eLogos

Publicano

También: Publicanos · Recaudador de impuestos · Cobrador de impuestos · Zaqueo

Recaudador de impuestos, peajes y aduanas en la Palestina del siglo I. Solía trabajar para un contratista que había arrendado el cobro a las autoridades romanas o a los príncipes herodianos, y podía quedarse con lo que cobrara de más. Por colaborar con el poder y por su fama de abusos, los publicanos eran despreciados y se los contaba entre los pecadores. Jesús come con ellos y llama a uno, Mateo, como discípulo.

En la Biblia

Los evangelios los nombran juntos con los pecadores (Marcos 2:15-16). Juan el Bautista les dice: «No exijáis más de lo que os está ordenado» (Lucas 3:12-13). Jesús llama a Leví o Mateo, sentado en su mesa de tributos (Mateo 9:9), y en Jericó se hospeda en casa de Zaqueo, jefe de los publicanos (Lucas 19:1-10). En la parábola, el publicano que pide perdón vuelve justificado a su casa (Lucas 18:9-14).

Etimología

Del latín publicanus, el que contrataba con el Estado la gestión de los ingresos públicos (publicum). El griego de los evangelios dice telṓnēs, de télos, «impuesto, tributo»: el cobrador de tributos, sobre todo de peajes. Zaqueo es architelṓnēs, «jefe de los publicanos».

Cobrar impuestos para otros

Roma no cobraba sus impuestos con funcionarios propios en todas partes. En muchas regiones arrendaba el cobro: un contratista pagaba por adelantado una suma y se encargaba después de recaudarla, con ganancia. En Galilea, bajo Herodes Antipas, el sistema funcionaba de forma parecida. Los que se sentaban en las aduanas de los caminos y los puertos, como el de Capernaum, eran empleados locales —judíos— que cobraban peajes y tasas sobre las mercancías.

El sistema se prestaba al abuso, y la gente lo sabía. Cuando unos publicanos preguntan a Juan el Bautista qué deben hacer, él no les pide que dejen el oficio, sino que no cobren de más: «No exijáis más de lo que os está ordenado» Lucas 3:12-13.

«Publicanos y pecadores»

Por colaborar con el poder extranjero, por su trato constante con gentiles y por su fama de ladrones, los publicanos estaban al margen de la gente piadosa. Los evangelios los nombran casi siempre junto a los «pecadores», y la expresión es un insulto: Jesús mismo la recoge para decir qué pensaban sus críticos de él —«amigo de publicanos y de pecadores»— Mateo 11:19, y en otro pasaje usa «gentil y publicano» como sinónimo de quien queda fuera de la comunidad Mateo 18:17.

Jesús y los publicanos

Por eso llama la atención lo que hace Jesús. Pasa junto a la mesa de los tributos, ve a Mateo —Leví en Marcos y Lucas— y le dice «Sígueme»; Mateo se levanta y lo sigue. Después Jesús come en su casa con muchos publicanos y pecadores, y a los que lo critican responde: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos… no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» Mateo 9:9-13 Marcos 2:14-17.

En Jericó, Zaqueo, jefe de los publicanos y rico, se sube a un árbol para ver a Jesús porque es bajo de estatura. Jesús se invita a su casa, la gente murmura, y Zaqueo promete dar la mitad de sus bienes a los pobres y devolver cuatro veces lo que haya defraudado. «Hoy ha venido la salvación a esta casa», responde Jesús Lucas 19:1-10.

El fariseo y el publicano

La parábola más conocida pone frente a frente a dos hombres que suben al templo a orar. El fariseo da gracias por no ser como los demás, «ni aun como este publicano»; el publicano, de lejos, no se atreve a alzar los ojos y se golpea el pecho: «Dios, sé propicio a mí, pecador». Jesús concluye que este volvió a su casa justificado, y no el otro Lucas 18:9-14. La parábola invierte las expectativas de sus oyentes: el que parecía justo no lo es, y el que todos daban por perdido, sí.

Aparece en

10 fichas de eLogos usan este término: