Jésed: la lealtad que no falla
La palabra más característica es jésed, y es difícil de traducir. No es un sentimiento pasajero, sino la actitud de quien permanece fiel a una relación y hace más de lo que estrictamente debe. Por eso aparece tan a menudo junto a «verdad» o «fidelidad».
El libro de Rut está construido sobre esta palabra. Noemí despide a sus nueras moabitas deseando que Jehová haga con ellas jésed «como la habéis hecho vosotras con los muertos y conmigo» Rut 1:8. Rut responde con una lealtad que va más allá de cualquier obligación: se queda con su suegra. Y Booz, al final, reconoce que esa segunda jésed es aún mayor que la primera Rut 3:10.
Aplicada a Dios, jésed es la fidelidad al pacto. Cuando Dios pasa ante Moisés en el Sinaí, se define a sí mismo como «grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares» Éxodo 34:6-7. Y en el templo se canta el estribillo que el Salmo 136 repite tras cada verso: «porque para siempre es su misericordia» Salmos 136:1.
Rajamim: entrañas de madre
La otra palabra, rajamim, está hecha de carne: viene de réjem, «útero». Es la compasión que se siente en las entrañas. Isaías la lleva a su imagen más fuerte: «¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti» Isaías 49:15.
Las dos palabras se juntan en un pasaje escrito sobre las ruinas de Jerusalén: «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana» Lamentaciones 3:22-23. Allí jésed y rajamim aparecen lado a lado.
Lo que Dios pide
La misericordia no es solo algo que se recibe. Oseas pone en boca de Dios: «misericordia quiero, y no sacrificio» Oseas 6:6, y la palabra es jésed: lealtad, no solo compasión. Miqueas resume toda la exigencia divina en tres cosas: «solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios» Miqueas 6:8.
En el Nuevo Testamento
Jesús cita dos veces a Oseas contra los que le reprochan comer con pecadores o dejar que sus discípulos arranquen espigas Mateo 9:13 Mateo 12:7. Y los evangelios usan una y otra vez el verbo de las entrañas, splanchnízomai: Jesús «tuvo compasión» de las multitudes, de los leprosos, de la viuda de Naín.
Dos parábolas lo ponen en escena con ese mismo verbo. El samaritano ve al hombre herido y «fue movido a misericordia», mientras el sacerdote y el levita pasan de largo; Jesús termina preguntando quién fue el prójimo, y el intérprete de la ley responde: «El que usó de misericordia con él» Lucas 10:33-37. Y el padre del hijo pródigo lo ve de lejos y «fue movido a misericordia», y corre hacia él Lucas 15:20.