El pan de cada día
En el mundo bíblico, comer era sobre todo comer pan. Por eso «pan» significa muchas veces «alimento» en general, como cuando Dios dice a Adán: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan» Génesis 3:19, es decir, te ganarás la comida con esfuerzo.
El pan se hacía en casa, normalmente por las mujeres, y cada día: había que moler el grano con piedras de mano, amasar con agua y sal, y cocer las tortas en un horno de barro o sobre piedras calientes. Cuando llegan los tres visitantes, Abraham pide a Sara: «Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo» Génesis 18:6. El de trigo era el mejor; los pobres comían pan de cebada. En el campo de Booz, Rut come pan mojado en vinagre con los segadores Rut 2:14.
Pan del cielo
En el desierto, Dios alimenta al pueblo con el maná: «He aquí yo os haré llover pan del cielo» Éxodo 16:4. Moisés saca después la lección: Dios lo hizo «para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre» Deuteronomio 8:3. Jesús responde con esas palabras cuando el diablo lo tienta a convertir las piedras en pan Mateo 4:3-4.
Pan en el santuario
En el lugar santo del tabernáculo había una mesa con doce panes, los «panes de la proposición», que se renovaban cada sábado y solo podían comer los sacerdotes Levítico 24:5-9. Cuando David huía de Saúl, el sacerdote Ahimelec, que no tenía otro pan, le dio de esos panes consagrados 1 Samuel 21:3-6, un episodio que Jesús recordará a los fariseos para defender a sus discípulos (Marcos 2:25-26). Ver «Mesa de los panes».
«Yo soy el pan de vida»
Jesús enseña a pedir: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy» Mateo 6:11, la petición de lo necesario para vivir un día más. Alimenta a una multitud con cinco panes de cebada y dos peces, y sobran doce cestas Juan 6:9-13. Y al día siguiente explica el signo: no fue Moisés quien dio el verdadero pan del cielo, sino el Padre, «Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre» Juan 6:32-35.
En la última cena toma el pan y dice: «esto es mi cuerpo». Y en Emaús, los dos discípulos reconocen al resucitado cuando «tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio» Lucas 24:30-31. Desde entonces, «partir el pan» será para los cristianos la señal de la comunidad reunida con su Señor. Ver «Cena del Señor».