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Resurrección

También: Resucitar · Resucitó · Anástasis · Resurrección de los muertos · Levantarse de los muertos

El regreso de un muerto a la vida corporal por obra de Dios. El Antiguo Testamento narra algunas reanimaciones y solo en sus últimos libros anuncia una resurrección de los muertos al final de los tiempos. En tiempos de Jesús la creían los fariseos y la negaban los saduceos. El Nuevo Testamento proclama que Dios resucitó a Jesús y que su resurrección es el comienzo de la de todos.

En la Biblia

Elías y Eliseo devuelven la vida a dos niños (1 Reyes 17:17-24; 2 Reyes 4:32-37). Daniel anuncia que muchos de los que duermen en el polvo despertarán (Daniel 12:2). Jesús resucita a Lázaro (Juan 11:43-44) y resucita él mismo al tercer día (Lucas 24:1-7). Pablo dedica un capítulo entero a la resurrección (1 Corintios 15).

Etimología

Del latín resurrectio, de resurgere, «volver a levantarse». El griego usa anástasis, «acción de ponerse en pie», y el verbo egeírō, «despertar, levantar»; las dos imágenes, levantarse y despertar, vienen del hebreo: Daniel habla de los que duermen en el polvo y «serán despertados». La palabra designaba una vida nueva en el cuerpo, no la supervivencia del alma.

Una esperanza que llega tarde

Durante la mayor parte del Antiguo Testamento, los muertos bajan al Seol, un lugar de sombra y silencio desde el cual «no te alabarán» Isaías 38:18. Hay relatos de muertos devueltos a la vida —el hijo de la viuda de Sarepta por Elías 1 Reyes 17:17-24, el hijo de la sunamita por Eliseo— pero son reanimaciones: vuelven a la vida de antes y morirán otra vez.

La visión de los huesos secos de Ezequiel, en la que Dios pone tendones, carne y espíritu en un valle de esqueletos, habla todavía de la restauración de Israel tras el exilio: «estos huesos son toda la casa de Israel» Ezequiel 37:1-14. Pero usa la imagen de la resurrección. Isaías da un paso más: «Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán» Isaías 26:19. Y Daniel, en uno de los textos más tardíos de la Biblia hebrea, lo dice sin metáfora: «muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua» Daniel 12:2.

Una cuestión que dividía

En tiempos de Jesús la resurrección era un punto de disputa. Los fariseos la creían; los saduceos, que solo aceptaban la autoridad de la Ley escrita, la negaban. Los saduceos le plantean a Jesús el caso de una mujer casada sucesivamente con siete hermanos por la ley del levirato: ¿de quién será esposa en la resurrección? Jesús responde que en la resurrección no se casan, y argumenta desde la Torá: Dios se presentó a Moisés como Dios de Abraham, Isaac y Jacob, y «no es Dios de muertos, sino Dios de vivos» Marcos 12:18-27. Pablo aprovechará esa división en su juicio ante el Sanedrín Hechos 23:6-8.

«Yo soy la resurrección»

Ante la tumba de Lázaro, Marta dice lo que creía un judío piadoso: «Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero». Jesús responde: «Yo soy la resurrección y la vida» Juan 11:23-27, y lo llama fuera del sepulcro. La esperanza del último día se hace presente en una persona.

Resucitó

El centro del mensaje cristiano primitivo es que Dios resucitó a Jesús. Las mujeres encuentran el sepulcro vacío y oyen «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?» Lucas 24:1-7. Lucas insiste en que no es un fantasma: el resucitado se deja tocar y come delante de ellos Lucas 24:36-43.

Pablo transmite una lista de testigos —Pedro, los doce, más de quinientos a la vez, Santiago, los apóstoles y él mismo— como la tradición que él recibió 1 Corintios 15:3-8, y afirma que sin resurrección la fe es vana: «si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación». Cristo es «primicias de los que durmieron»: el primer fruto de una cosecha que vendrá 1 Corintios 15:12-20.

Un cuerpo transformado

La resurrección que espera Pablo no es volver a la vida de antes. Se siembra un cuerpo corruptible y resucita uno incorruptible; se siembra «cuerpo animal», resucita «cuerpo espiritual» 1 Corintios 15:42-44. Sigue siendo un cuerpo, pero transformado.

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