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Ira de Dios

También: Ira · Furor · Enojo de Dios · Cólera · Lento para la ira · Tardo para la ira · Copas de la ira · Día de la ira

La reacción firme de Dios contra el pecado, la injusticia y la idolatría. En la Biblia no es un arrebato caprichoso, sino la otra cara de su santidad y de su amor por lo que el mal destruye. Por eso va casi siempre unida a su paciencia: Dios es «tardo para la ira, y grande en misericordia».

En la Biblia

Dios se presenta a Moisés como «misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad» (Éxodo 34:6). Pablo empieza su explicación del evangelio diciendo que «la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres» (Romanos 1:18).

Etimología

El hebreo dice a menudo af, que significa «nariz»: la ira se imagina como el resoplido de la nariz que se enciende. Por eso «lento para la ira» es, literalmente, «largo de narices». El griego usa orgḗ, la indignación firme, y thymós, el estallido de cólera.

Una ira que tiene motivo

En la Biblia, la ira de Dios nunca aparece sin causa. Se enciende contra la idolatría, la injusticia contra los débiles, la rebelión del pueblo que acaba de ser liberado. El ejemplo más claro es el becerro de oro: Dios dice a Moisés «déjame que se encienda mi ira en ellos», y Moisés intercede, y «Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo» Éxodo 32:9-14. En el desierto, cuando el pueblo se queja, «se encendió su ira» Números 11:1.

La ira de Dios no es, por tanto, mal humor ni crueldad: es la reacción de alguien santo y justo ante lo que destruye a las personas y rompe la alianza.

Lento para la ira

La Biblia insiste en que la ira no es lo primero ni lo último en Dios. Cuando Dios proclama su nombre ante Moisés, dice: «¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad» Éxodo 34:6-7. Esa fórmula se repite en toda la Biblia hebrea. El salmista la canta: «No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades» Salmos 103:8-10. Y la diferencia de duración se dice así: «porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida» Salmos 30:5.

Jonás conoce tan bien esta fórmula que se la reprocha a Dios: no quería ir a Nínive porque sabía que Dios es «clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia», y que perdonaría a sus enemigos Jonás 4:2.

En el Nuevo Testamento

La ira de Dios no desaparece en el Nuevo Testamento. Pablo empieza su carta a los Romanos con ella: «la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad» Romanos 1:18. Juan dice que «el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él» Juan 3:36. Y el Apocalipsis habla de las «siete copas de la ira de Dios» derramadas sobre la tierra Apocalipsis 16:1.

Pero el evangelio se presenta como la salida: los creyentes son «salvos de la ira» por Cristo Romanos 5:9, y esperan a «Jesús, quien nos libra de la ira venidera» 1 Tesalonicenses 1:10.

También Jesús se enoja. Ante los que vigilan si sanará en sábado para acusarlo, «mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones», sana al hombre de la mano seca Marcos 3:5. Su ira va unida a la tristeza.

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