«He aquí el Cordero de Dios»
Juan el Bautista ve venir a Jesús y dice: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Al día siguiente lo repite ante dos de sus discípulos, que entonces siguen a Jesús Juan 1:29-36. Es un título que solo aparece aquí en los evangelios, pero que recoge muchos hilos del Antiguo Testamento. Juan no explica cuál tenía en mente.
Los corderos del Antiguo Testamento
El cordero era el animal de sacrificio más común en Israel, y aparece en varios momentos clave:
- El cordero de la Pascua. En Egipto, cada familia sacrifica un cordero sin defecto y unta con su sangre los postes de la puerta: «veré la sangre y pasaré de vosotros» Éxodo 12:3-13. Una regla precisa: no se le debía quebrar ningún hueso Éxodo 12:46.
- El siervo sufriente. Isaías describe a un siervo que «como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca» Isaías 53:7, y que carga con el pecado de muchos.
- Los sacrificios diarios. Cada mañana y cada tarde se ofrecía un cordero en el altar como holocausto continuo Éxodo 29:38-42.
- El cordero que Dios provee. Cuando Isaac pregunta «¿dónde está el cordero para el holocausto?», Abraham responde: «Dios se proveerá de cordero» Génesis 22:7-8.
La conexión que el texto sí hace
El propio evangelio de Juan establece una conexión explícita con la Pascua. Jesús muere en la víspera de la Pascua, y los soldados no le quiebran las piernas porque ya estaba muerto. Juan comenta: «Estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo» Juan 19:31-36, la regla del cordero pascual. Pablo lo dice directamente: «nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada» 1 Corintios 5:7.
También Isaías 53 se aplica a Jesús de forma explícita: el funcionario etíope lee «Como oveja a la muerte fue llevado», y Felipe, «comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús» Hechos 8:32-35. Pedro une las dos imágenes: el rescate no se pagó con oro ni plata, sino «con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación» 1 Pedro 1:18-19.
El Cordero del Apocalipsis
En el Apocalipsis, el Cordero es la figura central. En la visión del trono, Juan espera ver a un león —«el León de la tribu de Judá ha vencido»—, pero ve «un Cordero como inmolado», con siete cuernos y siete ojos, que toma el libro sellado. Los seres del cielo cantan: «El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza» Apocalipsis 5:6-12. La imagen une debilidad y poder: el que vence es el que fue sacrificado.
Al final, en la nueva Jerusalén no hay templo, «porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero», y la ciudad no necesita sol, «porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera» Apocalipsis 21:22-23.