Oseas habla desde dentro del reino del norte, Israel, al que llama a menudo Efraín, y a él se dirige casi todo su libro. Empieza a profetizar en los últimos años de Jeroboam II, un reinado largo y próspero Oseas 1:1 2 Reyes 14:23, y su libro deja ver lo que vino después: una sucesión de reyes asesinados, alianzas que cambian con Asiria y con Egipto, y el final del reino, que cayó ante Asiria en 722 a.C. De su vida solo se sabe que era hijo de Beeri y lo que él mismo cuenta de su familia.
Oseas y Gomer: el matrimonio del profeta y sus hijos
Oseas 1:1—2:1 Leer esta escena aparte →El libro abre con una orden desconcertante: Dios manda a Oseas tomar por mujer a una «mujer fornicaria» y tener «hijos de fornicación», porque la tierra se prostituye apartándose de Jehová Oseas 1:2. Oseas se casa con Gomer, hija de Diblaim, y ella le da un hijo Oseas 1:3.
Los tres hijos llevan nombres que son mensajes. El primero se llama Jezreel, porque Dios va a castigar a la casa de Jehú por la sangre derramada en Jezreel y pondrá fin al reino de Israel Oseas 1:4-5. La segunda, Lo-ruhama, «no compadecida», porque Dios ya no tendrá compasión de Israel Oseas 1:6. El tercero, Lo-ammi, «no pueblo mío», porque «vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios» Oseas 1:8-9. Es, dicha al revés, la fórmula con que Dios había sellado su pacto en el éxodo: «os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios» Éxodo 6:7.
Pero el capítulo no termina ahí. En el mismo lugar donde se les dijo «no sois mi pueblo», se les llamará «hijos del Dios viviente», y Judá e Israel volverán a juntarse bajo un solo jefe Oseas 1:10-11.
Oseas vuelve a comprar a su mujer infiel
Oseas 3:1-5 Leer esta escena aparte →El capítulo 2 es un largo pleito de Dios contra Israel con el lenguaje de un marido engañado: la esposa se ha ido tras sus amantes, atribuyéndoles el trigo, el vino y el aceite que él le daba Oseas 2:5 Oseas 2:8. El castigo termina en una sorpresa: Dios la llevará al desierto y le hablará al corazón, como en los días de su juventud cuando salió de Egipto; ella ya no lo llamará «mi Baal», sino «mi marido», y él la desposará para siempre en justicia, juicio, amor y misericordia Oseas 2:14-16 Oseas 2:19-20.
En el capítulo 3, Oseas vuelve a hablar en primera persona. Dios le manda amar a una mujer amada de su compañero y adúltera, como Dios ama a los hijos de Israel aunque se vuelven a otros dioses Oseas 3:1. Oseas la compra por quince siclos de plata y una medida y media de cebada, y le pide que durante muchos días no sea de otro hombre. Así, dice, estará Israel muchos días sin rey, sin sacrificio y sin imágenes, y después volverá y buscará a su Dios Oseas 3:2-5.
«Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento»: Oseas 4
Oseas 4:1—8:14 Leer esta escena aparte →El resto del libro es una serie de oráculos breves y cortantes. Dios tiene un pleito con los habitantes de la tierra porque no hay en ella verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios Oseas 4:1-2. Y la culpa la tienen en buena parte los sacerdotes: «mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento» Oseas 4:6. La piedad del pueblo es como nube de la mañana y como el rocío que se desvanece Oseas 6:4. Lo que Dios quiere es misericordia y no sacrificio, conocimiento de Dios más que holocaustos Oseas 6:6.
Oseas ataca también la política de su tiempo. Israel pone reyes sin contar con Dios Oseas 8:4, y es como una paloma incauta que llama a Egipto y acude a Asiria Oseas 7:11. Y ataca el culto del norte: el becerro de Samaria no es Dios, y será hecho pedazos Oseas 8:5-6.
«De Egipto llamé a mi hijo»: el amor de Dios en Oseas 11
Oseas 11:1-11 Leer esta escena aparte →En el centro de las acusaciones, el libro deja hablar a Dios como un padre. Cuando Israel era niño, Dios lo amó y de Egipto llamó a su hijo Oseas 11:1. Le enseñó a andar tomándolo de los brazos, lo atrajo con cuerdas humanas, con lazos de amor; pero cuanto más lo llamaba, más se alejaba Oseas 11:2-4.
El castigo parece inevitable, y sin embargo Dios se pregunta: ¿cómo podré abandonarte, Efraín? ¿Cómo podré hacerte como Adma o Zeboim, las ciudades destruidas con Sodoma? Su corazón se conmueve, y no ejecutará el ardor de su ira, «porque Dios soy, y no hombre» Oseas 11:8-9. El libro termina con una invitación a volver: vuelve, Israel, a Jehová tu Dios, y con la promesa de sanar su rebelión y amarlos de pura gracia Oseas 14:1-4.
Cómo lo recuerda la Biblia
El Nuevo Testamento vuelve a Oseas varias veces. Mateo aplica «de Egipto llamé a mi hijo» a la vuelta de Jesús niño desde Egipto Mateo 2:15. En Oseas la frase habla del éxodo de Israel Oseas 11:1. Jesús cita dos veces «misericordia quiero, y no sacrificio» para defender su trato con los pecadores y a sus discípulos Mateo 9:13 Mateo 12:7. Pablo y Pedro leen los nombres de los hijos de Oseas —«no pueblo mío», «no compadecida»— como anuncio de la entrada de los gentiles en el pueblo de Dios Romanos 9:25-26 1 Pedro 2:10. Y Pablo toma de Oseas su desafío a la muerte: «¿dónde está, oh muerte, tu aguijón?» Oseas 13:14 1 Corintios 15:55.
Otros con el mismo nombre
- jefe de la tribu de Efraín en tiempos de David
- último rey de Israel, en cuyo reinado cayó Samaria ante Asiria
- uno de los jefes del pueblo que sellaron el pacto de Nehemías
El nombre hebreo es el mismo que llevaba Josué antes de que Moisés se lo cambiara Números 13:16.