Los soldados lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas y se burlan de él como rey Marcos 15:16-20. Obligan a un hombre de Cirene, Simón, a llevar su cruz, y lo conducen al Gólgota, «lugar de la Calavera», fuera de la ciudad Marcos 15:21-22. Lo crucifican a la hora tercera, entre dos ladrones, con un letrero que dice la causa: «El Rey de los Judíos» Marcos 15:25-27. Los que pasan, los sacerdotes y hasta los crucificados con él se burlan: salvó a otros y a sí mismo no se puede salvar Marcos 15:29-32.
Desde la hora sexta hasta la novena hay tinieblas sobre la tierra. Jesús grita en arameo «Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?», «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?», las primeras palabras del salmo 22, y muere con un gran grito. El velo del templo se rasga de arriba abajo, y el centurión que lo vigila dice: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» Marcos 15:33-39 Salmos 22:1. Unas mujeres miran de lejos, entre ellas María Magdalena Marcos 15:40-41. Juan sitúa al pie de la cruz a su madre y al discípulo amado, y cuenta que un soldado le abrió el costado con una lanza Juan 19:25-27 Juan 19:33-34.
Esa tarde, víspera del sábado, José de Arimatea, un miembro del concilio, pide el cuerpo a Pilato, lo envuelve en una sábana y lo pone en un sepulcro cavado en la roca, que cierra con una piedra Marcos 15:42-46. Juan añade que Nicodemo llevó cien libras de mirra y áloes Juan 19:38-42.
Las profecías del Antiguo Testamento y cómo las lee el Nuevo
El Nuevo Testamento no presenta a Jesús como una novedad sin raíces, sino como el cumplimiento de lo que las Escrituras de Israel esperaban. Lucas pone esa lectura en boca del propio Jesús resucitado: era necesario que se cumpliera todo lo que estaba escrito de él «en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos» Lucas 24:44-47. En Juan dice a sus adversarios que las Escrituras «dan testimonio de mí» Juan 5:39, y Pedro escribe que los profetas indagaron qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos 1 Pedro 1:10-11. La lista de profecías de esta ficha recoge los textos principales; no todos funcionan del mismo modo.
Promesas que ya se leían como mesiánicas. Algunos textos alimentaban la esperanza judía de un rey futuro antes de Jesús: la promesa a David de un descendiente con un trono eterno 2 Samuel 7:12-16, el retoño que saldrá del tronco de Isaí Isaías 11:1-5, el niño cuyo nombre será «Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz» y que se sentará en el trono de David Isaías 9:6-7, el gobernante que saldrá de Belén Miqueas 5:2. Mateo muestra que esa lectura era común: los escribas de Herodes saben sin dudar dónde ha de nacer el Mesías Mateo 2:4-6.
El siervo que sufre. El hallazgo más sorprendente para los primeros cristianos fue un Mesías que moría. Lo encontraron en el cuarto canto del siervo de Isaías: el despreciado, herido por nuestras rebeliones, llevado como cordero al matadero, que carga con el pecado de muchos Isaías 53:3-12, y en los salmos del justo perseguido, sobre todo el 22, cuyo primer verso grita Jesús en la cruz Salmos 22:1 Salmos 22:16-18. Jesús mismo, según Lucas, se aplica Isaías 53 antes del arresto: «y fue contado con los inicuos» Lucas 22:37.
Lecturas tipológicas. Otros textos no eran predicciones en su contexto. «De Egipto llamé a mi hijo» habla en Oseas del éxodo de Israel Oseas 11:1; el llanto de Raquel por sus hijos, en Jeremías, de los deportados a Babilonia Jeremías 31:15. Mateo los aplica a la infancia de Jesús porque ve en ella la historia de Israel recorrida de nuevo Mateo 2:15 Mateo 2:17-18. Es una manera de leer la Escritura habitual en el judaísmo de la época: el patrón de lo que Dios hizo con su pueblo se repite y se cumple en el Mesías.
Quién es Jesús: los títulos del Nuevo Testamento
Los evangelios no responden a la pregunta con una definición sino con títulos, cada uno con su historia en el Antiguo Testamento.
- Cristo, el Mesías. El ungido esperado, rey de la casa de David. Es la confesión de Pedro Marcos 8:29 y la acusación por la que muere Marcos 15:26. Ver Mesías.
- Hijo del Hombre. El título que Jesús usa para sí mismo con más frecuencia, a la vez para hablar de su autoridad, de su sufrimiento y de su venida gloriosa, con el trasfondo de Daniel 7 Marcos 8:31 Marcos 14:62. Ver Hijo del Hombre.
- Hijo de Dios. El título con que Marcos abre su evangelio y el que pronuncia el centurión al pie de la cruz Marcos 1:1 Marcos 15:39.
- Señor. El Kýrios con que la traducción griega del Antiguo Testamento traducía el nombre de Dios, aplicado a Jesús: ante su nombre se doblará toda rodilla Filipenses 2:9-11. Ver Jehová.
