Parar
La primera vez que aparece la idea no hay ley, solo un relato: al terminar la creación, Dios «reposó el día séptimo de toda la obra que hizo», y bendijo y santificó ese día Génesis 2:2-3. El verbo es shavat, «cesar»; el sustantivo «sábado» todavía no se usa.
El sustantivo entra en escena en el desierto, con el maná. El sexto día cae ración doble y Moisés explica: «Mañana es el santo día de reposo»; algunos salen a recoger el séptimo y no encuentran nada Éxodo 16:23-30. El sábado se aprende antes de legislarse: es una práctica que Dios hace posible dando el doble el día anterior.
Dos razones para el mismo mandamiento
El cuarto mandamiento aparece dos veces, y cada versión da un motivo distinto.
Lo que tienen en común es a quién alcanza el descanso: los hijos, los siervos, el extranjero que vive en las ciudades e incluso el buey y el asno. En un mundo en que el trabajo no tenía pausa para el esclavo, el sábado es un límite impuesto al amo.
Una señal del pacto
Éxodo lo eleva a signo de la relación entre Dios e Israel: «es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones», un «pacto perpetuo» Éxodo 31:13-17. Por eso su violación se castiga con dureza: el hombre sorprendido recogiendo leña el sábado es apedreado Números 15:32-36.
Los profetas lo tratan como piedra de toque de la fidelidad. Amós denuncia a los comerciantes que esperan impacientes a que pase el sábado para volver a vender con balanzas falsas Amós 8:5; Isaías promete bendición a quien lo llame «delicia» y no busque en él su propio negocio Isaías 58:13-14; y a la vuelta del exilio Nehemías cierra las puertas de Jerusalén el viernes al anochecer para que no entren mercaderías Nehemías 13:15-22.
Semanas de años
El mismo ritmo de siete se aplica a la tierra. Cada séptimo año los campos debían quedar sin sembrar, en «reposo para la tierra», y cada cincuenta años —tras siete semanas de años— llegaba el jubileo, en que las tierras volvían a sus familias de origen y se proclamaba libertad Levítico 25:1-12. La idea es la del sábado ampliada: nada de lo que Israel posee es suyo del todo, porque «la tierra mía es» Levítico 25:23.
En el Nuevo Testamento
Jesús asiste a la sinagoga en sábado «conforme a su costumbre» Lucas 4:16, pero varias de sus curaciones más conocidas ocurren ese día y provocan conflicto. Cuando reprochan a sus discípulos que arranquen espigas en sábado, responde con el ejemplo de David y con una frase que cambia el orden de las cosas: «El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo» Marcos 2:23-28. A la mujer encorvada la cura en sábado y defiende que, si se desata al buey para llevarlo a beber, más debía desatarse a una hija de Abraham Lucas 13:10-17. El debate no es si el sábado vale, sino qué está permitido hacer en él.
Pablo sigue buscando las sinagogas el sábado para predicar Hechos 17:2, pero escribe a los colosenses que nadie los juzgue por «días de reposo», que son «sombra de lo que ha de venir» Colosenses 2:16-17. Hebreos toma la palabra para hablar de un «reposo» que todavía queda para el pueblo de Dios Hebreos 4:9-10. Y ya en Hechos los creyentes se reúnen «el primer día de la semana» para partir el pan Hechos 20:7.