Apoyarse en algo firme
La raíz hebrea de la fe tiene que ver con la solidez. Amán es lo firme, lo que aguanta; y creer, heemín, es apoyarse en ello. Un mismo juego de palabras lo muestra en Isaías: ante la amenaza de dos reyes enemigos, el profeta dice al rey Acaz, que busca alianzas, «si vosotros no creyereis, de cierto no permaneceréis» Isaías 7:9. En hebreo, «creer» y «permanecer» son el mismo verbo: si no os apoyáis en lo firme, no os mantendréis firmes.
De la misma raíz sale «amén», la palabra con que el pueblo confirma una oración o una maldición: es firme, así sea.
Abraham creyó
El versículo fundamental está en Génesis. Dios lleva a Abram afuera de noche y le dice que cuente las estrellas, si puede: así será su descendencia. «Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia» Génesis 15:5-6. Abram no tiene hijos y es anciano. Creer, aquí, es fiarse de una promesa que todo contradice.
En el éxodo, la fe es la respuesta a lo que Dios hace: tras el paso del mar, «el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo» Éxodo 14:31. Y es algo que puede faltar: la generación del desierto no entra en la tierra porque no creyó a Dios Números 14:11.
Fe y fidelidad
Emuná significa las dos cosas, y los textos juegan con ello. Habacuc, en medio de la amenaza de Babilonia, recibe una respuesta: «el justo por su fe vivirá» Habacuc 2:4. En hebreo la palabra es emuná, que puede entenderse como «fe» o como «fidelidad»: el justo vive por su confianza firme, o por su lealtad perseverante. Probablemente las dos cosas.
En el Nuevo Testamento
En los evangelios, la fe es la confianza que Jesús busca y celebra. A la mujer que toca su manto le dice: «Hija, tu fe te ha hecho salva» Marcos 5:34. Se admira de la fe de un centurión gentil, y reprocha a sus discípulos su «poca fe».
Pablo hace de la fe el centro de su anuncio. Cita a Habacuc —«el justo por la fe vivirá»— para decir que en el evangelio se revela la justicia de Dios «por fe y para fe» Romanos 1:17, y vuelve a Abraham para mostrar que fue declarado justo por creer, no por obras Romanos 4:3. Hebreos la define —«la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» Hebreos 11:1— y recorre toda la historia bíblica, de Abel a los profetas, como una sucesión de personas que actuaron «por la fe».