- El Verbo. Juan abre su evangelio presentándolo como la Palabra que estaba con Dios y era Dios, por la que todo fue hecho, y que «fue hecho carne, y habitó entre nosotros» Juan 1:1-14.
- «Yo soy». En Juan, Jesús habla de sí mismo con la fórmula «yo soy»: el pan de vida, la luz del mundo, el buen pastor, la resurrección, y en absoluto: «antes que Abraham fuese, yo soy» Juan 8:58, que evoca el nombre revelado a Moisés en la zarza Éxodo 3:14.
Un solo Dios manifestado en Jesús
El punto de partida es el mismo que el de Israel: Dios es uno Deuteronomio 6:4, fuera de él no hay otro Dios ni otro salvador Isaías 43:10-11 Isaías 45:5. El Nuevo Testamento no añade un segundo o un tercer Dios, sino que muestra a ese Dios único hecho visible: «Dios fue manifestado en carne» 1 Timoteo 3:16, «Dios estaba en Cristo» 2 Corintios 5:19, y en él «habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» Colosenses 2:9. Por eso Jesús puede decir a Felipe, que le pide ver al Padre, que quien lo ha visto a él ha visto al Padre Juan 14:8-9, y por eso Isaías llama al niño que había de nacer «Dios Fuerte, Padre Eterno» Isaías 9:6.
«Padre», «Hijo» y «Espíritu Santo» no nombran tres personas, sino al único Dios en su manera de revelarse: el Padre, Dios en su trascendencia, que es Espíritu Juan 4:24; el Hijo, Dios manifestado en una humanidad verdadera, nacida de María; el Espíritu, Dios mismo actuando en los creyentes. Las oraciones de Jesús al Padre, su cansancio o que no supiera el día ni la hora Marcos 13:32 pertenecen a esa humanidad real, no a una distinción de personas dentro de Dios. Y el «nombre» del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en singular, que manda Mateo Mateo 28:19, es el que los apóstoles invocan al bautizar: el de Jesucristo Hechos 2:38. Ver también Pedro y Jehová.
Su papel dentro de la Biblia
Jesús es el centro del Nuevo Testamento: los cuatro evangelios cuentan su vida, Hechos la expansión del anuncio sobre él, las cartas explican su significado y el Apocalipsis anuncia su venida. Su mensaje se resume en una frase: el reino de Dios se ha acercado Marcos 1:15. Pero el Nuevo Testamento lo presenta, sobre todo, como el punto en que culmina la historia de Israel: el descendiente de Abraham en quien serían benditas todas las naciones Gálatas 3:8 Gálatas 3:16, el hijo de David con trono eterno, el profeta como Moisés y el mediador del nuevo pacto anunciado por Jeremías Hebreos 8:6-13. La carta a los Hebreos lo dice al empezar: Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los profetas, y en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo Hebreos 1:1-3.
Cómo lo recuerda el resto del Nuevo Testamento
En la predicación de los apóstoles. En Pentecostés, Pedro resume la historia en pocas frases: Jesús de Nazaret, aprobado por Dios con milagros, entregado y crucificado, resucitado por Dios, a quien «Dios le ha hecho Señor y Cristo» Hechos 2:22-36. Es el núcleo de todos los discursos de Hechos.
En Pablo. Las cartas de Pablo son los textos cristianos más antiguos, anteriores a los evangelios. Casi no cuentan la vida de Jesús, pero conservan lo esencial: la cena de la noche en que fue entregado 1 Corintios 11:23-25, su muerte por nuestros pecados, su sepultura y su resurrección al tercer día «conforme a las Escrituras» 1 Corintios 15:3-4. En Filipenses cita lo que parece un himno anterior: el que, siendo en forma de Dios, se despojó a sí mismo, tomó forma de siervo y se humilló hasta la muerte de cruz Filipenses 2:5-11.
En Hebreos. Jesús es el sumo sacerdote que ofrece un único sacrificio, su propia vida, y entra de una vez para siempre en el santuario Hebreos 9:11-14. Por eso la carta lee el tabernáculo, el velo y el día de la expiación como sombras de lo que en él se cumple. Ver el tabernáculo y el velo.
En el Apocalipsis. Juan lo ve como «uno semejante al Hijo del Hombre», el que vive, que estuvo muerto y tiene las llaves de la muerte Apocalipsis 1:12-18, y como el Cordero inmolado que abre el libro sellado Apocalipsis 5:6-10. La Biblia termina con su promesa y la respuesta de la iglesia: «Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús» Apocalipsis 22:20.
Jesús en la historia: lo que dicen las fuentes externas
Otros con el mismo nombre
Yeshúa era un nombre frecuente en el siglo I, y el Nuevo Testamento conoce a otros. En el griego de Hechos 7:45 y Hebreos 4:8, Iēsoûs designa a Josué, el sucesor de Moisés, y la Reina-Valera lo traduce así: ver Josué. Pablo nombra a un colaborador, «Jesús, llamado Justo» Colosenses 4:11, y en Chipre se enfrenta a un mago llamado Barjesús, «hijo de Jesús» Hechos 13:6.