Justo en una relación
La justicia bíblica se mide dentro de relaciones: entre Dios y su pueblo, entre el juez y los litigantes, entre el rico y el pobre. Un caso lo muestra con claridad. Cuando Judá descubre que su nuera Tamar, a la que había dejado sin marido, está embarazada de él, reconoce: «Más justa es ella que yo» Génesis 38:26. No dice que ella fuera irreprochable, sino que había sido más fiel a lo que la familia le debía.
Por eso tsedaqá va casi siempre unida a mishpat, el derecho. Dios escoge a Abraham para que su casa guarde «el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio» Génesis 18:19, y la Ley manda jueces que no tuerzan el derecho ni acepten soborno: «la justicia, la justicia seguirás» Deuteronomio 16:18-20.
Hacer justicia al débil
En los profetas y los salmos, hacer justicia significa sobre todo defender a quien no puede defenderse. Isaías lo resume: «buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda» Isaías 1:17. El Salmo 82 imagina a Dios juzgando a los poderosos por no hacerlo Salmos 82:3-4.
Amós contrapone esa justicia al culto: Dios aborrece las fiestas y los sacrificios de un pueblo que atropella al pobre; lo que pide es que «corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo» Amós 5:21-24. Miqueas lo condensa en una frase: hacer justicia, amar misericordia y humillarse ante Dios Miqueas 6:8.
La justicia de Dios que salva
Aquí aparece un rasgo que choca con la idea moderna de justicia como castigo imparcial. En la segunda parte de Isaías, la «justicia» de Dios es casi sinónimo de su salvación: «Haré que se acerque mi justicia; no se alejará, y mi salvación no se detendrá» Isaías 46:13. Dios es justo porque cumple lo que prometió a su pueblo y lo rescata.
Contado por justicia
Un versículo del Génesis se volvió decisivo para el Nuevo Testamento. Abraham, sin hijos y anciano, cree la promesa de una descendencia, y el texto dice que aquello «le fue contado por justicia» Génesis 15:6. Antes de la circuncisión y de la Ley, la fe de Abraham es tenida por justicia.
En el Nuevo Testamento
Jesús habla de justicia en el sentido del Antiguo Testamento: bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia Mateo 5:6; buscad primero el reino de Dios y su justicia Mateo 6:33.
Pablo la lleva a otro terreno. En el evangelio, dice, «la justicia de Dios se revela por fe», y cita a Habacuc: «el justo por la fe vivirá» Romanos 1:16-17. Todos pecaron, pero son «justificados gratuitamente por su gracia» mediante la fe en Cristo; así Dios es «el justo, y el que justifica» Romanos 3:21-26. Para Pablo, justificar es un verbo de tribunal: Dios declara justo al culpable que cree.
Santiago, en cambio, usa el mismo ejemplo de Abraham para decir que la fe se muestra en obras y que el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe Santiago 2:21-24.