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Gracia

También: Favor · Hallar gracia · Cháris · Jen · Don

El favor inmerecido de Dios: el bien que concede no porque se le deba, sino por pura generosidad. En el Antiguo Testamento se expresa sobre todo con la fórmula «hallar gracia ante los ojos» de alguien. En el Nuevo Testamento, y de modo especial en Pablo, la gracia es el don de Dios en Cristo, que salva a quien no podía salvarse por sí mismo, y también la fuerza que sostiene la vida del creyente.

En la Biblia

«Noé halló gracia ante los ojos de Jehová» (Génesis 6:8); Moisés pide a Dios que, si ha hallado gracia, le muestre su camino (Éxodo 33:13). Juan dice que del Verbo «tomamos todos, y gracia sobre gracia» (Juan 1:16-17). Pablo escribe: «por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios» (Efesios 2:8-9).

Etimología

Del latín gratia, «favor, agradecimiento», de donde también «gratis» y «gratitud». El hebreo חֵן jen significa «favor, encanto», del verbo janán, «inclinarse con favor, compadecerse»; de él vienen nombres como Ana (Janá) o Juan (Yojanán, «Jehová ha tenido gracia»). El griego cháris significa «encanto, favor, don» y también «agradecimiento»; de ella viene chárisma, «don».

Hallar gracia a los ojos de alguien

En el Antiguo Testamento, la gracia se expresa casi siempre con una fórmula de la vida cotidiana: «hallar gracia ante los ojos» de otro, es decir, caerle en gracia, obtener su favor. Se dice de las relaciones humanas: José halla gracia ante los ojos de Potifar, que lo pone al frente de su casa Génesis 39:4; Rut, ante Booz. Es el favor de un superior hacia alguien que no puede exigirlo.

La misma fórmula se usa ante Dios. En medio de la corrupción que precede al diluvio, «Noé halló gracia ante los ojos de Jehová» Génesis 6:8. Y tras el becerro de oro, Moisés apela una y otra vez a ella: «si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino». Dios responde: «has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre» Éxodo 33:12-17. La gracia no borra el pecado del pueblo, pero hace posible que Dios siga acompañándolo.

En el Nuevo Testamento

El prólogo de Juan pone la gracia en el centro de la encarnación: el Verbo habitó entre nosotros «lleno de gracia y de verdad», y de su plenitud «tomamos todos, y gracia sobre gracia». Y marca un contraste: «la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» Juan 1:14-17.

En Pablo, la palabra se vuelve decisiva. Todos pecaron, y todos son justificados «gratuitamente por su gracia» Romanos 3:23-24; donde abundó el pecado, «sobreabundó la gracia» Romanos 5:20. La salvación es «por gracia… por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» Efesios 2:8-9.

Pero la gracia no es solo el comienzo. Cuando Pablo pide tres veces que se le quite un sufrimiento que llama «aguijón en la carne», recibe como respuesta: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad» 2 Corintios 12:9. La gracia es también la fuerza que sostiene.

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