Juzgar es poner orden
En castellano «juez» evoca un tribunal. El hebreo shafat es más amplio: juzgar es hacer justicia, y eso puede significar resolver un pleito, gobernar a un pueblo o librarlo de un opresor. Por eso un mismo personaje, Débora, se sienta bajo una palmera para que los israelitas acudan a ella a juicio Jueces 4:4-5 y a la vez convoca la guerra contra Sísara.
Jueces para los pleitos
El primer sistema judicial que describe la Biblia nace de un problema práctico. Moisés atiende al pueblo desde la mañana hasta la tarde, y su suegro Jetro le hace ver que así se agotará: que elija hombres capaces, temerosos de Dios y que aborrezcan la avaricia, y que ellos resuelvan los asuntos pequeños Éxodo 18:13-26. Deuteronomio manda establecer jueces en todas las ciudades y fija la norma: no torcer el derecho, no hacer acepción de personas, no aceptar soborno, «porque el soborno ciega los ojos de los sabios» Deuteronomio 16:18-20. En la práctica, los pleitos locales se resolvían en la puerta de la ciudad, ante los ancianos Rut 4:1-2.
Los caudillos del libro de los Jueces
Después de Josué no hay un jefe único. El libro de los Jueces lo explica con un esquema que se repite: los israelitas hacen lo malo, Dios los entrega a un pueblo enemigo, claman, y Dios «levantaba jueces que los librasen»; muerto el juez, vuelven a corromperse Jueces 2:16-19.
Estos jueces son sobre todo libertadores militares, y actúan porque «el Espíritu de Jehová» viene sobre ellos. Son figuras regionales, no reyes: la mayoría libera a una tribu o a un grupo de tribus. Los comentaristas distinguen entre «jueces mayores», de los que se cuenta una historia (Otoniel, Aod, Débora y Barac, Gedeón, Jefté, Sansón), y «menores», de los que solo se da una breve noticia. Samuel es el último y el más completo: juez, profeta y sacerdote, que recorre cada año Betel, Gilgal y Mizpa juzgando a Israel 1 Samuel 7:15-17.
Del juez al rey
La transición se produce cuando los hijos de Samuel, a los que él había puesto como jueces, aceptan sobornos y pervierten el derecho. Los ancianos piden entonces «un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones», y Dios le dice a Samuel que no lo han desechado a él, sino a Dios mismo 1 Samuel 8:1-7. La función de juzgar pasa al rey: Salomón pide sabiduría precisamente para «juzgar a tu pueblo» 1 Reyes 3:9.
Dios, juez
Detrás de todos los jueces está uno. Abraham, al interceder por Sodoma, apela a él con una pregunta que es también un principio: «El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?» Génesis 18:25. Los salmos piden a Dios que juzgue —que haga justicia— como quien pide auxilio, no como quien teme una condena Salmos 7:8.
En el Nuevo Testamento el juicio final se atribuye a Dios y se confía a Cristo: Pablo anuncia en Atenas que Dios «juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó» Hechos 17:31. Y Hebreos recuerda a los jueces del libro de los Jueces entre los que por la fe «conquistaron reinos, hicieron justicia» Hebreos 11:32-33.