Un simple mortal
En el Antiguo Testamento, «hijo de hombre» es sobre todo una manera poética de decir «ser humano», con un matiz de pequeñez. El Salmo 8 lo usa en paralelo con «hombre»: ante los cielos, «¿qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?» Salmos 8:4. En Ezequiel es la forma en que Dios llama al profeta más de noventa veces: «Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y hablaré contigo» Ezequiel 2:1. Frente a la gloria de Dios, el profeta es solo un mortal.
Uno como un hijo de hombre
En Daniel 7, el profeta ve en visión cuatro bestias que salen del mar, imágenes de imperios. Después, en el tribunal del Anciano de días, aparece «uno como un hijo de hombre» que viene «con las nubes del cielo», y recibe dominio, gloria y un reino que no será destruido Daniel 7:13-14. Frente a las bestias, una figura humana. El propio capítulo interpreta después que el reino se da «al pueblo de los santos del Altísimo».
En boca de Jesús
En los evangelios, la expresión aparece más de ochenta veces, casi siempre en boca de Jesús y hablando de sí mismo. Fuera de sus labios apenas se usa: la multitud repite la expresión como pregunta —«¿Quién es este Hijo del Hombre?»— Juan 12:34, y Esteban, al morir, ve «al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios» Hechos 7:56. Los dichos se agrupan en tres tipos.
Su autoridad presente. El Hijo del Hombre tiene potestad para perdonar pecados Marcos 2:10 y es «Señor aun del día de reposo» Marcos 2:27-28. Pero también es alguien sin casa: «las zorras tienen guaridas… mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza» Mateo 8:20.
Su sufrimiento. «Era necesario que el Hijo del Hombre padeciese mucho, y fuese desechado… y que fuese muerto, y resucitase después de tres días» Marcos 8:31; vino «no para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» Marcos 10:45.
Su venida. Ante el sumo sacerdote, que le pregunta si es el Cristo, Jesús responde «Yo soy», y cita a Daniel: «veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo». El sumo sacerdote rasga sus vestidos Marcos 14:61-62.