«Oye, Israel»
Moisés, antes de que el pueblo entre en la tierra, resume lo esencial: «Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas» Deuteronomio 6:4-9.
El pasaje tiene dos partes que se sostienen una a otra. La primera es una confesión: hay un solo Dios para Israel, y es Jehová. La segunda es la respuesta: amarlo con toda la persona. Lo que sigue explica cómo vivir esa confesión cada día:
- Las palabras han de estar «sobre tu corazón».
- Se enseñan a los hijos y se repiten «estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes».
- Se atan «como una señal en tu mano» y «como frontales entre tus ojos».
- Se escriben «en los postes de tu casa, y en tus puertas».
La oración de cada día
Con el tiempo, el Shemá se convirtió en la oración que todo judío recita por la mañana y por la noche, cumpliendo el «al acostarte y cuando te levantes». En la liturgia judía se compone de tres pasajes: Deuteronomio 6:4-9; Deuteronomio 11:13-21, que une la obediencia con la lluvia y la cosecha Deuteronomio 11:13-21; y Números 15:37-41, que manda llevar flecos en los bordes de los vestidos para recordar los mandamientos Números 15:37-41.
Jesús y el primer mandamiento
Cuando un escriba le pregunta «¿Cuál es el primer mandamiento de todos?», Jesús no elige un mandamiento del Decálogo, sino el Shemá, y le une un segundo: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19:18). El escriba le da la razón: Dios es uno, y amarlo y amar al prójimo «es más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús le responde: «No estás lejos del reino de Dios» Marcos 12:28-34.
El Dios único en el resto de la Biblia
Los profetas repiten la misma confesión: «Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí» Isaías 45:5-6; «antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí… y fuera de mí no hay quien salve» Isaías 43:10-11. Y anuncian el día en que «Jehová será uno, y uno su nombre» en toda la tierra Zacarías 14:9.
En el Nuevo Testamento, Pablo lo da por supuesto frente a los ídolos de Corinto: «no hay más que un Dios» 1 Corintios 8:4-6. Santiago lo usa para advertir que no basta con confesarlo: «Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan» Santiago 2:19.
Uno quiere decir uno
Ejad es el número «uno», y el Shemá afirma que Dios es uno sin división: no un Dios en varias personas, sino un solo Dios. El Nuevo Testamento no corrige esa confesión, sino que la repite Marcos 12:29 y muestra a ese mismo Dios único manifestado en Jesucristo: «Dios fue manifestado en carne» 1 Timoteo 3:16, y en Cristo «habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» Colosenses 2:9. Por eso 1 Corintios 8:6, que habla de «un Dios, el Padre» y de «un Señor, Jesucristo», no habla de dos personas divinas, sino del único Dios y de su manifestación en el Hijo.