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Discípulo

También: Discípulos · Seguir a Jesús · Mathētḗs · Talmid · Seguidor

Quien se une a un maestro para aprender de él, no solo sus enseñanzas sino su manera de vivir. En los evangelios, los discípulos son quienes siguen a Jesús: un grupo amplio de hombres y mujeres, dentro del cual él escoge a doce. En Hechos, «discípulos» pasa a ser el nombre de todos los creyentes.

En la Biblia

Eliseo deja sus bueyes para seguir a Elías (1 Reyes 19:19-21). Jesús llama a pescadores y a un publicano: «Venid en pos de mí» (Marcos 1:16-20). Entre sus discípulos elige a doce, a los que llama apóstoles (Lucas 6:13). Antes de ascender manda: «id, y haced discípulos a todas las naciones» (Mateo 28:19).

Etimología

Del latín discipulus, de discere, «aprender». El griego μαθητής mathētḗs viene de manthánō, «aprender», y designaba al alumno de un filósofo o al aprendiz de un oficio. El hebreo bíblico casi no tiene la palabra (talmid aparece una vez, en 1 Crónicas 25:8); se generalizó en el judaísmo rabínico posterior. Los evangelios usan además el verbo akolouthéō, «seguir», para describir lo que hace un discípulo.

Seguir a alguien

En el Antiguo Testamento el término apenas existe, pero la relación sí. Eliseo está arando con doce yuntas de bueyes cuando Elías le echa encima su manto; Eliseo mata los bueyes, los cocina con el arado y se va tras Elías a servirle 1 Reyes 19:19-21. Isaías habla de sellar su enseñanza «entre mis discípulos» Isaías 8:16. En tiempos de Jesús había discípulos de los fariseos y discípulos de Juan el Bautista Marcos 2:18.

«Venid en pos de mí»

Lo que distingue a los discípulos de Jesús empieza en la llamada. En la práctica rabínica que se conoce después, era el alumno quien buscaba a su maestro; en los evangelios es Jesús quien llama. Pasa junto al mar de Galilea, ve a Simón y Andrés echando la red y les dice: «Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres»; ellos dejan las redes, y Jacobo y Juan dejan a su padre en la barca Marcos 1:16-20. Leví deja la mesa de los impuestos Marcos 2:14.

Ser discípulo es ante todo estar con el maestro. Cuando Jesús escoge a los doce, Marcos da el primer motivo: «para que estuviesen con él», y después para enviarlos a predicar Marcos 3:13-19. Lucas precisa que de entre sus discípulos, un grupo más amplio, escogió a doce, «a los cuales también llamó apóstoles» Lucas 6:13.

El precio

Jesús no oculta lo que cuesta. «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame» Marcos 8:34. A quienes se ofrecen a seguirlo les advierte que no tiene dónde recostar la cabeza, y que quien mira atrás después de poner la mano en el arado no es apto para el reino Lucas 9:57-62.

Los evangelios no idealizan a los discípulos: no entienden, discuten quién es el mayor, se duermen en Getsemaní y huyen en el arresto. Cuando muchos lo abandonan tras un discurso difícil, Jesús pregunta a los doce si también quieren irse, y Pedro responde: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» Juan 6:66-69.

Hacer discípulos

El evangelio de Mateo termina con un encargo: «id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos… enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado» Mateo 28:19-20. En Hechos, «los discípulos» es el nombre habitual de todos los creyentes Hechos 6:1, hasta que en Antioquía empiezan a llamarlos «cristianos» Hechos 11:26.

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