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Espíritu

También: Espíritu Santo · Espíritu de Dios · Espíritu de Jehová · Rúaj · Ruaj · Pneuma · Consolador · Paráclito · Aliento · Viento

En la Biblia, la misma palabra significa viento, aliento y espíritu. Aplicada al ser humano, es el aliento de vida que Dios le da. Aplicada a Dios, el «Espíritu de Jehová» o «Espíritu Santo» es Dios mismo presente y actuando: crea, da vida, capacita a jueces, reyes y profetas para su tarea y, según el Nuevo Testamento, habita en los creyentes desde Pentecostés.

En la Biblia

El Espíritu de Dios se movía sobre las aguas en la creación (Génesis 1:2) y viene sobre los jueces, sobre Saúl y sobre David (1 Samuel 16:13). Los profetas anuncian que un día se derramará sobre toda carne (Joel 2:28-29), y Hechos cuenta que eso ocurre en Pentecostés (Hechos 2:1-4, 16-18). Jesús promete a los discípulos otro «Consolador», el Espíritu de verdad (Juan 14:16-17).

Etimología

Del latín spiritus, «soplo», de spirare, «soplar» (de ahí «respirar» e «inspirar»). Traduce el hebreo רוּחַ rúaj y el griego πνεῦμα pneûma, de pnéō, «soplar» (de ahí «neumático»). En ambas lenguas la palabra conserva su sentido físico de aire en movimiento, y el texto juega a menudo con los dos sentidos a la vez. Rúaj es casi siempre femenino en hebreo; pneûma es neutro en griego.

Viento, aliento, espíritu

Donde el castellano necesita tres palabras, el hebreo tiene una. Rúaj es el viento que sopla sobre el mar Rojo y lo abre Éxodo 14:21; es el aliento que entra y sale de un ser vivo; y es el espíritu, lo que anima a una persona o la mueve desde dentro. Muchos pasajes juegan con los tres sentidos a la vez, y ninguna traducción puede conservarlos todos.

El primer versículo que usa la palabra ya lo muestra: «el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas» Génesis 1:2. Puede leerse también «un viento de Dios», y los traductores discuten. Al crear al hombre, Dios sopla en su nariz «aliento de vida» Génesis 2:7 —aquí la palabra es otra, neshamá, pero la idea es la misma—: estar vivo es tener el soplo de Dios. Cuando Dios lo retira, se muere Salmos 104:29-30.

El Espíritu que capacita

En los libros históricos el Espíritu de Jehová aparece sobre todo como Dios mismo actuando con poder, que irrumpe sobre personas concretas y las hace capaces de lo que no podrían hacer solas. Viene sobre Otoniel, Gedeón y Jefté para que liberen a Israel; sobre Sansón para que despedace a un león con las manos Jueces 14:6. Viene sobre Saúl y lo hace profetizar 1 Samuel 10:10, y después se aparta de él cuando viene sobre David 1 Samuel 16:13-14. Incluso los artesanos del tabernáculo, como Bezaleel, reciben el Espíritu de Dios «en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte» Éxodo 31:1-5.

El Espíritu es, en estos textos, la acción de Dios sobre unos pocos para una tarea. Moisés expresa un deseo que va más allá: «Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos» Números 11:29.

La promesa de los profetas

Ese deseo se convierte en promesa. Ezequiel ve un valle de huesos secos y recibe la orden de profetizar al rúaj: el viento sopla desde los cuatro puntos, entra en los cuerpos y viven. La visión se explica: es Israel en el exilio, al que Dios promete «pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis» Ezequiel 37:1-14. La misma palabra es viento, aliento y Espíritu en un solo pasaje. Joel anuncia que el Espíritu se derramará «sobre toda carne»: hijos e hijas, ancianos y jóvenes, siervos y siervas Joel 2:28-29.

En el Nuevo Testamento

El Espíritu desciende sobre Jesús en su bautismo Marcos 1:10, lo impulsa al desierto y lo unge para anunciar buenas nuevas Lucas 4:18. Hablando con Nicodemo, Jesús usa el doble sentido de pneûma: «El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu» Juan 3:8.

En los discursos de la última cena, Juan presenta al Espíritu como «otro Consolador» —en griego paráklētos, el que es llamado junto a alguien para ayudarlo o defenderlo— que estará con los discípulos para siempre Juan 14:16-17. En Pentecostés, con un estruendo como de viento y lenguas como de fuego, el Espíritu llena a los reunidos Hechos 2:1-4, y Pedro lo explica con la profecía de Joel Hechos 2:16-18. Lo que antes era para unos pocos es ahora para todos.

Para Pablo, el Espíritu es la marca misma del creyente: «si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él»; el Espíritu da vida, guía y da testimonio de que los creyentes son hijos de Dios Romanos 8:9-16. Sus frutos son amor, gozo, paz, paciencia Gálatas 5:22-23, y sus dones se reparten para el bien de la comunidad 1 Corintios 12:4-11.

El Antiguo Testamento habla del Espíritu de Jehová como el poder y la presencia de Dios mismo, sin distinguirlo de él. El Nuevo Testamento usa además lenguaje personal —el Espíritu enseña, intercede, puede ser entristecido Efesios 4:30— porque es Dios mismo quien actúa: «Dios es Espíritu» Juan 4:24, y «el Señor es el Espíritu» 2 Corintios 3:17.

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