Roma en Judea
Tras la destitución de Arquelao, hijo de Herodes, en el año 6 d. C., Judea pasó a ser gobernada directamente por Roma. Al frente había un gobernador de rango ecuestre, dependiente del legado de Siria, que vivía en Cesarea, la ciudad portuaria construida por Herodes, y subía a Jerusalén con tropas en las grandes fiestas, cuando la ciudad se llenaba de peregrinos y el riesgo de disturbios era mayor.
El gobernador controlaba el ejército, recaudaba los impuestos para Roma y tenía la última palabra en los juicios capitales. El Sanedrín y el sumo sacerdote conservaban autoridad en asuntos religiosos y de orden interno, pero no podían ejecutar una sentencia de muerte. Por eso, en el juicio de Jesús, los dirigentes dicen a Pilato: «A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie» Juan 18:28-31.
Poncio Pilato
Pilato gobernó Judea del año 26 al 36. Lucas lo usa para fechar el comienzo de la predicación del Bautista Lucas 3:1, y menciona un episodio de su dureza: unos galileos «cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos» Lucas 13:1. Los evangelios lo presentan dudando ante Jesús, pero cediendo ante la presión: «¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte?», le dice; y finalmente, ante el grito «Si a éste sueltas, no eres amigo de César», lo entrega para ser crucificado Juan 19:10-16.
Félix y Festo
Pablo, arrestado en Jerusalén, es enviado de noche y con fuerte escolta a Cesarea, «a Félix el gobernador» Hechos 23:23-24. Félix lo escucha varias veces con su esposa Drusila, pero cuando Pablo le habla «acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero», se espanta. Esperaba que Pablo le diera dinero, y lo deja dos años en la cárcel para congraciarse con los judíos Hechos 24:24-27.
Su sucesor, Porcio Festo, propone a Pablo ser juzgado en Jerusalén. Pablo, ciudadano romano, apela al emperador: «Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado… A César apelo». Festo responde: «A César has apelado; a César irás» Hechos 25:9-12.