«Tú eres aquel hombre»
La parábola más famosa del Antiguo Testamento muestra cómo funciona el género. Tras el adulterio de David con Betsabé y la muerte de Urías, el profeta Natán le cuenta a David un caso: un hombre rico, que tenía muchas ovejas, le quitó a un pobre la única corderita que tenía, criada como una hija, para dar de comer a un visitante. David se indigna y dicta sentencia contra el rico. Natán responde: «Tú eres aquel hombre» 2 Samuel 12:1-7. La parábola hizo que David se juzgara a sí mismo antes de saber que hablaban de él.
El hebreo mashal abarca mucho más: Ezequiel recibe la orden de proponer «una figura» y «una parábola» a Israel, en forma de alegoría de águilas y cedros Ezequiel 17:2, y un salmo anuncia que abrirá su boca «en proverbios», mashal, para contar la historia de Israel Salmos 78:2.
La forma de hablar de Jesús
Marcos dice que Jesús enseñaba con muchas parábolas, «y sin parábolas no les hablaba» Marcos 4:33-34, y Mateo ve en ello el cumplimiento de aquel salmo Mateo 13:34-35. Sus parábolas están tomadas del mundo que sus oyentes conocían: un sembrador que esparce la semilla sobre terreno pedregoso, una mujer que barre la casa buscando una moneda, un pastor que deja noventa y nueve ovejas, un propietario que arrienda su viña.
Muchas tienen un giro inesperado. A la pregunta «¿quién es mi prójimo?», Jesús responde con una historia en la que el sacerdote y el levita pasan de largo, y el que ayuda es un samaritano, el menos esperado para un oyente judío Lucas 10:29-37. Las tres parábolas de Lucas 15 —la oveja, la moneda y el hijo perdidos— responden a la murmuración de fariseos y escribas porque Jesús comía con pecadores Lucas 15:1-3, y la última termina con el hermano mayor fuera de la fiesta, sin que se sepa si entrará Lucas 15:11-32.
Para que viendo no vean
Las parábolas no siempre aclaran. Después de la del sembrador, Jesús explica a sus discípulos que a ellos se les ha dado el misterio del reino, pero a los de fuera todo les llega en parábolas, y cita a Isaías: «para que viendo, vean y no perciban» Marcos 4:1-20. Una parábola revela a quien está dispuesto a escuchar y deja al descubierto a quien no lo está. A veces el oyente entiende demasiado bien: tras la de los labradores malvados, los principales sacerdotes «entendían que decía contra ellos aquella parábola» y buscan prenderlo Marcos 12:1-12.