Qué era el incensario: un brasero para llevar el fuego del altar
Éxodo 27:3 Leer esta escena aparte →El incensario aparece primero entre los utensilios del altar de los holocaustos, hechos todos de bronce: los calderos para la ceniza, las paletas, los tazones, los garfios y «sus braseros» Éxodo 27:3. Cuando el campamento se pone en marcha, los sacerdotes los colocan sobre el altar con los demás utensilios y lo cubren con pieles, y después los levitas de la familia de Coat lo llevan Números 4:13-15.
Era, por tanto, un recipiente para el fuego. El sacerdote tomaba en él brasas encendidas del altar y echaba encima el incienso, de modo que el humo perfumado subía allí donde él lo llevaba. El altar de oro del lugar santo era el sitio fijo del incienso de cada día; el incensario permitía ofrecerlo en otro lugar Levítico 16:12.
Nadab y Abiú ofrecen fuego extraño con sus incensarios
Levítico 10:1-3 Leer esta escena aparte →Justo después de la inauguración del culto en el tabernáculo, Nadab y Abiú, hijos de Aarón, toman cada uno su incensario, ponen fuego en él y echan incienso encima, y ofrecen delante de Jehová «fuego extraño, que él nunca les mandó». Sale fuego de delante de Jehová y los consume, y mueren allí Levítico 10:1-2. Moisés explica a su hermano lo ocurrido con unas palabras de Dios: «En los que a mí se acercan me santificaré». Y Aarón calla Levítico 10:3.
El incensario tras el velo en el día de la Expiación
Levítico 16:12-13 Leer esta escena aparte →Después de la muerte de los dos hijos de Aarón, Dios establece cuándo y cómo podrá entrar el sumo sacerdote detrás del velo, «para que no muera» Levítico 16:1-2. Una vez al año, en el día de la Expiación, tomará un incensario lleno de brasas del altar que está delante de Jehová y dos puños de incienso aromático molido, y lo llevará dentro del velo. Allí echará el incienso sobre el fuego, «y la nube del incienso cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera» Levítico 16:12-13.
Solo entonces rocía la sangre sobre el propiciatorio Levítico 16:14. El incensario es lo que permite al sumo sacerdote estar ante el arca: el humo se interpone entre él y el lugar donde Dios se manifiesta.
Coré y los doscientos cincuenta incensarios
Números 16:1-40 Leer esta escena aparte →Coré, un levita, se alza con Datán, Abiram y doscientos cincuenta jefes de la congregación contra Moisés y Aarón: toda la congregación es santa, les dicen, ¿por qué se levantan ellos por encima del pueblo? Números 16:1-3. Moisés propone una prueba con incensarios: que cada uno tome el suyo, ponga fuego e incienso delante de Jehová al día siguiente, y que Dios muestre a quién ha escogido Números 16:6-7. Al día siguiente están todos a la puerta del tabernáculo, cada uno con su incensario, y Aarón con el suyo Números 16:16-18.
La tierra se abre y se traga a Coré, Datán y Abiram con sus casas Números 16:31-33, y sale fuego de Jehová que consume a los doscientos cincuenta que ofrecían el incienso Números 16:35. Después Dios manda a Eleazar, hijo de Aarón, sacar los incensarios de entre los restos del fuego, porque han quedado santificados al ser ofrecidos delante de Jehová. Con ellos se hacen láminas batidas para cubrir el altar, como señal para Israel: que ningún extraño que no sea de la descendencia de Aarón se acerque a ofrecer incienso, para que no le ocurra como a Coré Números 16:36-40.
Aarón corre con el incensario entre los muertos y los vivos
Números 16:46-48 Leer esta escena aparte →Al día siguiente toda la congregación murmura contra Moisés y Aarón: «Vosotros habéis dado muerte al pueblo de Jehová». La nube cubre el tabernáculo y aparece la gloria de Jehová, que anuncia que va a consumir a la congregación Números 16:41-45. Moisés dice entonces a Aarón que tome el incensario, ponga en él fuego del altar y encima incienso, y vaya enseguida a la congregación a hacer expiación por ellos, porque la mortandad ha comenzado Números 16:46.
Aarón corre al medio de la congregación, echa el incienso y hace expiación por el pueblo; «y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad» Números 16:47-48. Han muerto catorce mil setecientos, sin contar los de Coré Números 16:49-50.
El rey Uzías, con el incensario en la mano, herido de lepra
2 Crónicas 26:16-21 Leer esta escena aparte →Siglos después, el rey Uzías de Judá, en la cumbre de su poder, se enorgullece y entra en el templo para quemar incienso sobre el altar del incienso 2 Crónicas 26:16. El sacerdote Azarías entra tras él con ochenta sacerdotes y le recuerdan que quemar incienso no le corresponde a él, sino a los sacerdotes hijos de Aarón 2 Crónicas 26:17-18. Uzías, que tiene en la mano un incensario para quemar incienso, se enfurece contra ellos, y en ese momento le brota la lepra en la frente, delante de los sacerdotes, junto al altar 2 Crónicas 26:19. Lo echan del templo, y vive leproso y apartado hasta su muerte 2 Crónicas 26:20-21.
Los setenta ancianos con incensarios en la visión de Ezequiel
Ezequiel 8:10-12 Leer esta escena aparte →En una visión, el profeta Ezequiel es llevado al templo de Jerusalén y ve, en una cámara oculta, las paredes cubiertas de figuras de reptiles, bestias abominables e ídolos. Delante de ellas están setenta de los ancianos de Israel, con Jaazanías hijo de Safán en medio, «cada uno con su incensario en su mano; y subía una nube espesa de incienso» Ezequiel 8:10-11. Dios explica al profeta lo que hacen a oscuras: dicen que Jehová no los ve, que ha abandonado la tierra Ezequiel 8:12.
El incensario, que la Ley reservaba a los sacerdotes y al culto de Jehová, está aquí en manos de los ancianos y al servicio de imágenes.
El incensario de oro en Hebreos y en el Apocalipsis
Apocalipsis 8:3-5 Leer esta escena aparte →La carta a los Hebreos, al describir el santuario del desierto, dice que tras el segundo velo, en el lugar santísimo, estaban «un incensario de oro y el arca del pacto» Hebreos 9:3-4.
En el Apocalipsis, un ángel se pone de pie junto al altar con un incensario de oro, y se le da mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que está delante del trono. El humo del incienso sube de la mano del ángel delante de Dios, con las oraciones Apocalipsis 8:3-4. Luego el ángel llena el incensario con fuego del altar y lo arroja a la tierra, y hay truenos, voces, relámpagos y un terremoto Apocalipsis 8:5: comienzan las siete trompetas.