La señal en la carne
El pacto con Abraham tiene una promesa —descendencia, tierra, un Dios que será «tu Dios»— y una señal. Todo varón de la casa, nacido en ella o comprado, debía ser circuncidado a los ocho días; el que no lo fuera quedaba «cortado de su pueblo», porque había violado el pacto Génesis 17:9-14. Ese mismo día se circuncidan Abraham, a los noventa y nueve años, e Ismael, a los trece Génesis 17:24-26; Isaac lo será al octavo día, como manda la regla Génesis 21:4.
El rito es familiar y doméstico: no lo hace un sacerdote ni se requiere un santuario. Por eso define la pertenencia de un modo muy concreto: el extranjero que quiera comer la Pascua tiene que circuncidar antes a todos los varones de su casa Éxodo 12:48.
Episodios que la ponen a prueba
La circuncisión aparece en momentos de tensión del relato. Los hijos de Jacob la exigen a los hombres de Siquem como condición para un matrimonio y aprovechan el dolor del tercer día para atacarlos Génesis 34:13-25: la señal del pacto usada como trampa. Séfora circuncida a su hijo en el camino a Egipto, en un pasaje oscuro en que Jehová sale al encuentro de Moisés para matarlo Éxodo 4:24-26. Y al entrar en Canaán, Josué circuncida en Gilgal a toda la generación nacida en el desierto, que no lo estaba: «hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto» Josué 5:2-9.
«Incircunciso»
La palabra negativa dice tanto como la positiva. Los filisteos, un pueblo que no practicaba el rito, son para Israel «los incircuncisos» por antonomasia: David pregunta quién es ese filisteo incircunciso que provoca a los escuadrones del Dios vivo 1 Samuel 17:26, y Saúl pide a su escudero que lo mate para que no lo hagan «estos incircuncisos» 1 Samuel 31:4.
El término se usa también en sentido figurado, para lo que no funciona como debe. Moisés se describe como «incircunciso de labios», torpe para hablar Éxodo 6:12, y Jeremías dice que el oído del pueblo está incircunciso y no puede escuchar Jeremías 6:10.
La circuncisión del corazón
De ahí sale la imagen que más recorrido tendrá. Deuteronomio manda: «Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz» Deuteronomio 10:16, y promete que un día será Dios mismo quien lo haga, «para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón» Deuteronomio 30:6. Jeremías lleva la idea al extremo: Dios castigará a todo circuncidado junto con el incircunciso, a Egipto, Judá, Edom, Amón y Moab, porque «toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón» Jeremías 9:25-26. El rito sin la obediencia no protege.
En el Nuevo Testamento
Jesús es circuncidado al octavo día, como cualquier niño judío, y ese día recibe su nombre Lucas 2:21. La cuestión estalla después, con la entrada de los gentiles. Algunos venidos de Judea enseñan en Antioquía que sin circuncidarse «conforme al rito de Moisés» no se puede ser salvo, y eso lleva a la reunión de Jerusalén Hechos 15:1-2, que decide no imponer la circuncisión a los creyentes de las naciones Hechos 15:19-20.
Pablo es el que más desarrolla el tema, y no de forma simple. Circuncida a Timoteo, hijo de madre judía, por causa de los judíos de la región Hechos 16:3, pero se niega a que circunciden a Tito, que era griego Gálatas 2:3. En Gálatas escribe que «en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor» Gálatas 5:6, y en Romanos retoma a los profetas: el verdadero judío lo es en lo interior, «y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra» Romanos 2:28-29. Para él Abraham fue declarado justo antes de ser circuncidado, y la señal vino después, como sello Romanos 4:9-12.