Cobrar impuestos para otros
Roma no cobraba sus impuestos con funcionarios propios en todas partes. En muchas regiones arrendaba el cobro: un contratista pagaba por adelantado una suma y se encargaba después de recaudarla, con ganancia. En Galilea, bajo Herodes Antipas, el sistema funcionaba de forma parecida. Los que se sentaban en las aduanas de los caminos y los puertos, como el de Capernaum, eran empleados locales —judíos— que cobraban peajes y tasas sobre las mercancías.
El sistema se prestaba al abuso, y la gente lo sabía. Cuando unos publicanos preguntan a Juan el Bautista qué deben hacer, él no les pide que dejen el oficio, sino que no cobren de más: «No exijáis más de lo que os está ordenado» Lucas 3:12-13.
«Publicanos y pecadores»
Por colaborar con el poder extranjero, por su trato constante con gentiles y por su fama de ladrones, los publicanos estaban al margen de la gente piadosa. Los evangelios los nombran casi siempre junto a los «pecadores», y la expresión es un insulto: Jesús mismo la recoge para decir qué pensaban sus críticos de él —«amigo de publicanos y de pecadores»— Mateo 11:19, y en otro pasaje usa «gentil y publicano» como sinónimo de quien queda fuera de la comunidad Mateo 18:17.
Jesús y los publicanos
Por eso llama la atención lo que hace Jesús. Pasa junto a la mesa de los tributos, ve a Mateo —Leví en Marcos y Lucas— y le dice «Sígueme»; Mateo se levanta y lo sigue. Después Jesús come en su casa con muchos publicanos y pecadores, y a los que lo critican responde: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos… no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» Mateo 9:9-13 Marcos 2:14-17.
En Jericó, Zaqueo, jefe de los publicanos y rico, se sube a un árbol para ver a Jesús porque es bajo de estatura. Jesús se invita a su casa, la gente murmura, y Zaqueo promete dar la mitad de sus bienes a los pobres y devolver cuatro veces lo que haya defraudado. «Hoy ha venido la salvación a esta casa», responde Jesús Lucas 19:1-10.
El fariseo y el publicano
La parábola más conocida pone frente a frente a dos hombres que suben al templo a orar. El fariseo da gracias por no ser como los demás, «ni aun como este publicano»; el publicano, de lejos, no se atreve a alzar los ojos y se golpea el pecho: «Dios, sé propicio a mí, pecador». Jesús concluye que este volvió a su casa justificado, y no el otro Lucas 18:9-14. La parábola invierte las expectativas de sus oyentes: el que parecía justo no lo es, y el que todos daban por perdido, sí.