conspirar con Sedequías: todas esas naciones, dice, deben someterse al rey de Babilonia Jeremías 27:2-8. En el templo le sale al paso el profeta Hananías, hijo de Azur, que anuncia en nombre de Dios que en dos años volverán los utensilios del templo y los deportados. Delante de todos, le quita el yugo del cuello y lo rompe Jeremías 28:1-4 Jeremías 28:10-11.
La primera respuesta de Jeremías es un «amén» irónico: ojalá sea así. Pero recuerda que el profeta que anuncia paz solo queda acreditado cuando su palabra se cumple Jeremías 28:6-9. Más tarde vuelve con otro mensaje: Hananías ha roto yugos de madera y en su lugar habrá yugos de hierro; y morirá ese mismo año. Hananías muere en el séptimo mes Jeremías 28:13-17.
En esos mismos años, Jeremías escribe una carta a los desterrados en Babilonia. No les dice que resistan ni que esperen un regreso inmediato, sino lo contrario: que edifiquen casas, planten huertos, se casen y tengan hijos, y que busquen la paz de la ciudad donde están y oren por ella, porque en su paz tendrán ellos paz Jeremías 29:4-7. El regreso llegará, pero cuando se cumplan setenta años Jeremías 29:10.
Jeremías compra un campo durante el asedio de Jerusalén
Jeremías 32:1-15 Leer esta escena aparte →En 588 a.C. Sedequías se rebela y el ejército babilonio pone sitio a Jerusalén. En el año décimo de Sedequías, con la ciudad cercada, Jeremías está preso en el patio de la cárcel, en el palacio del rey, por anunciar que la ciudad caerá Jeremías 32:1-5.
Entonces recibe la visita de su primo Hanameel, que le ofrece en venta un campo en Anatot, porque a Jeremías le corresponde el derecho de rescate familiar Jeremías 32:6-8. Comprar tierra en una región ocupada por el enemigo era absurdo. Jeremías lo hace: pesa diecisiete siclos de plata, firma la escritura ante testigos, y manda a Baruc guardar las dos copias —la sellada y la abierta— en una vasija de barro para que duren muchos días Jeremías 32:9-14. La explicación va en una frase: todavía se comprarán casas, heredades y viñas en esta tierra Jeremías 32:15.
Jeremías arrojado a la cisterna y rescatado por Ebed-melec
Jeremías 37:11—38:28 Leer esta escena aparte →Durante una pausa del asedio, Jeremías intenta salir de la ciudad hacia la tierra de Benjamín. En la puerta lo detienen acusado de pasarse a los caldeos; los príncipes lo golpean y lo encierran en una mazmorra en casa del escriba Jonatán Jeremías 37:11-16. Sedequías lo manda sacar en secreto y le pregunta si hay palabra de Dios. La hay: será entregado en manos del rey de Babilonia Jeremías 37:17. Aun así, el rey lo traslada al patio de la cárcel y ordena que le den cada día una torta de pan, mientras haya pan en la ciudad Jeremías 37:21.
Allí Jeremías sigue diciendo que el que se quede en la ciudad morirá y el que se rinda a los caldeos vivirá. Los príncipes piden su muerte, porque desmoraliza a los soldados, y Sedequías responde que está en sus manos Jeremías 38:1-5. Lo bajan con sogas a la cisterna de Malquías, que no tiene agua sino lodo, y Jeremías se hunde en él Jeremías 38:6.
Lo salva un extranjero. Ebed-melec, un etíope eunuco de la casa real, va a ver al rey y le dice que Jeremías morirá de hambre allí. Con treinta hombres, trapos viejos y sogas, lo sacan de la cisterna Jeremías 38:7-13. Sedequías lo llama una vez más en secreto y le pide la verdad. Jeremías se la da: si se rinde, él y la ciudad vivirán; si no, la ciudad será quemada. El rey confiesa que teme a los judíos que ya se han pasado a los babilonios, y le pide que nadie sepa de qué han hablado Jeremías 38:14-26.
Jeremías llevado a Egipto tras la caída de Jerusalén
Jeremías 39:1—44:30 Leer esta escena aparte →En el año once de Sedequías, en 587/586 a.C., los babilonios abren brecha en el muro. Sedequías huye, lo capturan cerca de Jericó, matan a sus hijos ante sus ojos y a él lo ciegan y lo llevan a Babilonia; la ciudad y el templo son quemados Jeremías 39:1-8. Nabucodonosor da órdenes de que se trate bien a Jeremías Jeremías 39:11-12. Según uno de los relatos, Nabuzaradán, jefe de la guardia, lo encuentra encadenado entre los deportados en Ramá, lo suelta y le ofrece ir a Babilonia o quedarse. Jeremías se queda con Gedalías, hijo de Ahicam, nombrado gobernador, en Mizpa Jeremías 40:1-6.
La calma dura poco. Ismael, un hombre de sangre real, asesina a Gedalías Jeremías 41:1-2. Los supervivientes, que temen la venganza de Babilonia, se detienen cerca de Belén con intención de huir a Egipto Jeremías 41:16-18 y piden a Jeremías que consulte a Dios, prometiendo obedecer. Diez días después llega la respuesta: quedaos en esta tierra y os edificaré; si vais a Egipto, allí os alcanzará la espada Jeremías 42:1-16. No le creen. Lo acusan de mentir por influencia de Baruc y se marchan a Egipto, llevándose a Jeremías y a Baruc con ellos, hasta Tafnes, en la frontera oriental del delta Jeremías 43:1-7.
En Tafnes, Jeremías entierra unas piedras grandes a la entrada de un edificio del faraón y anuncia que Nabucodonosor pondrá allí su trono Jeremías 43:8-10. Su última palabra registrada es una discusión con los judíos de Egipto, que atribuyen sus desgracias a haber dejado de ofrecer incienso a la «reina del cielo» Jeremías 44:15-19. El libro no cuenta nada más de él.
Un libro con dos formas
Cómo lo recuerda la Biblia
Crónicas hace de Jeremías la voz que la monarquía no quiso escuchar: Sedequías cayó porque no se humilló ante él 2 Crónicas 36:12, y el destierro dura los setenta años que él anunció 2 Crónicas 36:21. Esdras abre con el decreto de Ciro como cumplimiento de su palabra Esdras 1:1, y en el libro de Daniel el profeta lee en los libros de Jeremías el número de los años de la desolación y ora a partir de él Daniel 9:2.
En el Nuevo Testamento, cuando Jesús pregunta quién dice la gente que es, algunos responden que Jeremías Mateo 16:14. Al purificar el templo, Jesús toma de él la expresión «cueva de ladrones» Jeremías 7:11 Mateo 21:13. Y la carta a los Hebreos cita completo el anuncio del nuevo pacto para decir que el primero ha quedado antiguo Hebreos 8:8-13.