eLogos

Alianza

También: Pacto · Berit · Testamento

Vínculo formal y solemne entre Dios y su pueblo —o entre partes humanas— que establece compromisos y suele sellarse con un rito, con sangre o con una señal.

En la Biblia

Estructura la relación entre Dios e Israel desde Abraham (Génesis 17:1-14) y el Sinaí, donde Moisés rocía «la sangre del pacto» (Éxodo 24:8); tiene antecedentes en los tratados del antiguo Oriente Próximo. El Nuevo Testamento anuncia un «nuevo pacto» (Lucas 22:20; Hebreos 8:6-13).

Etimología

Traduce el hebreo בְּרִית bərît; su origen se discute (se han propuesto una raíz de «atar» y un préstamo del acadio birītu, «lazo»), sin consenso. La antigua versión griega usa διαθήκη diathḗkē, «disposición, testamento». En castellano se vierte tanto por «alianza» como por «pacto».

Un vínculo con obligaciones

En el mundo bíblico, una alianza es la forma de crear una relación que no viene dada por la sangre: une a dos partes con compromisos mutuos, se sella con un rito y se garantiza con un juramento. Abraham y Abimelec hacen pacto en Beerseba Génesis 21:27; David y Jonatán, por amistad 1 Samuel 18:3; los reyes, entre naciones. Lo sorprendente de la Biblia es que aplique esa institución humana a la relación entre Dios y su pueblo.

Las alianzas de Dios

El Antiguo Testamento no habla de una sola alianza, sino de varias, que se suceden y se apoyan unas en otras.

Con Noé y toda la creación. Tras el diluvio, Dios se compromete a no volver a destruir la tierra con agua, y pone como señal el arco en las nubes. Es una alianza unilateral, sin condiciones, con «todo ser viviente» Génesis 9:8-17.

Con Abraham. Dios le promete tierra y descendencia en un rito antiguo: se parten animales por la mitad y, de noche, un horno humeante y una antorcha de fuego pasan entre los pedazos Génesis 15:7-21. En los tratados antiguos, el que pasaba entre los animales partidos se comprometía a correr su misma suerte si faltaba a su palabra; aquí solo pasa Dios. Más tarde se añade la señal de la circuncisión Génesis 17:1-14.

En el Sinaí, con Israel. Es la alianza por excelencia, con leyes que el pueblo acepta —«Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho»— y un rito de sangre: Moisés rocía la mitad sobre el altar y la otra mitad sobre el pueblo, «la sangre del pacto» Éxodo 24:3-8. Sus palabras se escriben en tablas que se guardan en el arca, y el sábado es su señal.

Con David. Por medio de Natán, Dios promete a David una dinastía perpetua 2 Samuel 7:12-16, que los salmos llaman alianza.

La alianza rota y la nueva alianza

La historia que cuentan los libros de Reyes y los profetas es, en buena parte, la de una alianza incumplida. Por eso Jeremías anuncia algo nuevo: «un nuevo pacto», no como el del Sinaí, que ellos invalidaron: Dios pondrá su ley «en su mente, y la escribiré en su corazón… porque perdonaré la maldad de ellos» Jeremías 31:31-34.

En la última cena, Jesús toma la copa y dice: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre» Lucas 22:20, con palabras que evocan a la vez la sangre del Sinaí y la promesa de Jeremías. Hebreos cita entero el pasaje de Jeremías para decir que el primer pacto ha quedado anticuado Hebreos 8:6-13.

Aparece en

46 fichas de eLogos usan este término; estas son las que más lo usan:

Ver las 34 restantes