Saber escribir
En el antiguo Israel, como en Egipto y Mesopotamia, pocas personas sabían escribir, y los que sabían eran imprescindibles para el Estado. El escriba es un cargo de la corte: en la lista de funcionarios de David aparece Seraías como escriba, junto a los sacerdotes y al jefe del ejército 2 Samuel 8:17. En tiempos del rey Josías, el escriba Safán es quien lee al rey el libro de la Ley hallado en el templo 2 Reyes 22:8-10.
El escriba escribe también para los profetas. Jeremías, que no puede entrar en el templo, dicta sus oráculos a Baruc, y Baruc los lee ante el pueblo; cuando el rey Joacim quema el rollo, lo vuelven a escribir Jeremías 36:4-6 Jeremías 36:32.
Esdras, el escriba de la Ley
Después del exilio el oficio cambia de acento. Esdras es sacerdote y a la vez «escriba diligente en la ley de Moisés» Esdras 7:6, que ha preparado su corazón para inquirir la ley, cumplirla y enseñarla Esdras 7:10. La escena de Nehemías 8 es la de un escriba en su nuevo papel: sobre una tribuna de madera lee el libro de la Ley desde el alba hasta el mediodía, y los levitas lo explican «de modo que entendiesen la lectura» Nehemías 8:1-8. El escriba ya no es solo un secretario: es un maestro del texto.
Los escribas en los evangelios
En tiempos de Jesús los escribas son los especialistas en la Ley. Muchos eran fariseos, aunque no todos; algunos formaban parte del Sanedrín. Los evangelios los presentan casi siempre en tensión con Jesús: la gente nota que él enseña con una autoridad que los escribas no tienen Marcos 1:22, y Jesús advierte contra los que gustan de andar con largas ropas y ser saludados en las plazas Marcos 12:38-40.
Pero hay excepciones notables. Un escriba pregunta a Jesús cuál es el primer mandamiento, está de acuerdo con su respuesta y oye de él: «No estás lejos del reino de Dios» Marcos 12:28-34. Y Jesús usa la figura para describir a sus propios discípulos: «todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas» Mateo 13:52.