La noche de la salida
La Pascua nace dentro del relato que conmemora. Antes de la última plaga, cada familia israelita debe tomar un cordero o cabrito de un año, sin defecto, el día diez del mes; degollarlo al atardecer del catorce; poner su sangre en los postes y el dintel de la puerta; y comerlo esa misma noche asado, con panes sin levadura y hierbas amargas, «ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente» Éxodo 12:1-11. Esa noche Jehová hiere a los primogénitos de Egipto y, al ver la sangre, «pasa de largo» las casas de Israel Éxodo 12:12-13.
La cena es a la vez rito y memoria. La Ley prevé que los hijos pregunten «¿Qué es este rito vuestro?», y la respuesta es contar la historia Éxodo 12:26-27. Se celebra en familia, pero con límites: el extranjero que quiera participar debe circuncidarse primero Éxodo 12:48.
Pascua y panes sin levadura
A la Pascua se une una semana de fiesta en que no se come pan con levadura, en recuerdo de la salida apresurada, cuando el pueblo no tuvo tiempo de dejar leudar la masa Éxodo 12:14-20 Éxodo 12:34. Con el tiempo, las dos celebraciones se funden y el Nuevo Testamento usa los dos nombres casi como sinónimos.
De la casa al santuario
Deuteronomio cambia el lugar de la celebración: la Pascua ya no se sacrifica «en cualquiera de las ciudades», sino en el lugar que Dios escoja Deuteronomio 16:1-8. El texto registra también las grandes Pascuas de la historia de Israel: la primera en la tierra, en Gilgal, tras la cual cesa el maná Josué 5:10-11, y la de Josías, de la que se dice que no se había celebrado otra igual desde los tiempos de los jueces 2 Reyes 23:21-23.
En el Nuevo Testamento
En tiempos de Jesús, la Pascua era la gran fiesta de peregrinación a Jerusalén; los corderos se sacrificaban en el templo y se comían en las casas de la ciudad. Lucas cuenta que Jesús subía cada año con sus padres Lucas 2:41, y los tres primeros evangelios presentan la última cena como una cena de Pascua Lucas 22:7-15.
La muerte de Jesús se lee en clave pascual. Pablo escribe: «nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros», y saca la consecuencia de los panes sin levadura: limpiar la «vieja levadura» 1 Corintios 5:7-8. Juan aplica a Jesús crucificado la norma del cordero pascual: «No será quebrado hueso suyo» Juan 19:36.