«¿Qué es esto?»: el maná aparece en el desierto de Sin
Éxodo 16:1-15 Leer esta escena aparte →A los quince días del segundo mes de la salida de Egipto, el pueblo llega al desierto de Sin, entre Elim y el Sinaí, y murmura contra Moisés y Aarón: ojalá hubieran muerto en Egipto, sentados junto a las ollas de carne y comiendo pan hasta saciarse Éxodo 16:1-3. Dios responde con un anuncio y una prueba: «Yo os haré llover pan del cielo», y el pueblo saldrá a recoger cada día la porción del día, para ver si anda en su ley o no Éxodo 16:4.
Por la tarde llegan las codornices y cubren el campamento; por la mañana hay una capa de rocío alrededor Éxodo 16:13. Cuando el rocío se evapora, queda sobre el desierto «una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra». Los israelitas se preguntan unos a otros qué es, porque no lo saben, y Moisés les dice: «Es el pan que Jehová os da para comer» Éxodo 16:14-15.
Cómo era el maná y cómo se cocinaba
Números 11:7-9 Leer esta escena aparte →El Éxodo lo describe como algo blanco, parecido a la semilla de culantro, con sabor a hojuelas con miel Éxodo 16:31. Números añade el color, el del bedelio, y la manera de prepararlo: el pueblo lo recogía, lo molía en molinos o lo majaba en morteros, lo cocía en caldera o hacía tortas, y sabía a aceite nuevo Números 11:7-8. Caía de noche con el rocío sobre el campamento Números 11:9, y cuando calentaba el sol se derretía Éxodo 16:21.
Un gomer por persona y ración doble el sexto día
Éxodo 16:16-30 Leer esta escena aparte →La orden es recoger según lo que cada uno coma: un gomer por persona, según el número de la gente de cada tienda. Unos recogen más y otros menos, pero al medirlo con el gomer, ni al que recogió mucho le sobra ni al que recogió poco le falta Éxodo 16:16-18. Pablo citará esta frase siglos después para pedir a los corintios que compartan con los necesitados 2 Corintios 8:15.
No se puede guardar nada para el día siguiente. Algunos no hacen caso, y lo guardado cría gusanos y huele mal Éxodo 16:19-20. Pero el sexto día cada uno recoge dos gomeres, y Moisés explica que mañana es el día de reposo: lo que sobre se guarda, y esa vez no se pudre ni cría gusanos Éxodo 16:22-24. El séptimo día no hay maná en el campo. Algunos salen a buscarlo igualmente y no lo encuentran, y Dios pregunta hasta cuándo se negarán a guardar sus mandamientos Éxodo 16:25-28. El pueblo reposa el séptimo día Éxodo 16:29-30.
La vasija del maná delante del testimonio
Éxodo 16:32-36 Leer esta escena aparte →Moisés manda llenar un gomer de maná y guardarlo para las generaciones futuras, «a fin de que vean el pan que yo os di a comer en el desierto». Aarón toma una vasija, pone en ella un gomer lleno de maná y la coloca delante de Jehová; y así lo deposita «delante del Testimonio» Éxodo 16:32-34. El capítulo cierra con dos notas: que los israelitas comieron maná cuarenta años, hasta llegar a los límites de Canaán, y que un gomer es la décima parte de un efa Éxodo 16:35-36.
La carta a los Hebreos, al describir el lugar santísimo, sitúa «una urna de oro que contenía el maná» dentro del arca de la alianza, junto a la vara de Aarón y las tablas Hebreos 9:4.
El hastío del maná: «nada sino este maná ven nuestros ojos»
Números 11:4-9 Leer esta escena aparte →El maná acompaña todo el viaje, y el pueblo termina cansado de él. Al poco de dejar el Sinaí, la gente extranjera que iba con Israel tiene un vivo deseo de carne, y los israelitas lloran con ellos: se acuerdan del pescado que comían en Egipto, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos, «y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos» Números 11:4-6. La respuesta de Dios son las codornices, y con ellas una plaga Números 11:31-34.
Años después, mientras rodean la tierra de Edom, la queja vuelve con más dureza: no hay pan ni agua, «y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano» Números 21:5. Es el episodio de las serpientes, que termina con la serpiente de bronce.
El maná cesa en Gilgal al entrar en Canaán
Josué 5:10-12 Leer esta escena aparte →El final del maná es tan preciso como su comienzo. Los israelitas acampan en Gilgal, en los llanos de Jericó, y celebran la Pascua. Al día siguiente comen del fruto de la tierra, panes sin levadura y espigas tostadas, y el maná cesa ese mismo día: «nunca más tuvieron maná», sino que comieron de los frutos de Canaán aquel año Josué 5:10-12.
El maná pertenece al desierto. Termina cuando el pueblo puede comer de lo que la tierra produce, y su final marca, tanto como el paso del Jordán, el comienzo de otra etapa.
«No solo de pan vivirá el hombre»: el maná en Deuteronomio y los Salmos
Deuteronomio 8:3 Leer esta escena aparte →Deuteronomio explica el sentido de aquellos años. Dios afligió al pueblo, le dejó tener hambre y le sustentó con maná, comida que ni él ni sus padres conocían, «para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre» Deuteronomio 8:3. El maná fue a la vez sustento y prueba, «para a la postre hacerte bien» Deuteronomio 8:16.
Jesús responde con ese versículo cuando, en el desierto, es tentado a convertir las piedras en pan Mateo 4:3-4. Los Salmos y la oración de los levitas en Nehemías recuerdan el maná como un regalo: Dios «hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, y les dio trigo de los cielos; pan de nobles comió el hombre» Salmos 78:24-25, y no lo retiró de su boca Nehemías 9:20.
Jesús, el pan de vida, y el maná escondido del Apocalipsis
Juan 6:31-51 Leer esta escena aparte →Tras la multiplicación de los panes, la multitud que busca a Jesús en Capernaúm Juan 6:24 le pide una señal y le recuerda que sus padres comieron el maná en el desierto: «Pan del cielo les dio a comer». Jesús responde que no fue Moisés quien les dio el pan del cielo, sino que su Padre les da ahora el verdadero, el que desciende del cielo y da vida al mundo, y añade: «Yo soy el pan de vida» Juan 6:31-35. Y marca la diferencia con el maná: los padres lo comieron y murieron; el que coma del pan que él da vivirá para siempre Juan 6:48-51.
Pablo llama al maná «alimento espiritual» y lo usa como advertencia: todos lo comieron, pero la mayoría de aquella generación no agradó a Dios y quedó tendida en el desierto 1 Corintios 10:3-5. En el Apocalipsis, el mensaje a la iglesia de Pérgamo promete al vencedor «del maná escondido» y una piedrecita blanca con un nombre nuevo Apocalipsis 2:17.